Reyes Regino Criado era zapatero. Fue detenido junto a su mujer, Francisca Rico, una calurosa mañana de julio. Cuando llamaron a la puerta ella estaba preparando el gazpacho para su marido y sus hijos. «No les dio tiempo ni a comer». Les delató un vecino. A él, que había sido fundador de la casa del pueblo y era militante socialista, lo acusaron de «marxista peligroso». A ella la detuvieron porque si su marido era peligroso, ella también. Regino fue fusilado exactamente hace 83 años, el 12 de marzo de 1938 a los 49 años. Francisca corrió mejor fortuna, pasó de prisión en prisión y paradójicamente la saturación en las cárceles la libró de la muerte. Fue ella la que compartió su memoria con su nieta, María Jesús Criado, para que no cayera en el olvido.

Cumplió la labor que le encomendó su abuela, que se recuerde, y como es habitual cada marzo, acudió al cementerio a depositar flores en el memorial que se ubica en el cementerio y que recoge los nombres de las casi 700 personas fusiladas durante el franquismo en Cáceres. Criado es presidenta de Amececa, la asociación que nació hace una década con un objetivo: que se construyera un monumento para las víctimas del régimen franquista. Este sábado, debido a la crisis sanitaria, no pudo celebrarse el multitudinario homenaje que se celebra en el camposanto y en su lugar, un goteo de familiares y colectivos acudieron a lo largo de la mañana a depositar claveles, rosas y velas en la recreación simbólica de sus lápidas ya que muchos de los cuerpos no llegaron a encontrarse nunca. «Queríamos que hoy tuvieran sus flores, este año es un homenaje pequeño pero siempre muy grande desde el corazón», sostiene.

Criado incide en que este acto es «más necesario que nunca» porque «no corren buenos tiempos para la memoria». «Vivimos una etapa muy difícil para los derechos humanos, porque a ese discurso negacionista de algunos ahora se suman colectivos o partidos que justifican lo que pasó y eso es más grave y más triste». En esa línea, insiste en la importancia de la labor pedagógica en las escuelas. «La gente tiene derecho a saber lo que pasó y en esta ciudad hubo un anexo de campo de concentración y 700 personas fusiladas, en una ciudad en la que no hubo guerra como tal porque no hubo enfrentamiento sino una represión muy considerable, hay que hacer pedagogía para construir el relato definitivo».