Despedirse del lugar donde uno fue feliz siempre es complicado. «He sido muy afortunado vendiendo fruta y despachando a los clientes con una sonrisa», señala con nostalgia el frutero cacereño Pedro Jiménez que se jubila con el año nuevo tras 51 años. Una cara más que conocida para todo aquel que se haya pasado alguna vez por su negocio, situado en la calle Amberes de Cáceres. Lo abrió en el 2004. Este simpático trabajador repasa la trayectoria del comercio, que inició su padre, el célebre Aquilino en la calle General Ezponda, junto al colegio de las Damas Apostólicas, y que él continuó, subraya mientras trata de habituarse a una nueva vida desconocida.

«Empecé con 14 añitos y el oficio lo aprendí gracias a mi padre», destaca a este periódico. De aquello hace ahora muchísimo tiempo y Pedro acaba de tomar la decisión de bajar la persiana. Estos últimos días su clientela no puede aguantar las lágrimas al despedirse de Pedro. «Es que no hay un frutero igual en todo el barrio», le comentan. Y él lo agradece con cariño y emoción. «Les doy las gracias, porque a pesar de los años que llevo aquí, uno no termina de acostumbrarse», manifiesta.

Entrar en esta tienda es valorar la importancia de una atención personalizada que en ocasiones se está perdiendo… Da gusto acceder a una frutería con tanta variedad de verduras y frutas, tan bien colocadas y con un colorido especial. «Todo lo coloco cuidadosamente», apunta. Cómo lo consigue es un misterio. Pero él revela el secreto: «Son muchos años» los que lleva ordenando las viandas. «Todo el mundo come con la vista y trato de llamar la atención. Quiero traspasar el establecimiento», resalta.

Ahora se dedicará a su familia, a su colección de monedas, puzzles y sus 250 macetas

«Me inculcaron desde chiquitito el amor por el campo y la agricultura de Cáceres, Extremadura y España», recuerda. Todavía hoy, hay bastante gente que se cuida y alimenta de la huerta.

Jiménez se sabe a la perfección la diferencia entre ir a comprar a una frutería o a un supermercado. En la primera el trato es personal, existe «una relación directa y cercana», aparte de mejor calidad porque «en precio no podemos competir», afirma Pedro.

Él es para numerosos vecinos de la zona una de esas figuras sin las cuales no puede entenderse la historia de un sitio, forma parte de ella, y eso lo convierte en una persona muy querida. Después de tanto esfuerzo y dedicación, le corresponde una jubilación más que merecida, a la que quiere dedicarse a limpiar y clasificar unas 2.000 monedas, terminar 14 puzzles, cuidar sus 250 macetas y estar con su familia.