"La seguridad de los ciudadanos y del patrimonio está por encima de cualquier cosa". En estos términos se expresó este lunes el concejal Andrés Licerán tras las polémicas que se han producido esta pasada semana en relación a los métodos empleados por el ayuntamiento para atajar la sobrepoblación de jabalíes y palomas. 

En declaraciones públicas que realizó al término de una rueda de prensa en la que se presentó el concurso de albañilería, el edil defendió la actuación municipal en ambos casos y sostuvo que desde el primer momento han sido «muy prudentes» sobre las posibilidades y las alternativas para dar respuesta a ambas situaciones. En ese sentido, aseguró que desde el primer momento se ha puesto en marcha «medidas blandas» y que hasta ahora no había sido necesario poner sobre la mesa otro tipo de actuaciones «más drásticas» pero incidió en que sí se ha hecho así, la única motivación responde a la protección de los vecinos y del patrimonio. 

En la primera de las circunstancias, hace mención a la polémica con los jabalíes. Ya hace meses, con mayor frecuencia durante el confinamiento, ha sido habitual la estampa de piaras de hasta una decena de animales en el entorno urbano buscando alimento. Los últimos avistamientos hasta la fecha habían tenido lugar en SanBlas y en el paseo Alto, pero la pasada semana fue el parque del Príncipe, una zona de paso continuo de familias cacereñas con niños, y esta situación obligó a clausurar el recinto.

Tras estudiar medidas el ayuntamiento decidió poner en marcha un plan de choque y tras estudiar medidas decidió que los animales serían abatidos con flechas. El ayuntamiento puso en marcha esta actuación con Fedexcaza. La justificación de usar flechas y no escopetas, como cacereños sugirieron, se encuentra en que los jabalíes se hallaban en un entorno completamente urbano y ante el sonido de los disparos podían huir hacia un espacio donde supusiera más peligro para los ciudadanos. 

Así, después de una noche en la que no había trascendido aún a la opinión pública este método, arqueros consiguieron abatir a dos de los animales y el resto, otros nueve, huyeron hacia el cerro, presumiblemente por el Olivar de los Frailes.

Tras lo ocurrido y una vez comprobado que no se encontraban ejemplares en el recinto, se reabrió el parque y se dio el aviso para que este plan de choque con arqueros se extienda a otras zonas residenciales susceptibles de sufrir incidentes similares. Sobre el asunto se pronunciaron colectivos como Una Extremadura Digna, que pidió estudiar otras medidas que no fueran la muerte, e incluso Pacma anunció que acudiría a los tribunales. 

Coincideron estas críticas con que días más tarde se hicieron públicas unas imágenes en las que se mostraba al menos una decena de palomas muertas en una jaula de captura ubicada en la azotea del ayuntamiento.

Esta pajarera había sido instalada dentro del contrato con una empresa de Navarra para atajar el problema de sobrepoblación de aves que afecta, en argumento del propio consistorio, a la muralla y al resto de especies. El consistorio respondió a la polémica aplazando el traslado de palomas hasta otoño, con la bajada de las temperaturas, y ampliando los días de recogida.