Si hay algo que está dejando patente esta atípica Semana Santa es el espíritu cofrade que hay en la capital cacereña. No hay procesiones pero todos los actos litúrgicos organizados por las hermandades para suplir los desfiles están llenos; eso sí, teniendo en cuenta las limitaciones de aforo en los templos que exige la pandemia. Prueba de ello es, por ejemplo, las colas que se han formado todos estos días en la ermita de la Soledad, para venerar al Cristo Yacente y a la Virgen de la Soledad. Es un templo de pequeñas dimensiones, por lo que solo se permiten doce personas en su interior, por eso decenas de personas han aguardado en la calle su turno para acceder.

Y es que, otro de los grandes atractivos de esta Semana Santa ha sido también la apertura de templos y ermitas habitualmente cerrados al público. Es el caso de la ermita de la Soledad, la de la Paz o del Monasterio de Las Jerónimas, que ayer celebró un acto de oración con la imagen de Nuestra Señora del Buen Fin, de la cofradía del Cristo de las Batallas. Es aquí donde se custodian las imágenes durante todo el año, pero en Semana Santa, cuando hay procesiones, se trasladan a Santa María, desde donde hace su salida el desfile. Este año han preferido dejarlas en su sitio y dar la oportunidad así de conocer la capilla de estas monjas de clausura, habitualmente cerrada al público.

Hoy, Domingo de Resurrección, la Pasión cacereña llegará a su fin con una eucaristía en San Mateo, organizada por la cofradía de la Soledad y el Santo Entierro (han preferido hacerla en esta iglesia porque permite un mayor aforo). La Semana Santa se despide así de este año atípico, en el que se han celebrado 22 actos litúrgicos desde el Miércoles Santo (el Jueves y el Viernes Santo han sido los de mayor agenda).