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Compromiso con la Iglesia

Cuatro historias, una misma llamada: el Seminario Mayor de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz recupera la esperanza con el ingreso de cuatro nuevos seminaristas

Las vocaciones sacerdotales vuelven a crecer en la Archidiócesis de Mérida-Badajoz con la incorporación de estos jóvenes que, desde realidades muy distintas, han decidido responder a una misma llamada

Un profesor que hace seis años era ateo, un psicólogo colombiano, y dos jóvenes de 18 años protagonizan un relevo lleno de fe, ilusión y futuro

Los nuevos semintaristas de Mérida - Badajoz Martín Hermoso de Mendoza, Jesús Cali, Emilio Mérida y Gabriel Sánchez durante un retiro espiritual.

Los nuevos semintaristas de Mérida - Badajoz Martín Hermoso de Mendoza, Jesús Cali, Emilio Mérida y Gabriel Sánchez durante un retiro espiritual. / La Crónica

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Jonás Herrera

Jonás Herrera

Badajoz

Hay noticias que se cuentan con cifras y otras que solo se entienden escuchando a las personas que hay detrás. La incorporación de cuatro nuevos seminaristas al Seminario Mayor de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz pertenece a este segundo grupo.

Detrás de este dato, poco habitual en los últimos años, hay cuatro historias muy distintas entre sí, cuatro trayectorias vitales marcadas por dudas, búsquedas, renuncias y esperanza que confluyen en un mismo destino: comenzar el próximo curso su formación sacerdotal en Salamanca.

"Un año de mucha esperanza"

Para el rector del Seminario Mayor, José Juan López Zambrano, el momento tiene un profundo significado. "Es un año de mucha esperanza porque, en un momento en el que podemos ver la escasez de vocaciones, hay cuatro jóvenes que quieren ingresar en el seminario y van a dar mucha vida".

Una incorporación que rompe la tendencia de los últimos cursos y que, además, reúne perfiles muy diferentes: dos procedentes del Seminario Menor, un joven de Cáceres y otro llegado desde Colombia tras completar su carrera universitaria.

De ser "prácticamente ateo" a optar por el sacerdocio

El mayor de los cuatro es Martín Hermoso de Mendoza Aranda, cacereño de 31 años y profesor de Secundaria. Su historia sorprende porque hasta hace apenas seis años se definía como "prácticamente ateo". La literatura fue el primer puente hacia la fe. Autores cristianos como Juan Manuel de Prada o Chesterton despertaron en él preguntas que terminarían cambiando su vida. "Todo aquello me cambió la perspectiva del mundo completamente", recuerda.

Tras varios años de búsqueda, una crisis personal marcó el punto de inflexión definitivo. "Lo único que tenía ganas era volver a leer a estos escritores. Ahí tuve algún momento de epifanía y me tuve que rendir a algo que se me mostraba muy obvio". Aquella experiencia le llevó a confesarse después de veinte años, recibir la Confirmación y comenzar un proceso de discernimiento acompañado por un sacerdote en Jerez de los Caballeros.

Ahora afronta esta nueva etapa con una actitud poco habitual en una sociedad acostumbrada a planificarlo todo. "Sobre todo no esperar nada, dejarme sorprender", afirma. Y, mirando a quienes puedan estar viviendo una inquietud similar, deja un consejo nacido de su propia experiencia: "No fiarse de los estados de ánimo, sino del único de quien podemos fiarnos, que es Dios".

El regreso al seminario de Jesús Cali

La segunda historia cruza un océano. Jesús Cali, colombiano de 25 años y psicólogo, conoce bien el seminario. Ya había iniciado un camino vocacional en su país, aunque decidió interrumpirlo por diversos motivos. Sin embargo, la llamada nunca desapareció.

"Cuando me retiré del seminario no fue por falta de vocación", explica. Durante esos años continuó trabajando con jóvenes, participando en misiones y colaborando en la vida de la Iglesia hasta comprender que debía volver a intentarlo. "Esto es lo que quiero para mi vida. Es algo que ha venido desde siempre".

