Diseñar aviones, coches de Fórmula 1… pocas cosas son tan emocionantes como trabajar en la aeronáutica. ¿Quién no ha soñado con volar? Pues Sebastián Pérez Muñoz a punto de cumplir 27 años (Cáceres, 05-08-1994), sabe hacerlo bastante bien y, como es de suponer, no es fácil. Este cacereño habla con una madurez que cuesta creer que tenga esa edad. Un joven ingeniero aeroespacial (Universidad de Sevilla) y Máster de Ingeniería Aeronáutica desarrollado también en la capital hispalense. Señala que desde el principio se sintió «muy atraído» por las Matemáticas y, más adelante, durante el Bachillerato (Norba Caesarina), por la Física.

«Me encantaba el hecho de poder modelar el mundo físico para predecir lo que va a ocurrir y beneficiarnos de ello, y una manera muy bonita de aplicar la Física y las Matemáticas es la ingeniería aeronáutica», confiesa.

Pérez tuvo claro que lo suyo era la aeronáutica: «Me gustaban los aviones. Empecé la carrera, y me fue bastante bien. Los primeros años tuve asignaturas muy teóricas, pero lo hacía con gusto y eso es algo que ha caracterizado mis estudios. A la hora de ponerme a hincar los codos, no me costaba sino que lo hacía con ganas», explica.

Durante su formación estuvo realizando un voluntariado como profesor de Inglés para perfeccionar este idioma en Tailandia, además, llevó a cabo diferentes investigaciones en Viena sobre cómo mejorar las propiedades de los materiales compuestos para su proceso de fabricación aeroespacial. Después, Sebastián es de los que aprovechan todas las oportunidades que se cruzan en su camino. Las vueltas que da la vida le llevaron a la empresa Indra (Madrid) a trabajar en el Sistema de Automatización de Control del Tráfico Aéreo en países como Abu Dabi, Argelia, Hungría...

«La investigación es la mejor forma de cambiar el futuro y en España no se ha apostado por ella»

Su inquietud por seguir creciendo terminó haciéndole desembarcar en Estados Unidos, que es el primer país del mundo en su campo y su disciplina es muy exigente. ‘Trabaja mientras otros duermen y vive lo que otros sueñan’, suele decirse. Y así fue como Atlantic Casting & Engineering lo contrató. Su responsabilidad pasaba por fabricar cabinas de piloto de aviones militares, motores, productos para medicina... «Todo se debe a que los análisis en materiales ligeros y resistentes son una verdadera obsesión cuando se habla de transporte y logística», indica con orgullo de su oficio.

Allí, pronto se dio cuenta de que era una industria «en la que se ha explotado sobre todo los métodos para ganar eficiencia. Una experiencia fantástica, me apasiona lo que hago». Él llevaba viviendo un año y medio en New Jersey, sin embargo, este pasado mes de junio regresó a España al no poder extender el visado, por culpa de las restricciones que impone la pandemia del covid-19.

Para residir en la nación norteamericana de manera permanente es imprescindible la obtención de dicho visado (se puede conseguir por diferentes vías, entre otras el trabajo). «Mi empresa está muy satisfecha conmigo y yo con ellos. Ahora se encuentran trabajando en mi solicitud de visado».

Entretanto habla de su paso por el Norba. «Allí están uno de los mejores recuerdos de mi vida». ¿Y qué se siente al volver a Cáceres? «Añoranza y felicidad. También tristeza: este no es mi sitio porque la investigación es la mejor forma de cambiar el futuro y en España no se ha apostado por ella», confiesa mientras sigue a la espera de los permisos para incorporarse a una empresa que lucha porque su cacereño vuelva.