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El Periódico Extremadura

ASÍ SE GESTIONA EL MUSEO PROVINCIAL: UN CUARTO DE SIGLO EN LOS FOGONES DE LA HISTORIA

Veinticinco años protegiendo los grandes tesoros de Cáceres

Juan Valadés lleva desde 1997 al frente del museo depositario de la historia cacereña, con piezas de hasta 350.000 años. Pocos recintos provinciales de este tipo son tan visitados por los turistas, pero el director echa de menos a los propios cacereños

Juan Valadés Sierra, en el claustro de la Casa de las Veletas (siglo XVI), que alberga las secciones de Arqueología y Etnografía del Museo de Cáceres. SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

Cada hora, cada día y cada mes durante un cuarto de siglo, ha sido el responsable de la conservación de útiles líticos con cientos de miles de años, de frágiles vidrios romanos, de metales delicados con milenios de historia, de finas cerámicas o de indumentaria textil muy sensible que retrata la vida de otros siglos. Pero también de gestionar la llegada de todo el patrimonio que se descubre en la provincia, de los actos culturales para su divulgación, de las decenas de miles de visitasJuan Valadés Sierra (Badajoz, 1962) cumple 25 años como director del Museo de Cáceres, una ciudad de la que sabe (casi) todo. Auténtico erudito, investigador, enamorado de la Historia y del Arte, no lo duda: «Estoy en el sitio donde siempre he querido estar».

No es habitual permanecer tanto tiempo al frente. Otros solo estuvieron meses camino de nuevos destinos. Pero Juan Valadés, que pasó su niñez en Leganés por el trabajo de su familia y se licenció en Geografía e Historia (especialidad Prehistoria y Etnografía) por la Universidad Complutense, fue nº 1 nacional en la oposición del Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museo y siempre tuvo muy claro que quería desarrollar su profesión en Extremadura. «Cuando me ofrecieron la plaza en Cáceres en 1997, no me lo pensé dos veces. Me lo propuse como un plan de vida. Nunca me he arrepentido».

Tras lograr el puesto número 1 en la oposición nacional del Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museo, tuvo la oportunidad de regresar a Extremadura. No lo dudó.

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En mayo hará de aquello 25 años. Juan Valadés ya se ha convertido en el segundo director más longevo en su cargo tras Miguel Ángel Ortí Belmonte (1921-1951). Hombre discreto y eficiente según coinciden quienes le conocen, es a la vez exigente en su eterna defensa del museo, y su primer divulgador. Porque ni siquiera muchos cacereños saben que esta ciudad no tiene un museo cualquiera. «La presencia del Calerizo, uno de los enclaves de la península con huellas más antiguas de vida animal y humana, permite que el recinto albergue fondos de hasta 350.000 años procedentes de la cueva de Santa Ana, en concreto piezas de industria lítica (bifaces, cantos trabajados, un triedro de cuarcita muy significativo...)», detalla Juan Valadés. O las piezas del yacimiento achelense de Rincón del Obispo, y de las terrazas del río Alagón, todas del Paleolítico Inferior.

Y por supuesto, fondos del Tesoro de Serradilla (de la época orientalizante, entre los siglos VIII y V a. C) y del Tesoro del Yacimiento de Pajares en Villanueva de la Vera (desde la Edad del Bronce a la del Hierro). «Destaca la colección de estelas del final del Calcolítico hasta principios de la Edad del Hierro, entre las más valiosas de España junto con la de Badajoz», subraya Valadés. Otro lugar muy destacado lo ocupa la escultura ‘thoracata’ en bronce fundido y dorado (siglos I a.C. - II d.C) hallada en el Mayoralgo. Ni qué decir tiene el aljibe de arquitectura islámica (siglos X-XII) que atrae el interés de turistas de medio mundo. Y otros dos fondos que, aunque no lo diga explícitamente, son muy especiales para el director: el cuadro de ‘Jesús Salvador’, de El Greco, y esa Sección de Etnografía tan completa que habla por sí sola de la historia. «Podemos considerar sus piezas como auténticos testigos de tiempos que ya desaparecieron», destaca.

Y además, el Museo de Cáceres ‘tutela’ Maltravieso desde su hallazgo en 1923, «ya que su descubridor, Carlos Callejo, fue también conservador del mismo», recuerda Valadés. Y esta cueva sí que constituye la gran referencia de la valía histórica de Cáceres, porque una investigación ha constatado que alberga las primeras manifestaciones de arte rupestre del mundo (mano pintada en negativo), con una antigüedad de 66.700 años.