Jesús Cali.

Jesús Cali. / La Crónica

Su experiencia misionera en Colombia y Ecuador terminó de confirmar una vocación profundamente ligada al encuentro con las personas. "Convivir con la gente y llevar el mensaje del Evangelio es lo que más me ha marcado". Lejos de su familia y de su país, afronta ahora el reto con optimismo. "No tengo un lugar específico donde servir. Donde Dios quiera que me manden, allí iré". Y lanza un mensaje especialmente dirigido a los jóvenes: "Siempre van a existir dudas y miedo, pero que abran el corazón para que Jesús entre y busquen un buen director espiritual que les acompañe".

Una llamada desde que era niño

Los dos seminaristas más jóvenes llegan desde caminos distintos, aunque ambos tienen algo en común: crecieron muy cerca de la vida de la Iglesia.

Emilio Madrid Mérida, de 18 años, natural de Cádiz aunque criado desde niño en Badajoz, lleva años vinculado al Seminario Menor. De hecho, asegura que todo comenzó cuando apenas tenía cuatro años. "Cuando me preguntaban qué quería ser de mayor no decía bombero ni policía; decía cura". Aquella intuición infantil fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en una decisión madura.

Emilio Mérida.

Emilio Mérida. / Santi García

Ahora inicia una nueva etapa con la ilusión de quien sabe que todavía queda mucho por descubrir. "Lo que más ilusión me da es que no tengo ni idea de nada", reconoce entre sonrisas. Salamanca será para él un lugar donde seguir discerniendo y, sobre todo, "parecerme lo más posible a Cristo". Si algún joven siente esa inquietud, su consejo es sencillo: "Que no tenga miedo y que hable con su sacerdote".

"Jesús y la Iglesia han sido importantes en mi vida"

También con 18 años comienza esta aventura Gabriel Sánchez, natural de Alburquerque. Su historia está profundamente unida a la parroquia de su pueblo y al Seminario Menor, donde descubrió que aquella inquietud que le acompañaba desde niño podía convertirse en una vocación.

"Siempre he tenido la inquietud de que la persona de Jesús y la Iglesia han sido importantes en mi vida", explica. Con apenas diez años acudió a un campamento de monaguillos organizado por el seminario y allí empezó un camino que continuó durante toda la adolescencia. Sin embargo, antes de dar el paso definitivo decidió hacer un año de discernimiento mientras estudiaba Comunicación Audiovisual, otra de sus grandes pasiones.

Gabriel Sánchez.

Gabriel Sánchez. / La Crónica

Ese tiempo confirmó lo que llevaba años sintiendo. "Tenía todo: estudiaba lo que me gustaba, podía tener trabajo y también una chica que me gustaba. Pero me faltaba lo más grande, que era lo que Dios me pedía". Su sueño pasa ahora por servir especialmente a los jóvenes y utilizar también los medios de comunicación como herramienta de evangelización. "Hoy hacen mucha falta".

"Más jóvenes que se plantean seguir a Cristo"

Para José Juan López Zambrano, estas cuatro incorporaciones representan mucho más que un dato estadístico. Reflejan, asegura, el fruto del acompañamiento realizado desde el Seminario Menor, las parroquias y tantos sacerdotes que ayudan a los jóvenes a discernir su camino. "Hay más jóvenes que se están planteando el seguimiento de Cristo de una manera más radical", sostiene.

Mientras los cuatro preparan las maletas para comenzar el curso propedéutico en Salamanca, comparten una misma convicción: responder a una llamada que cada uno escuchó de forma distinta, pero que todos decidieron aceptar. En tiempos en los que las vocaciones parecen escasas, sus historias recuerdan que la esperanza también puede escribirse con nombres propios.

Fuente: La Crónica de Badajoz

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