"Llevo años sufriendo y denunciando abusos por unos vecinos del piso de arriba ante todos los organismos (comunidad, policía y demás) que sus perros ladran a todas horas (en la noche, en la tarde) tengo vídeos de ladridos durante horas y ha afectado gravemente a mi descanso». Así comienza su testimonio una vecina en una carta que remite a este diario un día después de conocerse la noticia de las multas que ha impuesto el Ayuntamiento de Cáceres a dueños de animales potencialmente peligrosos y que superan los 16.000 euros. La reacción del Refugio San Jorge no se hizo esperar y el colectivo salió en defensa de esta raza argumentando que el problema no es de los perros sino de la irresponsabilidad de sus dueños.

La vecina, sin embargo, envía su mensaje precisamente al Refugio: «Me encuentro a los propietarios de los perros en el portal: en el ascensor con los perros, en el garaje me ladran muy fuerte, molestan y atemorizan. Yo no sé si son peligrosos o no pero lo que está claro es que no tengo que sufrir que un vecino tenga un perro molesto».

«La ley debería ser más restrictiva aún si cabe», asegura una afectada por los perros de un vecino

Y añade: «La ley debería ser más restrictiva aún si cabe con este tipo de molestias. Conozco a mucha gente que ha vivido o vive la misma situación y es insoportable. Cuando saquéis noticias no penséis solo en vuestros intereses, pensad también en la gente que sufre estos abusos por parte de vecinos que tienen perros. En la policía puse una denuncia en plena madrugada y tuve que aguantar que el vecino que lleva los perros pegara una patada en la puerta de mi domicilio. Ya está bien», zanja.

El debate continúa de manos de los internautas de la página web de este diario. «Me parece un buen y gran trabajo de la Policía Local. Esperemos que sigan así ya que hay muchos paseantes de estas mascotas que siguen campando a sus anchas, obligando a muchos de los ciudadanos a apartarse y en muchas ocasiones enfrentándose a los que cumplimos las normas», dice uno de ellos.

Otro contradice a la opinión del Refugio que argumentaba que el cartel de ‘peligroso’ era un lastre injusto para estos animales. «Lo siento, pero no lo es. Son perros peligrosos, que con dueños insensatos se convierten en algo más peligroso si cabe, pero lo son. Todos hemos leído noticias de perros que atacan a alguien y luego la frasecita: «nunca había mordido a nadie», hasta que muerde. Lo lamento, pero sí son razas peligrosas y requieren un control especial», estima.

«Esta clase de peros necesitan el adiestramiento por parte de empresas profesionales»

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Otros abogan por la educación del animal: «Esta clase de perros necesitan unos extras y unos plus, y entre ellos está el adiestramiento por parte de empresas profesionales. De ahí que no hagan nada, sin previo aviso». También hay controversia con el perfil de algunos dueños: «Habría que analizar qué lleva a una persona a tener un perro de una raza potencialmente peligrosa, con todas las que hay. Parece que quieren decir: mira que perro tan poderoso tengo y soy capaz de controlarlo, ¡qué machote soy! El perfil de todos estos propietarios es muy similar. No serán todos peligrosos, pero con que te cruces con uno que sí lo es suelto por La Sierrilla, por ejemplo, te prepara».

El Refugio tiene en la actualidad seis perros de estas características. La mayoría de ellos llevan entre 7 y 10 años allí. Ni los quisieron sus dueños de cachorros ni ahora de adultos los quiere nadie. En la perrera, al menos, los cuidan, los miman, les dan una vida digna. Les colgaron el cartel de ‘peligrosos’, «un lastre injusto para ellos porque son encantadores», asegura Laura Varaldi, responsable de las instalaciones. Todos ellos tienen detrás una dramática historia que El Refugio ha sabido aliviar. «Son muy sociables», concluye Varaldi.