Que existen menos parejas unidas durante décadas, más separaciones y divorcios, ya es un hecho. Que las generaciones jóvenes no comprometen sus objetivos vitales con otra persona con la intensidad que lo hacían sus padres, también. ¿Por qué? Hay varias razones y todas entrelazadas. La cacereña María Ángeles Cuevas, psicóloga sanitaria especializada en terapia de parejas, sexualidad, desarrollo personal y otros ámbitos, ofrece un análisis de este cambio de tanto calado en la sociedad. Cada día atiende a numerosas parejas en su consulta de avenida de España que acuden a salvar su relación, y por eso conoce de primera mano lo que ocurre entre dos personas en el mundo de hoy.

«Mucha gente se pregunta por qué las relaciones no duran como antaño. La respuesta es que tradicionalmente se vivía el matrimonio de manera diferente a como lo hacemos ahora», subraya. «Antes primaba la máxima ‘hasta que la muerte nos separe’, y eso era prioritario debido a la cultura y los valores sociales, de modo que buscar, encontrar y mantener una pareja idónea para lograr una relación duradera se convertía en objetivo de vida», explica la terapeuta.

Hasta hace unos años, la mayoría de las personas compartían el mismo fin: «Lo que más importaba era la idea de una familia unida que tuviera sustento económico para la pareja y sus hijos». Pero en poco tiempo se han asentado distintos estilos de vida que pueden ser muy diferentes de unos individuos a otros, y que ‘dificultan’, por decirlo de algún modo, que ciertas personas puedan unir sus destinos. «Hoy día no todos entendemos la vida de la misma manera y conseguir una buena relación de pareja no es un objetivo principal ni general. Hay quien considera prioritario, por ejemplo, encontrar un buen puesto de trabajo», argumenta María Ángeles Cuevas.

"Más que buscar un proyecto de por vida, hoy se valora el placer, la felicidad, querer y que nos quieran»

MARÍA ÁNGELES CUEVAS - Psicóloga sanitaria especializada en terapia de parejas,

Luego está el gran dilema actual ¿Hijos sí o hijos no? Y una alternativa no siempre compartida: ¿Mascotas? Además está el asunto de dónde y cómo vivir ¿Hipoteca? ¿Alquiler? ¿Mudarse a una gran ciudad por trabajo? ¿Permanecer en el entorno? Y la cuestión es que dentro de una pareja, compartir los planes de futuro (al menos a grandes rasgos) resulta fundamental. Por si fuera poco, ya hay quienes prefieren relaciones más abiertas. En definitiva, en la actualidad existen tantas opciones que forjar una relación resulta más complicado…, y por supuesto mantenerla.

«A veces la filosofía de vida, los valores y el carácter son tan dispares respecto a los de la otra persona que impiden cuajar una relación. A ello se une que cada día nos mostramos más individualistas, más reticentes a la comunicación, menos flexibles y nos cuesta dar el brazo a torcer», expone la terapeuta cacereña.

Por supuesto, muchas parejas son capaces de superar las diferencias con respeto y con una actitud de escucha y de entendimiento. De ahí que la mitad de la población cacereña de 20 a 59 años permanezca casada o como pareja de hecho. No obstante, en estos casos también las relaciones han cambiado. «Más que tener un proyecto para toda la vida, se busca el placer, la afectividad, la felicidad, querer y que nos quieran», destaca.

Aun así, cuando las cosas se tuercen es posible enderezar el rumbo. O al menos intentarlo. Terapeutas de pareja como María Ángeles Cuevas se dedican a ello cada día. «La experiencia que observo en la consulta es que, cuando vienen, ya llevan tiempo intentando arreglar la situación, han sufrido, han pasado por varios intentos de solución, se esfuerzan y quieren ponerse en manos de un profesional como última baza, porque no saben cómo gestionar los problemas de convivencia, de comunicación, de infidelidad…». Y aquí es donde la especialista comienza a trabajar con los tres factores necesarios para que una relación de pareja sea sana: pasión, intimidad y compromiso. Los tres deben alimentarse, y además deben guardar un equilibro.

«El área de la pasión es la parte erótica, la atracción, la sexualidad, las miradas, las caricias, más intensa al principio. Existen muchas discrepancias en este aspecto porque no todo el mundo vive las relaciones afectivo-sexuales por igual, ni tiene la misma libido. Se trata de uno de los motivos que provocan rupturas», desvela la profesional. 

«Discutir es normal, pero para que sobreviva una relación resulta fundamental saber gestionar los conflictos, ceder, dialogar, negociar y llegar a un consenso"

La intimidad puede considerarse el factor esencial que indica la madurez de la pareja, conocer al otro y aceptarlo tal y como es. Aquí el principal escollo llega por los problemas en la comunicación. «Discutir es normal, pero para que sobreviva una relación resulta fundamental saber gestionar los conflictos, ceder, dialogar, negociar y llegar a un consenso. Influye la personalidad, la manera de entender la vida, los valores…». Pero además, la rutina y el estrés pueden amenazar a la pareja cuando esa intimidad se ha conseguido y la relación está más madura, más estable. «A veces dejamos de sorprendernos con el otro, de divertirnos con el otro, y hay que compartir minutos placenteros», recuerda la especialista.

Un rumbo compartido

El compromiso supone el tercer factor: la confianza, la fidelidad, un proyecto en común de vida y de pareja. «Es aquí donde pueden surgir esas disparidades en el modo de trazar el rumbo, en los planes de futuro, o al no estar la pareja en el mismo momento evolutivo». De hecho, la terapeuta subraya que los planes incompatibles y las infidelidades constituyen otros motivos frecuentes de quiebra entre dos personas.