La dirección de Catelsa comunicó el pasado lunes al comité de empresa su intención de plantear un nuevo ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo), el tercero desde 2020. Según confirmó ayer el director de la planta, Jean Luc Wisniewski, «la idea es que tenga una duración de seis meses». Afectaría a la práctica totalidad de la plantilla, 231 de los 240 empleados (de ahí se quitan los prejubilados y el personal de recursos humanos). El ERTE supondría una suspensión de contratos aunque el director de la industria, que opera bajo el nombre de Hutchinson, no pudo precisar «cuántos días dejarían de trabajar porque esos términos hay que negociarlos. Ojalá sean los menos posibles y que la situación mejore», subrayó.

Durante ese tiempo los empleados cobrarían del Sexpe. La ley estipula que este organismo puede abonar hasta el 70% del salario bruto, el resto del dinero, que es el que aportaría Catelsa, «es lo que se debe negociar a partir de la semana que viene», añadió. Este viernes empresa y comité volverán a reunirse.

Ayer, Wisniewski explicó que el ERTE viene motivado por la crisis del microchip. El aumento del uso de aparatos electrónicos como teléfonos móviles, televisiones o videoconsolas ha hecho que la mayor parte de los microchips que se utilizan para su fabricación fueron utilizados en estos aparatos; y esto hace mella ahora en el sector del automóvil, que no puede seguir produciendo sin este componente. La mayor parte de los coches utilizan estos elementos eléctricos para regular aspectos como la potencia. De hecho, un solo vehículo (de los más actuales) puede llegar a contar con más de un centenar de este tipo de microprocesadores.

«El problema es que no llegan los microchips a Europa», precisó el director, quien se refirió a las situaciones similares que sufren a nivel mundial firmas como Toyota, Seat, la planta de Opel en Alemania (cerrada hasta fin de año). Ello ha provocado que «los pedidos se reduzcan un 30% y que solo en el mes de septiembre la facturación de Catelsa bajara un millón de euros».

Alternativas

En mayo pasado, Wisniewski ya se refirió a esta coyuntura cuando dijo que la empresa se mantenía gracias a la producción que realizan para otras marcas como Bosch o TRW, para los que fabrican sistemas de frenado, cableado para coches o columnas de dirección. «Mientras tengamos producción para mantener a nuestra plantilla no estamos preocupados, el problema es que no sabemos cuánto va a durar esto», subrayó en aquel momento. Hay expertos que aseguraban que al menos duraría hasta principios de ese verano, pero otras voces no situaban una recuperación hasta 2022.

¿Y qué pasaría si Cáceres tuviera una fábrica de baterías de litio? El director respondió ayer que sería positivo puesto que este tipo de elementos «llevan juntas de estanqueidad de caucho».

El grupo Hutchinson tiene más de 160 años de trayectoria y su filial en Cáceres, Catelsa, se posicionó como cabecera mundial del mismo en la creación de piezas moldeadas de automóvil. Hutchinson puso los neumáticos a la primera bicicleta que ganó el Tour en 1926, participó en la evolución del automóvil, aportó importantes sistemas a los trenes de alta velocidad, a los submarinos, a los aviones, incluso a los cohetes espaciales... Hoy por hoy, Catelsa continúa siendo la principal industria de la capital