Hace un par de semanas se reunió en Madrid la plenaria de la Conferencia Episcopal Española, parece que en la misma ha habido debates interesantes sobre temas difíciles: seminarios, fundaciones etc. La columna quiere hoy dar pinceladas sobre dos cuestiones.

En la rueda de prensa final, el secretario dio la noticia del número de abusos infantiles cometidos por sacerdotes en España desde el año 2000, son un total de 220 casos denunciados. Nos alegramos de conocer el dato, pero también nos llena de un profundo dolor, pues queda empañada la labor de cantidad de sacerdotes e instituciones eclesiásticas que a diario, tanto aquí, como en países de misión, promueven los derechos de la infancia, o realizan proyectos de desarrollo y bienestar a favor de los más pobres. El papa Francisco nos pide, en estos casos, transparencia y asunción de responsabilidades, porque solo conociendo los datos reales se puede responder a los que acusan a la Iglesia de forma trilera y malintencionada, como ha ocurrido hace poco.

Por otra lado, los responsables de la transparencia económica de la Iglesia han publicado un libro titulado de forma magnífica “la casa de cristal”. El título, como digo, es buenísimo, pero arriesgado, en una casa de cristal se puede ver todo lo que contiene y lo que pasa sin apenas esfuerzo. En una casa como esta no puede haber habitaciones con llaves maestras o con contenidos opacos, porque dejaría de ser lo que quiere.

La obra expone de una forma profunda, extensa y muy profesional, lo que se pretende y lo que la Iglesia en España ha hecho para lograr algo que es consustancial a la propia realidad de la misma: portales de transparencia, explicar sus estructuras, sus organigramas, dar cuenta de lo que hace, cual es su labor, poner encima de la mesa los números de sus balances económicos, explicar su política e inversiones, y ya para matricula, someterse a auditorías externas.

La realidad es tan compleja, con tantas realidades y tan diferentes que la labor resulta complicadísima, pero se puede hacer, como lo ha demostrado lo logrado hasta ahora.

Los avances han sido espectaculares (también a nivel diocesano) pero como la misma obra explica, nos queda mucho por hacer, hay que seguir dando pasos, no hay que contentarse con lo hecho. Sería presuntuoso (creo yo) que nos merezcamos el sobresaliente, vamos a dejarlo en un aprobado, quizá podamos llegar al bien. Con esta nota recocemos que el vaso “esta medio vacío” y nos dispondrá a no relajarnos y a seguir avanzando en este compromiso eclesial tan importante siempre y ahora más.

Mucha salud para todos.