Comenzó a trabajar con enfermos de cáncer por casualidad. Nunca pensó dedicarse a esa rama de la psicología pero asegura que esta profesión le ha cambiado la vida. Lorena Alonso es una de las profesionales de la Asociación Española Contra el Cáncer que atiende a diario a una media de seis pacientes al día (enfermos y familiares) tanto en la sede del colectivo como en el hospital San Pedro de Alcántara.

--¿Qué proceso debe seguir un enfermo o un familiar para acceder a su consulta?

--Los pacientes a los que atiendo pueden llegar por varias vías, es decir, hay personas que directamente llaman por teléfono y piden atención psicológica y hay otros a los que se les atiende en el hospital. Allí tenemos diferentes protocolos, por ejemplo el de cáncer de mama, con el que visitamos a las enfermas recién operadas para preguntarles cómo se encuentran, ayudarles a exponerse ante una mastectomía, informarles sobre prótesis, sobre pelucas, lencería,... Después les hacemos un seguimiento según el tratamiento que reciban. También visitamos a los pacientes de la planta de hematología, que pasan mucho tiempo ingresados, les hacemos un seguimiento de continuo.

--¿Cómo es la primera consulta?

--En esa primera sesión se valora al paciente y se le deriva según lo que necesite. Hay personas que sí necesitan esa atención psicológica, hay otros que requieren la ayuda de los voluntarios testimoniales, ayuda de trabajadores sociales u otros que lo que necesitan es distraerse y se les deriva a los talleres que se hacen en la asociación (para pacientes y familiares). Los hay de gimnasia, natación, bisutería, pintura, reiki, lectura, costura, patchwork, sevillanas e informática.

--¿Cree que a los enfermos y familiares les cuesta ir al psicólogo?

--Cada vez la gente es más abierta, aunque sí que es verdad que el mayor grueso son mujeres.

--¿Qué le diría al que piensa que está loco por ir al psicólogo?

--Que no están locos. Necesitan ir al psicólogo en este caso porque la enfermedad hace que una persona se enfrente a muchos cambios en su vida a los que se tiene que adaptar y nosotros lo que hacemos es ayudarles a poder llevarlo lo mejor posible. El psicólogo les puede ayudar a manejar cosas o a descubrir otras que ni siquiera saben que existen.

--¿Tienen algún protocolo más con otros tipos de cánceres?

--Atendemos a todos los tipos de cánceres, pero con el de colon existe también un protocolo especial. Directamente desde la planta nos llaman y vemos a pacientes operados de colon, sobre todo si tienen ostomía (con colostomía o ileostomía, es decir que necesitan bolsas para recoger los desechos que produce el cuerpo humano), lo que supone un cambio de imagen. Les atendemos desde el primer momento, luego si ellos quieren tenemos grupos de pacientes ostomizados.

--¿Todos los enfermos de cáncer necesitan un psicólogo?

--No. Hay personas que solo necesitan orientación, información o asesoramiento por ejemplo, en alimentación. También hay personas que, debido a los cambios que experimentan por la enfermedad, sí que derivan en un trastorno psicopatológico y necesitan terapia. Dependiendo de lo que necesiten nosotros ofrecemos asesoramiento, terapia y apoyo o psicoterapia.

--¿Qué tipos son los que mayor atención psicológica necesitan?

--Depende, hay muchos factores que influyen en esa necesidad, depende mucho de la persona y de cómo lleve su enfermedad, independientemente del tipo de cáncer del que se trate. Los pacientes hematológicos suelen necesitarla por las largas temporadas que pasan ingresados y aislados.

--¿Desde la asociación se aconseja acudir al psicólogo?

--Sí, es una manera de que adquieran información de a lo que se enfrentan. El cáncer es un proceso largo, puede que al principio no se necesite atención psicológica pero puede que después de un tiempo sí.

--¿Se aconsejan los voluntarios testimoniales?

--Hay pacientes que los necesitan. Son personas que han pasado la enfermedad y que llevan un mínimo de dos años curados. Se les prepara para contar su experiencia. Hay veces que viene muy bien escuchar lo que a ti te está pasando y sobre todo da esperanzas y quita la idea de cáncer igual a muerte.

--¿Llegan los pacientes asustados a su consulta?

--Normalmente llegan en un momento de gran impacto por la noticia. Se les abre un abanico de posibilidades que da cabida a pensar en muchas cosas. Lo primero es permitir que salga el disgusto, puedes llorar, eso no significa que no seas fuerte. Es más, lo normal es llorar, estar triste y tener momentos bajos. Muchos llegan con la imagen de cáncer igual a muerte pero luego, cuando ven que hay tratamientos y que hay posibilidades, van cambiando esa idea.

--¿Cuáles son las inquietudes más comunes entre los pacientes?

--¿Me voy a morir? y también cómo les van a sentar los tratamientos. Además es necesario meterles en la cabeza que llorar no es tener depresión, simplemente es una reacción del cuerpo, igual que necesitas ir al baño. También hay pacientes que después de los tratamientos, cuando vuelven a la vida real, experimentan un bajón emocional, algo normal porque han pasado muchos meses en un estado alterado.

--¿Qué se aconseja a los familiares?

--El familiar tiene que hacerse a la idea de que necesita cuidarse para poder cuidar. Se centran mucho en el paciente porque lo necesita, pero también el familiar necesita su momento de respiro. Normalmente el paciente está bien si el familiar está bien y viceversa. La enfermedad acaba quemando y muchas veces necesita más atención el familiar que el paciente.

--¿Qué le diría a un familiar que esté cuidando a una persona con esta enfermedad?

--Primero que se cuide, tener momentos para él aunque sea un par de días a la semana un par de horas para hacer lo que sea, pero que no pase las 24 horas del día cuidando de su familiar. La asociación tiene voluntarios que cuidan de los enfermos, el familiar puede solicitarlos y eso puede darle un respiro, aunque no lo parezca tener tiempo para uno mismo ayuda a coger fuerzas y a desahogarse. También es importante que intente dormir bien y pedir ayuda. Esto último es importante, muchos cuidadores se lo quedan todo dentro y la gente de alrededor no sabe muy bien cómo ayudar o qué es lo que necesita.

--¿Cómo es trabajar con enfermos de cáncer? ¿Es duro?

--He llegado a la conclusión de que cada uno valemos para una cosa. Empecé a trabajar por casualidad y me cambió la vida. Esto me ha ayudado a ver las cosas de otra manera y a apreciar cosas que antes no apreciaba. Es un trabajo que me llena mucho, es un privilegio que en momentos tan duros alguien me permita formar parte de su situación y me confíe sus pensamientos. Da alegría además ver a tus pacientes por la calle curados y disfrutando de sus familiares.