Tiene bajo su gestión más de 50.000 fondos, de los que el público puede contemplar unos 2.000

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Son solo los ejemplos más brillantes del patrimonio que gestiona el Museo de Cáceres, «porque en realidad conservamos más de 50.000 piezas de las que solo pueden mostrarse unas 2.000 en la exposición permanente, que se ampliará y se hará más dinámica cuando se acometa la reforma proyectada», anuncia. Lo mismo suele ocurrir en otros museos arqueológicos provinciales, «puesto que por ley recibimos todos los restos de las excavaciones, así como los hallazgos casuales por obras u otras circunstancias». El de Cáceres es por tanto el auténtico depositario de la larga historia de este territorio, una responsabilidad que Juan Valadés también gestiona desde 1997.

 «Todos los meses registramos ingresos de piezas arqueológicas. Durante años fueron más numerosas por las obras de las autovías, luego por las obras del AVE y ahora por la construcción de las fotovoltaicas», desvela. Estos fondos van directamente al almacén externo donde se conservan todas las piezas que no se exponen y cuya ubicación se mantiene en secreto por seguridad. «Poco a poco se van inventariando por parte de un técnico superior en Arqueología. Cuando la entrega la realizan otros profesionales, ellos mismos ya han realizado una primera valoración que ayuda a agilizar el proceso. Tenemos en torno a 10.000 cajas de materiales y cada una alberga un número variable de piezas», calcula el director.

Curiosamente, el museo también recibe los ‘botines’ intervenidos por la policía en operaciones contra el expolio. Son los denominados ‘depósitos judiciales’. «El juez los incauta, nosotros realizamos una valoración económica para estimar el daño causado de cara a un posible juicio, y permanecen aquí en custodia hasta que existe una sentencia», detalla Juan Valadés. En muchos casos, pasan a formar parte del museo. Por cierto que en febrero se ha recibido un depósito especialmente numeroso, de 12.000 piezas, algunas con más de 100.000 años, incautadas a un arqueólogo.

En España, la mayoría de los museos arqueológicos se retrotraen exclusivamente a la primera presencia humana en cada provincia, pero el de Cáceres forma parte de un grupo singular que abarca todo un arco cronológico desde el Paleolítico Inferior hasta el arte contemporáneo. Su sección de Bellas Artes, donde se encuentra el cuadro de El Greco, llega hasta finales del siglo XX aunque ya existen piezas de las últimas tendencias del siglo XXI adquiridas por la Junta y pendientes de exponerse tras la próxima reforma.

 Además de Arqueología y Bellas Artes, tiene una tercera sección de Etnografía con una larga serie de elementos de artesanía popular: muestras de cobres, cerámicas, enseres pastoriles y domésticos, trajes y textiles, orfebrería, utillaje y mobiliario. «Hemos conseguido algo que es muy poco frecuente: el equilibrio entre las tres secciones», valora el director.

Por este trabajo que ha realizado el equipo del museo durante muchos años, no es casualidad que sea el de mayor afluencia de cuantos dependen de la Junta de Extremadura, con más de 160.000 visitas anuales antes de la pandemia, cifras que comienzan a recuperarse. Si se compara con otros recintos provinciales similares, su afluencia se dispara: está en el Tercer Conjunto Monumental de Europa, posee un aljibe extraordinario y un legado prehistórico muy interesante.

La tarea más compleja

Y esta es precisamente la parte más compleja para el director de museo, más incluso que la gestión de los fondos. «Tantas miles de personas suponen una presión importante sobre las instalaciones, sobre la limpieza, sobre la higiene, sobre los trabajadores, sobre la necesidad de tener listos decenas de miles de folletos… Muchas veces con los mismos recursos generales de otros museos», reconoce Juan Valadés.

Sin embargo, valora el avance en dos aspectos muy importantes. «Primero, la seguridad. Cuando yo llegué cerrábamos a mediodía, nos íbamos a casa y a rezar para que no pasara nada. Aquella alarma se disparaba continuamente y tenía que acudir personalmente a ver si había pasado algo. Ahora disponemos de vigilancia las 24 horas con personal especializado, sistemas de circuito cerrado de televisión y sensores de ultrasonido. En segundo lugar, el personal, ya que hemos pasado de 8 vigilantes y 1 ordenanza, a 17 vigilantes y 5 ordenanzas», destaca.

