La fachada principal de la Enfermería de San Antonio de Padua (actual Convento de las Jerónimas) recuperará su imagen dieciochesca. Y no es una imagen habitual en el casco histórico cacereño, sino una fachada única que tras exhaustivos estudios técnicos podrá salir a la luz. El proyecto permitirá rescatar el pigmento original del siglo XVIII, una arquitectura fingida por medio de la pintura, a modo de trampantojo, que simula pilares, sillares y un zócalo esgrafiado en su parte inferior, que apoya sobre un zócalo auténtico también a base de sillares. La ciudad vuelve a bucear en su historia para salvarla y divulgarla a través del Consorcio Cáceres Ciudad Histórica (integrado por ayuntamiento, diputación y Junta), que ya tiene el proyecto incluido en su presupuesto de 2021 con 81.000 €.

«Se trata de una fachada muy característica, muy peculiar, con unos colores más llamativos de lo que estamos acostumbrados, pero así era la parte antigua. Los muros se lucían y se pintaban, hay que imaginarla de color rojizo, ocre... Ahora nos hemos habituado a verla desnuda, porque se han dejado los muros de mampostería vistos, pero realmente no representan cómo fue el recinto intramuros», subraya el concejal de Urbanismo y Patrimonio, José Ramón Bello, a su vez licenciado en Historia y arqueólogo de profesión.

Ciertamente el edificio tiene una fachada excepcional porque conserva los trazos originales, eso sí, muy diluidos. Se trata de un esgrafiado sin igual en Cáceres, que dibuja sillares y ladrillos. Éstos en color rojo forman líneas horizontales entre los propios sillares, y pilastras verticales. Un vistazo a los muros permite comprobar a simple vista la pintura, aunque esté muy desvaída. Precisamente ahí estriba su valor. «Tenemos muy pocas fachadas que no hayan sido intervenidas a lo largo de los siglos y que conserven pigmentos originales. Éste es un caso y además con dibujos únicos, que prácticamente no se han tocado desde el siglo XVIII. Hablamos de un recurso didáctico imprescindible que hay que sacar a la luz», argumenta el concejal.

Técnicas avanzadas

Con este fin se ha realizado una lectura de paramentos empleando avanzadas técnicas. Los especialistas del Laboratorio TAD3 de la Escuela Politécnica de la Uex, los mismos que han sacado a la luz recientemente sesenta metros del tramo noreste de la muralla, han utilizado técnicas como la fotogrametría a partir de los restos existentes para reproducir la pintura de la fachada tal y como era (puede apreciarse en la fotografía adjunta). El Consorcio Cáceres Ciudad Histórica, que además ha solicitado informes al Centro de Restauración de Bienes Culturales de Extremadura, ya ha comenzado los trámites para llevar a cabo la restauración.

«Se trata de una de las pocas fachadas originales que permiten a los ciudadanos aproximarse a cómo era la parte antigua. En el futuro queremos seguir avanzando en la recuperación de edificios con este tipo de elementos, como también hemos hecho con la ornamentación de la Torre de los Pozos: estrellas, cintas de mortero de cal y una inscripción en la antigua caligrafía cúfica. No podemos perderlos, suponen huellas de la historia, y en las Jerónimas ocurre lo mismo», indica José Ramón Bello.

«Se trata de una de las pocas fachadas originales que permiten a los ciudadanos aproximarse a cómo era la parte antigua. No podemos perder este tipo de elementos, son huellas de la historia"

José Ramón Bello - Concejal de Patrimonio y Urbanismo

Será la actuación más importante de las presupuestadas para 2021 por el Consorcio Cáceres Ciudad Histórica, por su relevancia y por su importe. Se intervendrá en la fachada principal. Situada en la calle Olmos, cerca del tramo sur de la muralla y de la Puerta de Mérida, frente a la Casa del Pueblo y a las traseras del parador, la Enfermería de San Antonio fue construida en el siglo XVII sobre un solar que el concejo de Cáceres concedió en 1659 a la orden de los franciscanos, para que levantaran su hospital dentro del recinto intramuros.

En realidad los monjes ya disponían del Convento de San Francisco, construido junto a la Ribera del Marco en el siglo XV, cuando el Fuero de Cáceres prohibía a las órdenes religiosas establecerse dentro de la villa. Pero las huertas y la humedad del entorno no hacían más que generar enfermedades (sobre todo paludismo y tercianas). Por ello, ya en el siglo XVII, el concejo les cedió una casa intramuros que se convertiría en la Enfermería de San Antonio de Padua. Allí iban a recuperarse los monjes de sus muchas patologías.

Este espacio comprendía distintas casas como la de los Cabrera -Sotomayor, que se integraron en un mismo edificio. La nobleza cacereña ayudó a los monjes a habilitar en su interior el hospital, que según la costumbre de la época tenía celdas sufragadas por las distintas familias pudientes, que se encargaban de los gastos del enfermo de su celda hasta que se recuperaba. Aún se mantienen los valiosos escudos policromados sobre azulejos en las puertas interiores.

La enfermería funcionó como tal hasta la desamortización de 1838. Posteriormente allí se instaló la casa rectoral de San Mateo. A partir de 1892 albergó un centro de enseñanza de las Carmelitas de Vedruna, el Colegio de Santa Cecilia, que se mantuvo hasta los años 60 del pasado siglo. Ya en 1974 ocuparon el inmueble las Madres de la Orden de San Jerónimo, que tienen en él su convento bajo el nombre de Monasterio de Santa María de Jesús.

Junto con las pinturas de la fachada, destacan los cuatro escudos heráldicos de la misma protegidos como Bien de Interés Cultural (BIC): el de Cáceres, el de San Francisco, el de Felipe V y el de armas de la Orden Seráfica. Además, el convento tiene una iglesia, claustro de dos plantas, celdas, obrador y huerto.