La ‘cara’ del empleo en la capital cacereña
Batas ‘made in’ Cáceres para frenar a la crisis sanitaria
La empresa local Medycaf abre un taller y fabrica más de 12.000 equipos de protección a la semana. Emplea a una treintena de personas, en su mayoría paradas y de edades entre los 20 y los 55

Batas ‘made in’ Cáceres para frenar a la crisis sanitaria
Después de la tormenta, siempre, siempre, siempre, sale el sol». Pone énfasis en los siempres, a modo de eslogan de manual, de los que tranquilizan a los temerosos y motivan a las masas. Esa frase da la bienvenida al taller. «Ya estaba ahí puesta cuando llegamos». Ni hecho a propósito. Lo cierto es que razón no le falta. Y si no que le pregunten a Ángeles Hernández, que siguiendo esas palabras, ha sabido hacer salir el sol entre la tormenta de los últimos meses. Así, en una ciudad inmersa en una crisis sanitaria que ha obligado a echar el cierre a multitud de negocios y ha dejado un futuro incierto para otros, la empresaria se ha decidido a dar un paso adelante. Representa la ‘cara’ de una moneda que se ha ensañado con las cruces. Es enfermera y fue en 2019 cuando creó su empresa, Medycaf, relacionada con el ámbito sanitario, y hace mes y medio, la cacereña --vive en la capital desde 2005-- extendió el negocio a una nave en Mejostilla para dar respuesta a dos de las incertidumbres que ha generado la pandemia: la falta de empleo y la escasez de material de protección para sanitarios y personal que está en contacto directo el virus. En julio arrancó la maquinaria, relata Hernández, y en ese periodo han pasado de fabricar 200 equipos a 2.400 diarios, es decir, 12.000 semanales, que distribuyen, de momento, por la geografía extremeña, aunque su directora que ya han recibido ofertas de ámbito nacional. Para llevar a cabo el nuevo proyecto de Medycaf han contratado a una treintena de personas, todas relacionadas con el mundo del textil y en su mayoría desempleadas a consecuencia de la pandemia. «Es un grupo muy heterogéneo de gente con experiencia», sostiene Hernández. Las edades abarcan desde los 20 a los 57 años y para completar la plantilla han tirado de la cantera del ciclo de Patronaje y Moda que se imparte en la Universidad Laboral. Recalca que los trabajadores se reparten, por cuestiones sanitarias para respetar las distancias de seguridad, en dos turnos de 15 personas durante la mañana y la tarde. La jefa de personal y coordinadora, Sira Gómez, pone de manifiesto que la creación de puestos de trabajo en la capital cacereña, fuertemente sacudida por la última crisis, era una prioridad. «Lo primero era el empleo, que la gente consiguiera trabajo en Cáceres es una satisfacción, saber que estamos colaborando a fortalecer el tejido empresarial es fundamental», sostiene. También incide Gómez en la importancia de que ese nuevo empleo que se genere sea ético y se trabaje con materiales sostenibles. Destaca así que las batas que tejen son de TNT polipropileno hidrófugo y certificado. Asegura que han decidido servirse de proveedores nacionales que garanticen su seguridad para protegerse del contagio. «Van destinadas a personas que tienen que tener seguridad en su trabajo, no se puede filtrar nada, y hemos visto material en la pandemia que se deshacía o que se estropeaba al uso, o que no era seguro y ahí tenemos que ser muy responsables. Sobre la iniciativa, Hernández subraya la agilidad con la que se ha desarrollado el engranaje. «En un mes empezamos a conseguir las cosas. Me daba rabia la pasividad de todo el mundo, Medycaf no nació del textil, nos adaptamos a la situación y se me ocurrió que podíamos hacer algo, aquí siempre hay muy buenas ideas pero lo cierto es que habitualmente se quedan ahí, en las ideas, hay que creer que se puede», añade. En esa línea agradece a Fundecyt, al punto de activación empresarial y a las entidades bancarias que han confiado en que pudiera llegar a buen término. Como también hay que adaptarse a la coyuntura virtual, avanza que ya trabajan de manera paralela en la apertura de una tienda online para distribuir a los clientes a través de internet.
Una cadena sincronizada
Mientras tanto, en apenas unos metros cuadrados una hilera de máquinas de coser suenan al ritmo que marcan sus responsables. Nadie aparta la mirada de su tarea. Nadie habla pero no hace falta. No es un silencio incómodo. El único ruido que interrumpe es el de la costura o el de los pasos, también sigilosos, de Víctor García, uno de los operarios que traslada el material de un lado a otro. Para él esto es «algo nuevo», no obstante, de este mes y medio destaca la «compenetración» que se ha forjado en el equipo. «Es sorprendente que haya ocurrido en tan poco tiempo», recalca. Junto a él, en las primeras filas, concentrada, se encuentra Amparo Blanco. Tiene 54 años, es de las veteranas del taller. Siempre ha vivido vinculada al mundo de la costura, de hecho, confiesa que durante el confinamiento desempolvó su máquina y se dedicó a coser mascarillas de tela para donarlas a oenegés en las semanas más duras de la primera ola, cuando la falta de abastecimiento asolaba el país. Desde hace meses es alumna del ciclo de Patronaje aunque reconoce que a su edad veía muy difícil que alguien le diera una oportunidad en el mundo laboral. «A mi edad no esperaba encontrar trabajo, para mí ha sido una oportunidad muy grande». Compañera de estudios es María Pedrera. Todos la llaman Eme. Aunque más joven, la cacereña precisa que hasta el momento se había dedicado a la hostelería, hasta que se matriculó en el ciclo. Asume las diferencias entre un sector y otro y manifiesta su satisfacción porque según relata, la experiencia está siendo un aprendizaje en cuanto a la técnica. «Tuve suerte». A unas mesas de distancia se encuentra Marta Báez, otra de las operarias de máquina, todas mujeres. Su realidad era diferente al del resto aunque también mantenía vínculos con el mundo de la moda porque su madre estuvo al cargo de empresas textiles y ella acumuló experiencia en el sector. Hasta el momento cobraba una prestación y tiene dos hijos. «Es increíble». Coinciden los cuatro en que, aparte de la oportunidad laboral que supone, el trabajo también genera otro valor añadido relacionado con la responsabilidad social derivada de la pandemia a la hora de proteger a los que están en primera línea frente al coronavirus. «Saber que ayudas a otros, que aportas tu granito de arena es gratificante», añade Marta. «Todos tenemos familiares y amigos cercanos y hemos visto lo que ha pasado y que le faltaban EPIS o que tenían que reutilizarlos, ahora nos ayudamos los unos a los otros», concluye Eme.
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