Obra
Vecinos de la calle Santo Domingo en Badajoz critican los nuevos bolardos: "Van a ser un estorbo"
La instalación de bolardos en el Casco Antiguo de Badajoz suscita preocupación entre los residentes por las complicaciones en el reparto de mercancías y la movilidad diaria

David Guilherme

La colocación de bolardos en el Casco Antiguo de Badajoz está poniendo de manifiesto el complejo equilibrio entre la convivencia peatonal, la plataforma única y la movilidad cotidiana de vecinos y comerciantes en la capital pacense. La medida, impulsada por el ayuntamiento en el marco de la reordenación que están sufriendo algunas calles del centro, se centra actualmente en el tramo de la calle Santo Domingo comprendido entre la avenida Juan Carlos I y la calle Santa Lucía. Sin embargo, la intervención no contempla por el momento el trayecto que conecta la propia avenida con Cristóbal Colón, que no figura en la planificación técnica actual. Tampoco se prevén, por ahora, nuevas actuaciones de este tipo en otras vías de la zona, más allá de los trabajos que hay en marcha en las calles Obispo San Juan de Ribera y Zurbarán -ambas son paralelas y desembocan en la plaza de España-.
La intervención en Santo Domingo, una vía concebida bajo el modelo de plataforma única, con el objetivo de dar prioridad al peatón y reducir los estacionamientos indebidos en los márgenes, ha generado un profundo malestar e inquietud entre los residentes y los negocios de la zona. Una de las principales preocupaciones manifestadas por los afectados radica en las dificultades que esta barrera física impondrá al reparto de mercancías y a las labores de carga y descarga: "Aquí se descarga tres veces al día mucho material. Esos trabajadores van a tener que hacer más trabajo del que ya hacen para treaer la mercancía".
La farmacia de la zona ilustra con contundencia la falta de alternativas prácticas para la distribución diaria de productos esenciales: "Desde una mesa en un despacho se ve todo muy bonito, pero tienen que pisar la calle". Según explica, la imposibilidad de detener los vehículos de carga y descarga en el margen de su puerta provocará que los repartidores terminen por "parar en mitad de la calle", algo que asegura "va a entorpecer" y augura frecuentes colapsos en la circulación del barrio.
Dificultad diaria para los vecinos
El malestar no se limita al sector comercial, sino que se traslada de lleno a la rutina doméstica de los residentes de Santo Domingo y sus calles adyacentes. Los vecinos destacan los múltiples contratiempos que supondrá no disponer de un pequeño margen para estacionar sus vehículos durante unos minutos frente a los portales, una manera habitual para subir bolsas de la compra, descargar maletas o atender a personas con movilidad reducida.
"El problema es que cuando quieran subir la compra no van a poder parar", señala una residente al evaluar los inconvenientes cotidianos que acarreará la medida. En la misma línea, otro vecino reflexiona sobre la paradoja que supone esta solución drástica: "Es verdad que se estaba abusando, pero para los vecinos y algunas cosas puntuales va a ser una incomodidad". La percepción generalizada entre la población local es que se penaliza a quienes residen en el barrio por las infracciones cometidas por conductores ajenos a la zona.
A las críticas sobre la operatividad diaria se suma un descontento más amplio respecto a la falta de visión integral en la planificación del modelo de ciudad. Varios residentes coinciden en que bloquear el acceso o la parada sin haber dotado previamente al Casco Antiguo de alternativas reales de aparcamiento solo agrava el problema estructural. "Primero el parking y después los bolardos, no al revés", sentencia una vecina, haciéndose eco de una demanda de comerciantes y residentes.

Calle Santo Domingo. / David Guilherme
Servicios de emergencia
El malestar en la comunidad va más allá de la incomodidad puntual del aparcamiento. Entre las críticas más duras destaca la preocupación por los tiempos de respuesta de los servicios de emergencia, como las ambulancias o los bomberos, en un entramado de calles estrechas donde un vehículo cruzado o averiado bloqueará por completo el paso al no existir posibilidad de rebasarlo. Varios residentes advierten de que la instalación de los bolardos compromete la seguridad de vecinos mayores o con problemas de salud en situaciones complicadas.
A esta inquietud se suma un profundo temor entre los vecinos sobre las consecuencias para la vida en el barrio. Algunos vecinos aseguran que los residentes tienen miedo a hablar, describiendo uno de ellos su hartazgo por varias situaciones sumadas a esta, como el alto pago de tasas de basura: "Estoy hasta aquí", dice señalándose la frente. Defienden que existe el temor generalizado de que, en lugar de solucionar problemas de convivencia, la medida termine por expulsar a los vecinos de toda la vida y precipite el abandono del Casco Antiguo.
Fuente: La Crónica de Badajoz
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