El académico Diego Rubio, director General de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de la Presidencia del Gobierno, estará hoy en los ‘Diálogos sobre el Futuro’ que se celebran en el Museo Helga de Alvear para reflexionar sobre las oportunidades y desafíos que traerá la era pos-covid. Antes, habla para El Periódico sobre los retos y oportunidades que afrontará España en el futuro y el papel que juegan Extremadura y Cáceres en el marco de las energías sostenibles.

Este encuentro se produce en un contexto diferente, tras una crisis sanitaria que ha cambiado el panorama mundial, en primer lugar, ¿qué perspectiva deja la pandemia a la hora de abordar este cambio a las energías limpias y sostenibles?

Todo apunta a que la crisis del coronavirus ayudará a acelerar la transición energética. En 2020, la recesión económica limitó la capacidad de inversión de gobiernos y empresas, y la disrupción en las cadenas globales de suministros dificultaron la adquisición de tecnologías renovables, muchas de las cuales provienen de Asia. Sin embargo, la rápida recuperación económica y decisión de la Unión Europea de convertir la descarbonización en una de las prioridades de los Fondos de Recuperación, invirtieron esta tendencia. Hoy estamos más cerca de lograr la transición energética que hace dos años. Tenemos la tecnología, la financiación y la mentalidad necesarias para llevarla a cabo.

¿Habría que regresar a la antigua normalidad o moldear una nueva que se centre en un uso diferente de las energías?

La normalidad que teníamos antes no era sostenible. Como tampoco lo es la que tenemos ahora. España consume recursos naturales y produce residuos dos veces más rápido de lo que el planeta es capaz de regenerarlos. Si esta tendencia continúa, seremos testigos de una crisis climática y medioambiental sin precedentes, que extinguirá miles de especies de plantas y animales y tendrá consecuencias catastróficas para el ser humano. Debemos, por tanto, cambiar. En el ámbito de la energía, ese cambio implicará dos cosas: lograr que el 100% de nuestras fuentes de generación energética sean neutros en carbono y sostenibles en el uso de recursos, y reducir nuestro consumo energético mediante la adopción de las nuevas tecnologías y comportamientos más responsables. Ambos cambios serán necesarios.

Los países se encuentran aún muy lejos del objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 ºC para finales de siglo, ¿en qué nivel se encuentra España?

En efecto, a pesar de la gravedad de la situación y de lo mucho que ya se está haciendo, las emisiones globales de gases de efecto invernadero siguen creciendo. De hecho, al ritmo actual, los niveles de emisiones de CO2-eq a la atmósfera para 2030 serán más del doble de lo que deberían ser y el límite de 1,5ºC fijado para 2100 se rebasará mucho antes de 2050. Esto no quita, sin embargo, que haya países que lo estén haciendo bien y el nuestro es uno de ellos. España es el quinto país del mundo con más potencia eólica instalada y el noveno en energía solar, y es el 15º país con mayor sostenibilidad energética del planeta según el índice del Consejo Mundial de la Energía, un logro del que deberíamos estar muy orgullosos.

¿Es la crisis climática el reto más importante que afronta España, a qué más retos debe hacer frente?

Es el más importante, aunque no es el único. En España 2050 analizamos varios retos más, igualmente transcendentales para el futuro del país, como las carencias formativas de nuestra población, el envejecimiento demográfico, la desigualdad o la falta de productividad. Estos retos tienen raíces profundas y, para ser solucionados, requieren de previsión y estrategias de largo plazo tanto como la crisis climática.

El informe de las Naciones Unidas incide en que debe existir más ambición climática por parte de todos los países, ¿qué retos afronta el país? ¿En qué tipo de energías debería centrar su interés?

De aquí a 2050, España deberá reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 90%. Para lograrlo, tendremos que cambiar drásticamente la forma en la que generamos, almacenamos y consumimos energía, haciendo una apuesta decidida por las fuentes de energías renovables y libres de emisiones. La electricidad generada a partir del viento, el agua y el sol es una de ellas. Pero también hay otras como el hidrógeno renovable que se generalizarán en las próximas décadas. Hacia mediados de siglo, España funcionará con una mezcla de estas energías limpias y la gasolina o el carbón habrán prácticamente desaparecido. Semejante transición energética traerá unos beneficios inmensos: para nuestra salud, para nuestro medioambiente, y para nuestros bolsillos. En el futuro, el coste de generar electricidad será cada vez más bajo, lo que redundará en la competitividad de nuestras empresas y en el ahorro de los hogares. Al mismo tiempo, la reducción de nuestra dependencia del petróleo exterior hará que España se ahorre unos 340.000 millones de euros en importaciones de aquí a 2050, lo que equivale al gasto público nacional en educación de siete años.

En el caso de Extremadura y Cáceres, cuenta con proyectos pioneros en materia de energías renovables, ¿cómo avanza la región y la provincia en este reto?

Extremadura avanza de forma modélica. De hecho, va camino de convertirse en una de las primeras regiones energéticamente sostenibles de toda la Unión Europea. En 2020, el 99,7% de la energía generada en territorio extremeño fue libre de emisiones de CO2, bien por proceder de fuentes renovables como el agua, el viento o el sol; o por proceder de la central nuclear de Almaraz. Extremadura ocupa el puesto número uno en el ranking nacional en este sentido y toda apunta a que seguirá ala vanguardia en los próximos años gracias a su despliegue de parques fotovoltaicos y a la puesta en marcha de proyectos pioneros como el Centro Nacional de Investigación y Almacenamiento de Energía (CNIAE) o el Plan Extremeño Integrado de Energía y Clima 2021-2030, el primer plan regional integrado de energía y clima de nuestro país. Este logro reforzará enormemente la imagen internacional de Extremadura y, si se aprovecha bien, servirá para atraer inversiones, empleo y bienestar para todos sus habitantes.

Ya a nivel individual, ¿qué pueden hacer los ciudadanos en su día a día para contribuir a la transición energética a pequeña escala?

Hace 20 años el Gobierno pidió a la ciudadanía que fuese más responsable con su consumo de agua para combatir el problema de las sequías. Los españoles y españolas asumieron el desafío, actualizaron sus electrodomésticos, se volvieron más conscientes en el uso del agua. Gracias a ello, el consumo hídrico de nuestras ciudades se redujo un 20%. Nadie vio mermada su calidad de vida a causa de ello, más bien al contrario. Ahora debemos hacer algo parecido con la energía. No se trata de hacer sacrificios ni privarnos de nada importante. Bastará con modernizar nuestros hogares y adoptar pequeños actos responsables que reduzcan el derroche y posibiliten la sostenibilidad. El Gobierno va a ayudarnos a hacerlo. Solo el Plan de Recuperación dedicará 10.756 millones a impulsar una transición energética justa e inclusiva. Para que se hagan una idea, eso equivale a la mitad del PIB anual extremeño.