Kiosco

El Periódico Extremadura

el blog del cronista

Los usos del agua

Viejos Problemas que tardarían siglos en superarse en una villa que ancestralmente tuvo difícil el acceso al agua.

Ribera del Marco. JOSE PEDRO JIMENEZ

Cuando llegaba el calor a la vieja villa y empezaba a escasear el agua que discurría por el cauce de la Ribera del Marco, surgían conflictos entre los diferentes gremios que, desde tiempos inmemoriales, necesitaban de un caudal necesario para que sus oficios no dejasen de ser rentables. Molineros, hortelanos, aguadores, lavanderas o curtidores dependían del agua de manera especial en los tórridos y extensos veranos locales.

Los molinos no podían mover sus pesadas piedras necesitadas de la fuerza del agua, los hortelanos tenían serios problemas cuando debían regar con más asiduidad sus terrenos para no perder las cosechas, los aguadores aumentaban sus solicitudes de acarrear agua a los hogares debido al calor imperante, las lavanderas notaban la falta de agua en los lavaderos y en consecuencia también advertían como menguaban sus escasos ingresos y la importante industria del curtido cacereño debía contener su actividad cuando el agua necesaria para desarrollar su trabajo faltaba . El problema de la falta de agua era cíclico, en una ciudad que siempre fue sobria en cuanto a la administración de sus recursos hídricos. Un inconveniente que afectaba a precios de productos básicos como el pan o el calzado. Por ello se establecían una serie de normas que, desde el siglo XV, regulaban todo lo relativo al uso del agua en la llamada ‘Ordenanza del agua de la Ribera’. A pesar de ello, cuando los años eran escasos de lluvia surgía la picaresca o el abuso.

En el verano de 1781 , el caballero diputado del Común de los vecinos de la villa cacereña Francisco Javier Rodríguez, solicita que sean investigados los molineros de la ribera que amparándose en la bajada del caudal necesario para mover las piedras de moler se estaba produciendo una elevada subida del precio del pan. Según el Diputado, cada vez salían menos panes de cada fanega de trigo , por lo que se especula que los molineros alteran el peso de la harina, notándose como la mayoría se enriquecen en poco tiempo. Se solicita que el corregidor de la villa publique un bando para que al menos salgan 44 panes de cada fanega de trigo, ni uno menos, para abaratar el precio del pan, el alimento básico y esencial de la población a lo largo de la historia.

En 1783, año parco en lluvias, los tratantes de curtidos de la villa cacereña se dirigen al Juez Corregidor para que cuando llegue el verano se les mantenga en la posesión de tomar agua del cauce de la Ribera para el normal funcionamiento de las industrias de curtidos y manufacturas ante la opinión de algunos molineros y hortelanos partidarios de revocar los derechos centenarios que los curtidores tenían con respecto al uso del agua. Después de un litigio donde los curtidores amenazan con cerrar sus tenerías con el menoscabo que ello tiene para la población, especialmente para el gremio de los zapateros que necesitan de los cueros para desarrollar su trabajo, se decide que declaren ante la justicia tanto hortelanos como molineros y curtidores, acordando el Ayuntamiento que los curtidores de la Ribera puedan seguir utilizando las aguas sin incurrir en delito alguno.

Otras veces son los hortelanos los que denuncian el abuso de los molineros o los zapateros los que se quejan de la falta de cuero en las tenerías para realizar su trabajo o la población en general que sufre los cortes de agua en las fuentes públicas para que estas se puedan recuperar. Viejos Problemas que tardarían siglos en superarse en una villa que ancestralmente tuvo difícil el acceso al agua.

Compartir el artículo

stats