La pobreza infantil castiga en España a unos 2,2 millones de niños, un tercio del total. La de los mayores de 65 roza el 18 por ciento. La Estrategia Nacional contra la Pobreza y la Exclusión acaba de ser aprobada y debía durar hasta 2023. Entre el 1 de enero de 2003 y el 13 de julio de 2019, 1.005 mujeres habían sido asesinadas por el simple hecho de serlo. Uno de cada cuatro hombres jóvenes afirma hoy que los celos son «una prueba de amor». Unos 43.000 migrantes y solicitantes de asilo han llegado a Europa a través del Mediterráneo a lo largo de 2019. La tercera parte llegó a España, cuya capacidad de acogida continúa ridículamente infradotada. Durante la última década, el sistema español de cooperación fue destruido y el nivel de ayuda al desarrollo cayó un 66%. La ayuda humanitaria prácticamente desapareció, mientras las necesidades declaradas por la ONU se multiplicaban por cuatro».

Lo dice Gonzalo Fanjul en ‘Arréglense, pendejos’, un magnífico artículo escrito en el diario ‘El País’ el mes pasado y que pone el ojo en la llaga de la desigualdad; que la tenemos aquí al lado, en Cáceres, y que afecta a nuestro vecino, a nuestro primo, a los padres de un amigo... La Red de Solidaridad Popular sabe mucho de esto. En su registro tiene inscritas a 114 familias en estado de dificultad reconocido. De ellas, 50 no tienen para pagarle el material escolar a sus hijos. Ese indigno listado afecta a dos niños cacereños de hasta 3 años y a 31 de entre 3 y 16: 33 alumnos que precisan de mochilas, estuches, folios, lápices, sacapuntas, reglas... lo imprescindible para afrontar el nuevo curso con dignidad.

Desde el año 2014, la Red desarrolla esta campaña de recogida de material escolar, un SOS de las familias para las que esta ayuda se hace imprescindible. Detrás del colectivo, Manuel García Garzo, Emilio Valle, Raquel Moreno, José Viera, Pedro Ollero y David Delfín, seis ángeles de la guarda que emplean sus esfuerzos en asistir a los más necesitados y cuya sede está en la calle Cayetano Polo Polito, aunque próximamente se trasladarán a Pedro Romero de Mendoza, frente al Mesón Diego, en La Mejostilla, donde están terminando la obra de adecuación de un local que les cedió el ayuntamiento.

La campaña de material escolar no sería lo mismo sin la Librería Todolibros de Camino Llano y la Papelería Copistería Ceres, en la avenida de San Blas. La primera lleva abierta hace 18 años de la mano de María Vaquero; la segunda, 26, con Jacinta Pablo al frente. «Según se llena una caja, pongo otra», dice María. «Hay muchas necesidades», admite Jacinta. Las dos colaboran desinteresadamente en la recogida, conscientes de que Extremadura es la segunda región con una mayor tasa de riesgo de exclusión social, solo superada por Canarias (29%), y casi cinco puntos más que la media nacional, que se sitúa en el 18,4%.

«NO LO QUIERE Y ESTÁ NUEVO» / A las puertas de uno de estos establecimientos, una madre está a punto de entrar con un estuche en la mano. «Está nuevo, pero como es del curso pasado, mi hija ya no lo quiere». ¿No lo quiere y está nuevo? Impacta, cuando menos. ¿Cómo se explica esta reacción desde una perspectiva sociológica? Domingo Barbolla, profesor de la Uex, tiene una respuesta que invita a la reflexión: «Existe un consumismo en exceso y aunque el modelo nos lleva a ello, genera fórmulas de solidaridad: lo que no quiero se lo doy a otro». El mundo requiere que produzcamos mucho, y barato. No basta con tener una camiseta, hay que tener 15, que no es que se queden viejas, qué va, es que pasan rápido de moda porque a esas 15 le van a seguir otras 15, y 15 más; o 1.000 si hace falta.

De manera que hay -resume Barbolla- «un elemento genial, y es el de que ‘yo me siento bien al darlo y, así, no me siento culpable de tenerlo en exceso’. Es decir, en el reparto desigual de la riqueza, el propio sistema se autocomplace: no se detiene en que haya pobres y ricos sino que se enfatiza en lo que es capaz de darle a los demás».

El problema es que hay personas que «se miran al espejo y se creen supersolidarias». Especialmente ocurre en las élites, donde anida «la contradicción en estado puro de soy rico y solidario. Dan, y ese sentido de dar tiene una recompensa individual fascinante».

Si permitimos un planeta en el que hay gente que tiene 60.000 millones de euros, en el que en los últimos 200 años hemos producido 600 veces más de lo que había y en el que 25 familias tienen el 40% de los recursos de la Tierra, es que algo falla. «El modelo de desarrollo capitalista ha producido como jamás en la historia de la humanidad, pero en el reparto nos hemos quedado cortos», advierte Barbolla. Tan cortos que no es de extrañar que hoy 50 familias de Cáceres lancen un SOS. Escalofriante, sin duda.