Cáceres se ha despertado con la triste noticia del fallecimiento de uno de los hosteleros más famosos, queridos y recordados de la ciudad. Se trata de Amador Pérez Macarro, casado con Priscila Morgado Mateos, que eran naturales de Monroy y que fundaron en la calle General Ezponda el Bar Amador, popular por su sinfonola.

Amador se fue a trabajar a Barcelona con un hermano de su madre llamado Feliciano, que tenía una empresa de construcción, y en la capital catalana estuvo cuatro o cinco años como oficial de albañil. Transcurrido ese tiempo volvió a su pueblo para casarse. La pareja buscaba un futuro mejor, así que no tardó en abandonar Monroy y se vino a Cáceres a casa de Aurita, que era hermana de la madre de Priscila, y que estaba casada con Félix. Ese matrimonio residía en el número 90 de la calle José Antonio donde regentaban un bar llamado La Viña.

En aquella época, la calle José Antonio era prácticamente el centro de Cáceres. Allí estaba el ultramarinos del señor Felipe, el estanco de los Navarro, la tienda de dulces artesanos, un bar que se llamaba La Parra, una peluquería donde ahora está la churrería Ruiz, y una bolera americana en las escalinatas que van a Margallo. En el barrio también estaba el colegio del Perejil, y en el mismo jardín había un quiosco de chucherías que llevaba la señora María.

Al llegar a Cáceres, Amador se puso a trabajar en la construcción con Jesús Gallego, que luego fundó la empresa Bujacosa y que hicieron edificios célebres como el de la Tesorería de la Seguridad Social de Cánovas o el del Descubrimiento. Los fines de semana Amador ayudaba en el bar a Félix y a Aurita y así fue como empezó a entrarle el gusanillo por el negocio de la hostelería.

Muy pronto Amador abriría su primer bar. Se llamaba El Coto y estaba en un zaguán de la calle Nidos y lo regentó durante dos o tres años, hasta que en 1957 se enteró de que en la calle Parras se traspasaba el Bar Los Porrones, que estaba más abajo de Casa Luciano, que luego fue el Burladero de Galvao, y de Casa Juan. Cuando Amador llegó a Los Porrones, Los Porrones dejaron de llamarse Los Porrones para llamarse Bar Amador.

El Amador estaba enfrente de Helados Camy, que llevaba don Luis González Cascos. La calle Parras era en ese momento una vía muy concurrida. Allí estaba la delegación Celtia de los laboratorios Couper, el hotel Álvarez, una tintorería, una frutería, y los Alféreces Provisionales (un club de los oficiales del Ejército donde se celebraban bailes).

En 1964, compañeros de profesión sugieren a Amador que se traslade a un sitio con mayor actividad que la calle Parras y le recomiendan la plaza Mayor, que en aquel momento era el centro comercial de la ciudad. Y Amador elige General Ezponda, conocida por todos como la calle de los Vinos, donde el local que ocupaba la Droguería Pizarro acababa de quedarse vacío porque sus dueños eran mayores y traspasaban el negocio. La droguería Pizarro tenía unas estanterías de madera hasta el techo, con cajones y lejas y una puertita para acceder a la trastienda. De aquella droguería hizo Amador el que con el tiempo se convertiría en un referente de la movida cacereña, en el emblema de la calle de los Vinos: el Bar Amador.

En 1969 los hijos de Amador ya habían cumplido entre 16 y 18 años y se metieron a fondo en el negocio de su padre. Llegó en aquella época a la ciudad la moda de las sinfonolas, así que los hijos de Amador pensaron que era el momento de darle una vuelta a aquel local. Manolo y Félix, dos de los pupilos del bueno de Amador, contactaron con don Antonio Colomo, que era distribuidor de las recreativas para Extremadura y que vendía futbolines, máquinas de petaco y, cómo no, sinfonolas. Así que no lo dudaron un segundo y compraron una de aquellas sinfonolas que venían en un mueble parecido a las máquinas de tabaco actuales.

La sinfonola tenía un cristal transparente donde se depositaban los discos en un carro metálico. Manolo y Félix compraban los discos en la Casa Récord de Madrid, que los vendía contra reembolso y a buen precio. Récord enviaba los catálogos con los hit parade del momento y aquello fue la bomba.

A través de unos pulsadores la sinfonola te clasificaba los discos. Para ello había un listado con las letras del abecedario y unos números del 1 al 10. De modo que el A-1 era Marionetas en la cuerda , de Sandy Shaw, el A-2 Pasaporte de Los Brincos, el B-1 Yellow Submarine de The Beatles, el H-5 Extracto de pollo en lata de Los Canarios... y así cientos y cientos de canciones, al precio de 2 pesetas la canción, o a 5 si ponías tres. El Bar Amador cerró en junio de 2018, después de años siendo regentado por su hijo Manolo.