Bajo el suelo de las tierras cacereñas existe un gran potencial minero. Extremadura en general es conocida por esta riqueza. En sus 49.500 km2 alberga más de 1.100 indicios metálicos y energéticos, algunos de los cuales se han explotado a lo largo de la historia llegando a ser los más importantes de España. Otros siguen a la espera de que los mercados, las exigencias de la industria o las innovaciones en los métodos extractivos los hagan rentables. Estaño, wolframio, fosfatos, bismuto, cromo, oro, níquel, cobre, plata, hierro, antimonio, plomo, zinc, mercurio, litio, rubidio, cesio, tantalio, titanio, carbón e incluso uranio son algunos de los minerales más abundantes en estas latitudes ibéricas, a los que hay que sumar el enorme filón de las rocas industriales y ornamentales, los áridos calizos y silíceos, el feldespato y las arcillas.

«La zona oeste de la Península tiene unas características geológicas muy singulares, únicas, porque alberga los materiales precámbricos y paleozoicos más antiguos del Macizo Hespérico. Además, en ellos han penetrado otros materiales graníticos, generando distintas mineralizaciones que hacen que nuestros suelos sean ricos», explica Juan José Tejado, presidente de la Asociación Geológica de Extremadura (AGEx).

Por tanto, no parece casual que en los últimos tiempos se estén registrando sucesivas peticiones para sondear los subsuelos cacereños en busca de distintos minerales como litio, estaño, wolframio o tántalo. «Existe un nuevo auge minero porque vuelve a producirse una especie de revolución industrial, en este caso tecnológica, que exige elementos como litio, oro o níquel para fabricar esos componentes eléctricos y tecnológicos», explica el geólogo. Las regiones limítrofes, caso de Castilla y León, Castilla-La Mancha y el oeste de Andalucía, y también Portugal, han tomado un papel muy activo en este sentido.

En Cáceres, dicho movimiento se encuentra más diluido por la contestación social a la minería. «Habría que posicionarse en el sector como lo están haciendo otros territorios del oeste peninsular, eso sí, respetando siempre toda la reglamentación minera y medioambiental, y sabiendo que cualquier actuación de este tipo va generar un impacto que tiene la obligación de subsanarse», explica el especialista en Física y Geología.

DATOS AL DETALLE

La provincia de Cáceres se asienta en la Zona Centro-Ibérica, rica en recursos mineros. Existen medio centenar de explotaciones en activo. Además, la Junta de Extremadura tiene concedidos una treintena de permisos de investigación a distintas empresas para realizar prospecciones en la geografía cacereña (la mayoría suelen finalizar cuando se obtiene un informe del terreno para futuras acciones, pero sin una explotación inminente). Hay otros 78 yacimientos inactivos y 308 minas y canteras abandonadas, según los datos del Sistema de Información Geológico Minero de Extremadura (Sigeo). En total, la minería extremeña genera una producción bruta de 4,54 millones de toneladas, así como una producción de 335,51 millones de litros en las plantas embotelladoras de agua mineral, también incluidas en el sector. El número aproximado de trabajadores de la minería regional supera los 1.300, según la última actualización de Sigeo.

DEPÓSITOS ESTRATÉGICOS

Pero es que si miramos al futuro, en Cáceres, y en general en Extremadura, existen muchas de las 27 materias primas que la Unión Europea ha publicado en su última lista de recursos fundamentales (2017). Las califica como materias estratégicas prioritarias, básicas para la industria manufacturera del continente. Necesita garantizarse un suministro seguro, sostenible y asequible de todos estos minerales, puesto que presentan «un riesgo elevado escasez» y una «gran importancia económica», según recoge el propio informe. De estas 27 materias primas prioritarias, en la geografía extremeña existe antimonio, grafito, niobio (se ha pedido un permiso minero para su investigación en Torrecillas de Los Ángeles), rocas fosfatadas, tantalio (también en Torrecillas de los Ángeles), wolframio (está a punto de abrirse de nuevo la mina La Parrilla, de Almoharín), metales del grupo del platino, tierras raras pesadas y tierras raras ligeras.

