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El Periódico Extremadura

la gran fiesta del novenario en cáceres

La Virgen bajará con crespones negros en recuerdo a Pilar Murillo, al covid y a la guerra

El obispo se estrena en una Bajada que se prevé multitudinaria y el alcalde no podrá acudir por covid. Lamentan la falta de flores a la Virgen: «En la cofradía nos dicen que no hay dinero»

La camarera, Julita Herrera, a la derecha, junto a su camarera auxiliar, Marisa Domínguez, colocan el manto de la ciudad a la Montaña, que luce crespón negro. EL PERIÓDICO

Abril de 2019 quedará en el recuerdo como la última vez que la Virgen de la Montaña descendió a Cáceres antes de la mayor pandemia que azota al mundo. Este miércoles volverá a hacerlo y se prevé que en torno a las siete y media de la tarde una multitud la reciba en Fuente Concejo. Hoy ha sido un día de trasiego en el santuario. Por la mañana se bajó la talla del camarín y por la tarde se procedió al traslado de enseres a Santa María. Mañana, a las 19.30, la diputada autonómica y exalcaldesa, Elena Nevado del Campo, pronunciará el pregón en el Gran Teatro. La cuenta atrás para la cita más importante de la primavera cacereña ha comenzado. 

La Procesión de Bajada, que aquel 24 de abril de 2019 estrenó su título de Fiesta de Interés Turístico Regional, será histórica después de que el coronavirus haya mantenido a la patrona confinada durante tres años. La Virgen portará en el manto un crespón negro en recuerdo a las víctimas del coronavirus y a la guerra de Ucrania y un bastón con otro crespón de luto en memoria de Pilar Murillo, que antes de su muerte fue nombrada camarera de honor y que ostentó ese cargo durante 26 años hasta su fallecimiento el pasado 3 de abril, según indica el mayordomo de la cofradía, Juan Carlos Fernández Rincón.

La Bajada es una costumbre que se repite desde el 3 de mayo de 1641, fecha en la que la talla bajó por primera vez desde su santuario ante las peticiones del vecindario en un año de grandes sequías. El desfile entraña un gran trabajo y es habitual que ese día los hermanos repongan fuerzas comiendo los tradicionales huevos fritos con patatas y chorizo, esta vez en el comedor de las monjas porque el restaurante del santuario está cerrado a la espera de su reforma.

Poco después, a las cinco, Isidro Ginés Morales Camacho (a sus 63 años es el hermano mayor más joven de la historia de la cofradía) organizará los turnos de carga con el reparto de planillos. Es él quien dispondrá los cuatro turnos de 30 hermanos que conforman los 120 que cargan a la Virgen (hay 125 pero los cinco de pico son directivos, todos menores de 65 años) y cada uno con sus jefes de paso. Tras la eliminación hace cinco años del turno de los suplentes, en la cofradía existen tres escalafones (aspirante, activo y veterano). Este año hay 81 hermanos aspirantes (50 hombres y 31 mujeres). Para obtener esa categoría deben enviar un escrito a la cofradía, tener 18 años y al menos uno de antigüedad en la hermandad. La directiva les remite luego una carta para que se tallen y poder asignarles un turno.

Los aspirantes cargan siempre que hay sitio, es decir, en función de la falta de asistencia de los hermanos titulares de carga que se ausenten, pero lo cierto es que son muchos los titulares que ceden minutos a los aspirantes para que puedan cumplir el anhelado sueño de portar las andas de la Virgen, ya sea en la Procesión de Bajada o en la de Subida. Este año, además, hay 46 hermanos veteranos mayores de 65 años (45 hombres y 1 mujer), que no cargan por diferentes motivos aunque la inmensa mayoría sigue haciéndolo. Hasta este año, antes del comienzo de la procesión se entregaban las nuevas medallas, sin embargo el acto se adelantó al 3 de abril por decisión de la junta de gobierno de la cofradía, que realizó 36 nombramientos (18 hermanos veteranos y 18 de carga titulares), de los que 29 hombres son y 7 mujeres.

