Amanece en las orillas del Marco y la luz del primer día de octubre no ilumina precisamente el mejor paisaje. Es el río de Cáceres, la corriente de agua permanente más importante entre el Tajo y el Guadiana donde nunca falta el agua, pareja a un corredor arqueológico que alberga cuevas y pinturas rupestres de excepcional valor. Nadie lo diría. Los primeros rayos descubren una sucesión de maleza, zarzas y pastos, algunos edificios destrozados, escombros, desolación… Cáceres ha dado la espalda a este cauce que los mayores llaman La Madre, a su arroyo milenario que dio de mamar al hombre de Maltravieso, a los Romanos, a los Almohades… Cáceres le debe todo. Hoy, apenas es visible entre tanta mala hierba.

Estos días vuelve a ser noticia. El colectivo de Amigos de la Ribera del Marco, apoyado por los hortelanos, por los regantes del arroyo y por la asociación de vecinos Ribera del Marco, ha lanzado un grito de auxilio para que se limpie el cauce siete años y medio después de la última operación de este tipo. El Ayuntamiento de Cáceres ha reiterado en sucesivas ocasiones desde julio que la tarea compete a la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT), que fue la responsable de la limpieza de 2011. Sin embargo, la CHT comunicó hace una semana a este diario que debe hacerlo el ayuntamiento, basándose en diversas normativas (ver edición del 28 de septiembre).

Unos por otros... y el arroyo sin limpiar. Los Amigos de la Ribera del Marco y la asociación vecinal ya estudian acudir al Defensor del Pueblo en busca de una decisión salomónica. «La Ribera es algo serio, no se puede negar su cuidado», explica el responsable de la Asociación de Amigos del Marco, Pedro Martín Moreno.

El arroyo está realmente mal. Así se aprecia en un recorrido realizado por el Periódico Extremadura. Se asemeja en muchos tramos a un regato de mala muerte cegado por eneas, zarzas y restos vegetales. De hecho, la corriente va oculta en varios puntos porque los metros y metros de maleza impiden llegar al agua. En sus orillas se alinean las ruinas de antiguos molinos, pesqueras, almazaras, acequias, batanes y casas de hortelanos comidas por una vegetación incontrolada. La degradación del entorno, con escombros y suciedad en las cunetas de los caminos y los recodos del arroyo, convierten al conjunto en una vergüenza para la ciudad. Es cierto que se han hecho actuaciones como el Centro de Creación Joven o el adecentamiento de algunas orillas, pero en general La Madre se pierde entre el abandono.

RUTA POR LA DESIDIA / Un ejemplo es el antiguo picadero del Romeral, que ahora forma parte de los terrenos municipales junto al Centro de Creación Joven. La imagen es desoladora: las grandes naves llevan un año abandonadas y la suciedad ya se acumula en su interior, donde hay restos de colchones, botellas, escombros, plásticos, basura… No quedan puertas ni ventanas, vallas ni cristales. Todo está destrozado. «Hemos pedido al ayuntamiento que lo convierta en una ampliación del Centro Joven para dar alternativas al botellón con actividades de ocio, cultura...», explica Pedro Martín en el recorrido matinal por la Ribera.

Los convenios urbanísticos también restaron terrenos a los hortelanos, terrenos que ya no se cuidan como antes. Buena parte del cauce pertenece al ayuntamiento, que realiza un desbroce anual en algunas fincas, no en otras, donde prolifera el ailanthus de forma invasiva, junto a cardos y pastos. Así está el espacio de la Huerta del Conde que ha acogido dos escuelas taller en los últimos años. Los árboles plantados hasta dos veces agonizan sin riego, otros han muerto. La misma suerte ha corrido un pequeño bosque de chopos en la zona. El invernadero de las escuelas se deshoja de sus plásticos y tiene el esqueleto de hierro prácticamente al aire.

La invasión del agua por las malas hierbas ya cubre buena parte de la charca del Marco, en la cabecera del arroyo, la zona si cabe más cuidada. La enea recuerda al camalote del Guadiana. «La primera consecuencia es que la ciudadanía no ve el arroyo, por lo tanto no tiene conciencia de su existencia», lamenta Pedro Martín. Lo peor está a pocos metros de distancia, junto a los huertos que gestiona la Universidad Popular, en la parcela de los pozos de San Jorge. Allí llaman la atención los graves destrozos en las instalaciones de Hortolab, que pretendió ser el Centro de Referencia de Horticultura de la Ribera del Marco tras una inyección de fondos europeos para construir un banco de semillas, una oficina y una cocina. Siete años después está destrozado. La cubierta se ha hundido, el suelo está podrido, las instalaciones han sucumbido al vandalismo. Y pensar que aquí se querían conservar las semillas de las especies más apreciadas de la ribera como sus repollos para el buche, las ciruelas claudias, las lechuguitas de mayo o las berzas...

Hay muchos otros problemas, uno fundamental, el aliviadero de crecida que contamina el arroyo cuando rebosa la red de aguas residuales. Se supone que la CHT subsanará estas irregularidades con la rehabilitación de la Ribera. El estudio adjudicado por la propia CHT a la empresa extremeña Aristos definía en 2009 una amplia lista de medidas con un presupuesto de casi 50 millones de €. Posteriormente ha surgido otro proyecto de 60 millones para el saneamiento y depuración de las aguas residuales. Hoy todo sigue igual, o peor. «Los partidos, sean cuales sean, deberían presionar desde Cáceres a la confederación», lamenta Pedro Martín.

Y LLEGÓ LA RONDA ESTE / Existe otro temor añadido: la nueva Ronda Este desemboca en el Marco y parte en dos el entorno de la Ribera a la altura de los juzgados. «Pedimos que apliquen medidas que minimicen el impacto», señalan los Amigos del Marco observando el trasiego de camiones sobre lo que fueron huertas.

Cauce abajo, camino de Fuente Fría, se observan los viejos canales y pesqueras cubiertos de maleza y suciedad, inservibles con el paso de los años. Los escombros de las últimas obras del Marco, hace casi una década, permanecen en las proximidades del callejón de la Bula. Cerca de Concejo, las zarzas crecen como trepadoras formando una pantalla que hace imposible atisbar el arroyo, ni acercarse a varios metros.

La asociación cree que ya es hora de revalorizar el entorno. «Esta ciudad Patrimonio de la Humanidad no es nada sin la Ribera, que fue su origen. Se trata de un todo fundamental, ningún pueblo racional puede abandonar el agua, la gran riqueza de Cáceres durante siglos», recuerdan los Amigos del Marco. Aún hay tiempo, mientras el arroyo fluya cada día.