la historia de la capital, a través de su cocina
¿Por qué lo llaman caldereta cuando quieren decir frite?
La ciudad reivindica el nombre del guiso de cordero después de que en una campaña municipal aparezca con el término usado en la provincia pacense

¿Por qué lo llaman caldereta cuando quieren decir frite?
La receta es clave. El ingrediente principal es el cordero o el cabrito. El resto, aceite de oliva, vino blanco, ajo, sal, laurel y pimentón al gusto, bien dulce o picante. Así ha pasado de generación en generación hasta nuestros días. La particularidad es que como cada lugar conserva su propia tradición, el mismo plato lleva aparejado su nombre. En Cáceres se llama frite y en la provincia pacense se llama caldereta. Hay quienes defienden diferencias entre ambos y aseguran que el primero no lleva patata y la salsa es más espesa, pero lo cierto es que la similitud es tal que a lo largo de la historia se ha reconocido ya como un solo plato. Un mismo guiso y dos nombres. Cada uno para su provincia y para su tradición.
Y como la tradición es lo que queda para el futuro, cacereños como María Fernanda Sánchez, de El Redoble, luchan para que no desaparezca. Así lo hizo constar en sus redes esta semana cuando hizo una apreciación a la campaña municipal ‘Cáceres a dos pasos de ti’, que hacía referencia al guiso de cordero con el apelativo pacense en lugar del local. «Que lo haga un restaurante pasa, pero que lo haga el ayuntamiento no, no se le puede llamar así cuando aquí se le conoce de otra manera, es una forma de conservar los localismos», defiende. A raíz del apunte también hace referencia en el tema gastronómico a otros platos cacereños con los que también se produce esta dualidad como es el caso de los coquillos, conocidos en el resto de zonas como pestiños.
En cuanto a las raíces del frite en la gastronomía cacereña, el investigador David Conde hace mención en su tesis. En relación a este guiso, pone de relieve que es un «es un plato de aprovechamiento, básicamente por parte de los pastores, que aprovechaban cuando se le moría alguna oveja y la aprovechaban. La carne, por ejemplo, era un lujo al alcance de muy pocos, y si se moría una oveja, por ejemplo, la mayor parte de las veces se vendía o se cambiaba para comprar otro alimento más básico, sobre todo el pan». Precisa también Conde que se convirtió «en un marcador de clase, puesto que los más pudientes solían cocinarlo en las romerías dejándose ver, con el objetivo de quedar bien claro que ellos sí tenían acceso a la carne y los otros no», expone.
Cuando el acceso a la carne se democratizó, el plato se popularizó tanto que se convirtió en sinónimo de todo festejo. «Las familias cacereñas celebraban todo con un frite», apunta Adolfo Maestre, de la Parrilla de Galarza, uno de los restaurantes cacereños que con los años ha mantenido punto por punto su receta y su nombre. Porque respetar el pasado de Cáceres es respetar su futuro.
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