El miércoles, la procesión arrancará a las 17.30 tras rezar la Salve dentro del santuario, en un acto presidido por el deán de la concatedral, predicador del novenario y capellán de la cofradía, Ángel David Martín.

La imagen, de estilo sevillano realizada en madera de nogal policromada por artista desconocido entre los años 1620 y 1626, saldrá a hombros del turno primero. Lo hará bajo los sones del Himno de España y sobre sus andas de plata de 120 kilos de peso adquiridas en los años 60 en un taller sevillano. Este año, se romperá otra tradición histórica que decía: ‘El que la mete, la saca’, y que establecía que el mismo turno que sacaba del santuario a la Montaña, la metía en Santa María. Ahora no será así. El objetivo es que todos los turnos tengan un papel relevante en cada una de las paradas de la imagen y que no recaiga siempre en los mismos hermanos las partes más duras del recorrido. La decisión se ha adoptado de común acuerdo entre el hermano mayor y Antonio Bazo, jefe de paso del número 2 (conocido como el de los balillas o calderillas). Otra novedad del desfile es que pasará por el puente de la ronda este.

La nueva camarera, Julita Herrera, ayudada por su camarera auxiliar, Marisa Domínguez, la ha vestido primorosa con el manto que le regaló la ciudad para las bodas de plata de la coronación canónica en 1949, una prenda magnífica de estilo renacimiento, hecha de tisú de plata fina con oro fino de alto relieve. A su espalda, la imagen porta cuatro rosarios. «Hemos pedido para que Pili nos ayude desde el cielo y para que luzca muy linda», ha dicho Herrera visiblemente emocionada.

El estandarte

Encabezará el cortejo, a modo de cruz de guía, el estandarte que los cacereños regalaron a su patrona en 2006 con motivo del centenario de la declaración del patronazgo canónico de la Virgen sobre la ciudad. Obra de María Jesús Trejo, es blanco, ribeteado en bordados de oro, con una imagen de la talla en el centro sobre la que se lee su título de Madre de la Divina Gracia.

Por primera vez ya no será el mismo turno quien saque a la Virgen del santuario y la meta en Santa María

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Le seguirán los niños (alrededor de 60, que igual que el resto de los hermanos vestirán con túnica azul cielo, capelina, guantes y cinturón blancos, y zapato negro), los trajes regionales, las cofradías de gloria, las patronales, la de Argeme de Coria y la Real Asociación de Caballeros y Damas de Guadalupe. Luego, la banda municipal, justo delante de la réplica del pendón de San Jorge, símbolo de la reconquista de Cáceres por las tropas de Alfonso IX de León, que irá encabezando a la corporación; y el estandarte de la cofradía, conocido como primigenio, de raso, con un medallón de plata en el centro que reproduce en oro la imagen de la Virgen. Compondrán igualmente el cortejo las instituciones hermanas de honor de la cofradía, que son el ayuntamiento, la diputación, el Cefot y la Guardia Civil. No faltarán las guiadoras. El paso será escoltado por la Guardia Civil, seguido de monseñor Jesús Pulido, que se estrena en el cargo. Quien no podrá acudir será el alcalde, Luis Salaya, ausente por coronavirus, ni el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, que sí estará presente en el pregón.

A buen seguro, la patrona lucirá espléndida. Sobre su sien, la corona de diario, circular de plata dorada, elaborada con las joyas que sobraron de la comunmente denominada ‘Corona buena’, fabricada en 1924 por el joyero madrileño Félix Granda, de cruces de rubíes, oro, brillantes, zafiros y esmeraldas, cuajada de diamantes, por la que se pagaron 150.000 pesetas. Esa corona fue fruto de las donaciones de miles de devotos anónimos con motivo de la coronación canónica de la patrona, privilegio concedido por su antigüedad, milagros y devoción popular. La joya original la portará durante todo el Novenario.

Llevará flores blancas (conocidas como euros; una especie de margarita), que se han comprado en Bouquet. La camarera de ornato, Pilar Campos, lamentó ayer la falta de existencias. «En la cofradía nos dicen que no hay dinero». Tocará cambiar menos las flores y echarles más agua para que aguanten. 

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