Si es cierto que los voluntarios están hechos de un material especial, debe ser alguno que no se haya catalogado aún, resistente y valioso, pero de un valor que solo se aprecia cuando uno se acerca lo suficiente. Porque está claro, y ha quedado más demostrado que nunca este año, que esa obstinación inagotable debe producirse porque en su interior hay algo que les procura una energía y unas ganas a las que no alcanza el resto. 

Desde los 16 años lleva en el voluntariado Juan Cambero y treinta años después solo tiene la certeza de que ese material, si existe, debe ser “irrompible”. Él es el coordinador de la asociación local Radio Ayuda (ARA), un colectivo bien reconocido para cualquier cacereño porque si hay algún evento popular de relevancia, con toda probabilidad sus chalecos fluorescentes también estarán presentes. Ya eran esenciales antes de que tuvieran que serlo a causa de la pandemia. Lo cierto es que durante la crisis sanitaria se han ganado bien ese apelativo y han dado ejemplo a otras ciudades de movilización y solidaridad. Ahora, tras un año en la ‘primera línea’, seguirán al frente esta vez con otro propósito: servir de soporte en el proceso de inmunización.

Desde que inició su actividad hace semanas como vacunódromo el Palacio de Congresos en Cáceres para agilizar el reparto de dosis entre la población, los voluntarios han sido designados para custodiar el primer eslabón de la cadena. Se encargan de controlar los accesos para garantizar la seguridad de los citados y comprobar que sus datos coinciden en el registro diario del SES. “Nos dijeron que éramos el pilar para que esto funcionara bien”, sostiene Cambero, cuya familia al completo forma parte de la asociación, su padre, su esposa y su hijo.

Así, mañana y tarde, se reparten en turnos una veintena de voluntarios. En este turno, Juan hijo, Juan padre, Rosa, Daniel, José Luis, Domingo y Maribel se coordinan en las tareas. Lo hacen sin mirar horarios. "Hay veces que tengo que decirles: mañana no vengas, mañana descansas”, resuelve el coordinador, que destaca la implicación de todos los integrantes de la asociación, al menos medio centenar en la actualidad. “Tenemos un grupo de Whatsapp en el que hablamos y antes de terminar lo que quiero decir ya tengo respuesta, todos: cuenta conmigo, cuenta conmigo”, sostiene.

Y esa implicación es doblemente remarcable porque mayoría compagina sus trabajos con su labor de voluntariado. Por extraño que pueda parecer la respuesta es siempre la misma. “Te tiene que gustar”, anota Juan Cambero padre, de 77 años. Exige un sacrificio pero la recompensa es siempre superior.  “Es algo que sale de dentro, la única gratificación es estar conforme contigo misma, te vas a dormir satisfecha”, concluye  Maribel.

Al respecto, recuerda Juan Cambero hijo “el vello de punta” cuando por la calle durante la crisis sanitaria les paraban y les agradecían. Precisamente, sobre si se han sentido reconocidos en estos últimos meses en esos aplausos de las ocho y si la sociedad ha aprendido algo de esta situación, expone que en ese momento sí, pero lamenta que tras el fin del confinamiento, esa solidaridad y ese compromiso del principio se difuminó. En cualquier caso, lanza una baza a favor de la esperanza y la responsabilidad ciudadana. Certezas no hay tampoco sobre si finalmente la sociedad saldrá mejor de esta, pero lo cierto es que en ARA han demostrado con creces que es posible.