La dirección de Catelsa presentó ayer al comité de empresa el documento que certifica su intención de aplicar un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) a los 231 de los 240 empleados (de ahí se quitan los prejubilados y el personal de recursos humanos) que componen la plantilla de una de las industrias más señeras de la ciudad. Representantes de los trabajadores, sobre los que se cierne de momento el mutismo, dijeron que lo estudiarán y que el próximo 13 de octubre mantendrán un encuentro con el director.

La dirección de Catelsa comunicó el pasado lunes al comité de empresa su intención de plantear un nuevo ERTE, el tercero desde 2020. Según confirmó el director de la planta, Jean Luc Wisniewski, «la idea es que tenga una duración de seis meses». El ERTE supondría una suspensión de contratos aunque el director de la industria, que opera bajo el nombre de Hutchinson, no pudo precisar «cuántos días dejarían de trabajar porque esos términos hay que negociarlos. Ojalá sean los menos posibles y que la situación mejore», subrayó.

Durante ese tiempo los empleados cobrarían del Sexpe. La ley estipula que este organismo puede abonar hasta el 70% del salario bruto, el resto del dinero, que es el que aportaría Catelsa, «es lo que se debe negociar a partir de la semana que viene», añadió. 

Wisniewski explicó que el ERTE viene motivado por la crisis del microchip. El aumento del uso de aparatos electrónicos como teléfonos móviles, televisiones o videoconsolas ha hecho que la mayor parte de los microchips que se utilizan para su fabricación fueron utilizados en estos aparatos; y esto hace mella ahora en el sector del automóvil, que no puede seguir produciendo sin este componente. La mayor parte de los coches utilizan estos elementos eléctricos para regular aspectos como la potencia. De hecho, un solo vehículo (de los más actuales) puede llegar a contar con más de un centenar de estos microprocesadores.

«El problema es que no llegan los microchips a Europa», precisó el director, quien se refirió a las situaciones similares que sufren a nivel mundial firmas como Toyota, Opel o Seat