Fernando Jiménez Berrocal : Fin de año
El año que se va no ha sido uno año cualquiera; las necesidades de cambio se alientan en tertulias
TAtunque no soy muy dado a escribir artículos de opinión, no creo que mi opinión sirva para mucho, por una vez y por coincidencia con las últimas fechas del año, he decidido opinar sobre las señas de identidad de 2014.
Se va un año difícil, como los anteriores, caracterizado por una situación económica con la que no nos acostumbramos a convivir. Para muchos, 2014 ha sido el año en el que hemos visto, por primera vez en nuestra dilatada historia, a una infanta de España ante un juez, por delitos fraudulentos. El año de abdicación de un rey y la entronización del sucesor. Cuando murió Peret y encarcelaron a la Pantoja .
También ha sido el año en el que los partidos y sindicatos, emanados de la transición postfranquista, han visto como sus formas de sustento han generado dudas y sobresaltos, en una sociedad que se encuentra empachada de mostrarse como depositaria de obligaciones y huérfana de derechos. El añejo concepto de casta ha salido a escena referido a quienes han hecho de la cosa pública un desmedido modus vivendi. Se auguran tiempos de cambio en materia de representación pública, que imaginan una nueva transición que dignifique la degradada actividad política. Todo ello motivado por los excesos de aquellos que, afianzados al poder, han abusado de cargos y obligaciones en beneficio de la propia faltriquera más que de las necesidades ciudadanas.
La que ha sido la generación mejor preparada de la historia reciente de este país, ha cogido los bártulos con destino a otras patrias que valoren su formación y no les ofrezcan salarios indignos ni contratos injustos. El año que se va, no ha sido uno año cualquiera; las necesidades de cambio se alientan en tertulias y sentencias. Ha retornado el debate político al ruedo ciudadano, de donde nunca debió salir. El concepto de corrupción se dilata, rasgando las fronteras entre lo público y lo privado. Lo que es de todos al servicio de pocos.
En lo cercano, Cáceres sigue pendiente de retos y servicios que le son negados por falta de remesas que hagan posible finalizar las obras de un pendiente hospital, un discutido trasvase o una ronda que libere de tráfico los aledaños de la ciudad. Seguimos a la espera de vías de comunicación, ágiles y modernas, con el interior y el exterior de la región, que nos aproximen a otros lugares sin la sensación de viajar al pasado.
Seguramente en el año que se inicia seguiremos pendientes de cambios y desafíos que nos hagan progresar como colectivo humano. Mientras tanto, a los amigos que leéis esta crónica, os deseo que en 2015 se cumplan vuestros sueños y que el futuro venga repleto de realidades que nos despierten de esta modorra que tanto cansa.
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