«La cuestión es aprovechar los recursos mineros de la forma más sostenible, medioambiental y socialmente, luchando para que esos beneficios se queden aquí en la propia tierra, para que se asienten fábricas derivadas y en definitiva para que el valor añadido no se vaya a otros destinos», indica el geólogo, recordando que «las grandes infraestructuras, como el tren, han llegado siempre de la mano de la minería. Aquí, de hecho, no tenemos industrias porque no tenemos infraestructuras», reflexiona.

DESDE LA PREHISTORIA

La minería ha sido siempre uno de los principales motores del desarrollo del oeste ibérico, y por supuesto del territorio cacereño. Los tartesios, los distintos pueblos celtibéricos, los romanos, los visigodos, los árabes y todos los moradores de esta zona, hasta el día de hoy, han aprovechado los ricos yacimientos de hierro, cobre, plomo, cinc, oro, plata, wolframio, fosfatos, antimonio, uranio y estaño existentes bajo la superficie, y la elevada disparidad de rocas y minerales industriales.

«La minería ha tenido siempre unos valores históricos, culturales y sociales, vinculados a estas tierras», recuerda Juan José Tejado. Desde la Edad del Bronce es conocida la zona por su gran riqueza en metales, un largo recorrido que analiza el Instituto Geológico y Minero de España a través del ‘Estudio del Patrimonio Minero de Extremadura’, que recoge los primeros indicios de explotaciones de minerales cobrizos en la Prehistoria, y continúa con la minería romana de plomo-plata, oro, estaño, cobre, hierro o mármol (por ejemplo, la mina de oro de El Chivote, en la zona de Coria, o los yacimientos del mismo mineral en los ríos Ladrillar y Erjas, o en los ‘vieros’ de Valverde del Fresno).

Este estudio también se detiene en el extraordinario crecimiento del sector a partir de la segunda mitad del siglo XIX, gracias a la demanda de los países europeos embarcados en plena revolución industrial. Destacó el plomo (con el cinc y la plata) en Plasenzuela, Aldeacentenera y Los Ibores. Y la minería de los fosfatos en los siglos XIX y XX, con el mejor conjunto de restos arqueológicos industriales en Aldea Moret, que hizo posible la llegada del tren a Cáceres «y su paso de villa a ciudad», matiza Juan José Tejado. También sobresalieron las minas de fosfatos de Logrosán, la extracción de hierro en La Pastora (Aliseda), y la producción de estaño y wolframio en minas como La Parrilla de Almoharín (de importancia internacional), Aurora y el Calvo (Perales) o La Hoja (Montánchez).

EN LA ACTUALIDAD

Los datos del Sigeo, de ámbito regional, destacan que Extremadura tiene 66 explotaciones de rocas ornamentales (de las cuales 64 son de granito, 1 de mármol y 1 de corneana ornamental), otras 59 explotaciones de áridos, 10 de minerales y rocas industriales (feldespato, caliza, sílice y arcilla), y 2 minas metálicas. La Junta de Extremadura es la administración responsable de promover y desarrollar la investigación, aprovechamiento y explotación de todos estos recursos.

Hoy sigue habiendo oro especialmente en el noroeste de Cáceres; níquel-cobre en Río Malo; plomo-cinc-cobre en depósitos de Abadía, Los Ibores, Plasenzuela, Alcollarín y San Roque; estaño-wolframio-litio en los depósitos de Perales del Puerto, Valdeflores, La Lapa, Desquite, Teva y La Parrilla; y uranio en Los Ratones y Cabeza de Araya.

También es muy amplia la presencia de rocas industriales (arcillas, rocas calcáreas, pizarras comunes...) y de minerales industriales (fosfatos, minerales de litio, barita, cuarzo, grafito...). Por supuesto, estas tierras son conocidas por su enorme potencial de rocas ornamentales, que se centra en materiales como granitos, pizarras, mármoles y corneanas. Extremadura ocupa los primeros puestos europeos en producción de granito (variedades como el Gris Quintana y el Azul Platino se comercializan por todo el mundo). En pizarras, como la de Villar del Rey, detenta la tercera posición nacional.

PROSPECCIONES EN MARCHA EN CÁCERES