Pasadas las doce y media de la mañana Cáceres se ha convertido definitivamente en Tierra Sagrada, una condición que se ha hecho efectiva después del acto, nunca antes vivido en esta ciudad, de bendición de las tierras de Nepal y del cerro cacereño del Arropé donde está previsto que se levante el templo budista más grande del mundo, auspiciado por la Fundación Lumbini Garden y cifrado en 40 millones de euros de capital birmano.

El acto se ha celebrado en la Casa Guayasamín, anexa al Museo de Pedrilla, donde en una vitrina se han depositado las tierras junto a la réplica de la estatua de Buda hecha en jade blanco, copia de la de 40 metros de altura que se levantará en Arropé y que alcanzará los 60 porque irá sobre una cueva.

Previamente al acto del Pedrilla, el salón de plenos del Ayuntamiento de Cáceres ha acogido la firma del hermanamiento entre las ciudades de Lumbini y Cáceres, al que acudieron el alcalde de la ciudad nepalí, Manmohan Chaundhary, y la alcaldesa en funciones, María José Pulido, en ausencia de Luis Salaya, convaleciente por una operación de amígdalas.

Pulido no se atrevió a dar fechas sobre cuándo podrían empezar las obras, aunque indicó que el proyecto va por buen camino. Chaundhary concluyó: "Llegaremos hasta dónde podamos y haremos lo que podamos". Ambos reiteraron que el centro budista representa una oportunidad económica e histórica para Cáceres.