Dotaciones para un museo muy visitado, aunque no precisamente por los propios cacereños. Juan Valadés echa en falta una mayor asistencia, un mayor interés por su historia. «Muchos conocen el aljibe, pero también son muchos los que no han reparado en el resto del museo. Parte de la sección de Arqueología se transita para bajar al aljibe, y parte de Bellas Artes también se recorre para llegar a la salida. Pero otras salas y la sección de Etnografía son muy desconocidas, sin ir más lejos la sala 17, donde está la pintura de El Greco», lamenta Valadés.

Reconoce que a veces «resulta frustrante acoger iniciativas realmente buenas a las que ni la ciudadanía ni los medios le prestan la atención que merecen», pero en su prudencia enarbola una excusa que él mismo sabe que no excusa nada: «Esto no ocurre solo en Cáceres, desgraciadamente pasa en otras ciudades. No se valora lo propio».

De todos modos, Valadés nunca se da por vencido y sabe que los museos siempre tendrán un espacio indispensable. Porque las nuevas tecnologías, expertas en sustituirlo todo, podrán crear exposiciones virtuales, réplicas en 3D, muestras interactivas y copias en el Metaverso, «pero por muy perfecta que sea una imagen digital, nunca sustituirá el privilegio de contemplar la historia en versión original», concluye.

EN PRIVADO...

--¿Qué cuadro le encantaría tener en su museo?

--Una Virgen de Luis de Morales.

--¿Un escultor con el que pasar una jornada en su taller?

--Sin duda, Miguel Ángel.

--Le permiten viajar una semana a cualquier época histórica…

--Elegiría Cáceres en 1890. Llevo un tiempo investigando sobre indumentaria tradicional. Para ello reviso numerosa documentación antigua, inventarios de bienes, cartas de dotes, testamentarías, etc…, que me permiten estudiar la evolución de la indumentaria a lo largo de los siglos XVIII y XIX. He leído tantos fondos en torno a 1890 que estoy seguro de que conocería a media ciudad. Me encantaría verles realmente, sus casas, su vida…

--Es un gran aficionado al Atlético de Madrid. ¿A cuál de sus entrenadores o jugadores le ofrecería la visita guiada más gustosa? 

--Lo tengo muy claro, a Adelardo Rodríguez, natural de Badajoz, uno de los mejores jugadores de la historia y un gran capitán. Fue mi ídolo desde pequeño.

--¿Debería ser gratuita la entrada a todos los museos del mundo?

--No soy de esa opinión, porque lo que no se paga, al final tampoco se valora. Eso sí, nunca se debe cobrar más allá de un precio simbólico. Ahora bien, cualquier cobro nos supondría un auténtico quebradero de cabeza a los museos porque exigiría nuevos trámites administrativos, de gestión del dinero, seguridad especial para el traslado de fondos… Y nunca serían beneficios para los propios recintos. 

--¿El momento más agradable de estos 25 años?

--Cuando celebramos en 2008 el 75 aniversario de la instalación del Museo de Cáceres en la Casa de las Veletas. Conseguimos reunir a todos los directores que habían pasado por aquí. Fue una jornada fantástica porque lo vivimos toda la plantilla muy unidos con una exposición conmemorativa, una comida… Fue el mejor día.

--¿Y qué instante borraría?

--La inauguración de una fantástica exposición fotográfica sobre el Patrimonio de la Humanidad que alberga Portugal. No lo olvido porque solo fuimos cuatro personas, y dos de ellas éramos el fotógrafo y yo. Me dolió mucho, el artista venía con toda la ilusión y había hecho un gran trabajo. Fue un momento duro. Afortunadamente eso ya no ocurre porque la Asociación de Amigos del Museo tiene un gran interés y una gran implicación. Con 500 socios, ha sido el mayor apoyo que he tenido desde que reactivamos el colectivo. Siempre están ahí para lo que sea necesario, incluso costean la estancia de los conferenciantes.

--¿Qué ministros han pasado por el museo en este cuarto de siglo?

--Esperanza Aguirre y Ángeles González Sinde, ambas de Cultura. Antes lo hicieron el rey Juan Carlos (1972) y el Príncipe de Asturias (1995). Sí, vienen personalidades pero casi siempre de forma privada. El último ha sido Ian Gibson. La verdad es que hemos entablado muy buena relación y estamos intercambiando publicaciones porque se encuentra bastante interesado por temas de arqueología de la provincia, en particular por la búsqueda de Turobriga y de restos de la diosa Ataecina.


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