Cáceres, la ciudad del funcionariado, nunca ha dibujado en su contemporáneo imaginario a los que cuidan de la tierra. Mas al contrario ha caminado pensando que los agricultores, ganaderos y hortelanos eran un vago recuerdo de otro tiempo y han vagado a sus espaldas. Sin embargo, los hombres y mujeres que labran el terruño están ahí y cuando aparecen, todos los miran como rara avis, incluso hay quienes los critican, olvidando el yugo de un pasado de terratenientes que dominaban el palacio y la prebenda.

Han llegado esta semana los labriegos a alterar la cómoda atalaya de la política, esa que a veces impide a la poltrona ver el bosque porque hay demasiadas ramas en este julio que amanece acalorado en las alargadas tardes en las que cantan las chicharras a orillas de la Ribera.

Han entrado en el palacio consistorial (perdiendo, eso sí, las formas un señor de Asaja) pero desesperados los otros, los 24, después de que la Fundación Valhondo (por un mandato legal, eso también) quiera sacar a subasta las tierras de su propiedad en las que estas familias trabajan, algunas desde hace 50 años o más.

La fundación depende de la Subdelegación del Gobierno, una institución que por el momento ha declinado explicar a la opinión pública las razones que han motivado su decisión.

Efectivamente no era el salón de plenos el lugar adecuado para visibilizar la protesta, ni hay motivos para justificar la interrupción de un pleno a través de la algarabía y a golpe, todo hay que decirlo, de luz y de taquígrafos para que se escuche el pataleo. Puesto que la fundación no ha estado acertada porque debería haber informado, queda, por tanto, la opinión de los afectados ya que resulta imposible contrastar una información si una parte ha decidido no hacerlo.

Imagen de la Ribera del Marco. EL PERIÓDICO

El proletariado es siempre honesto. Por eso el proletariado defiende honestamente que la tierra es para quien la trabaja, y por eso se para el aire al escuchar el testimonio de David Nevado, uno de los 24. Su historia es esta:

Cuando Calixto Nevado y Francisca Guerra se casaron, se fueron a vivir a la finca La Alberquilla, situada a la altura del cruce de Sierra de Fuentes, donde Calixto trabajaba como guarda. Era La Alberquilla una finca con muchos empleados propiedad de Fernando Valhondo Calaff, un hombre soltero e inmensamente rico, que nació en Cáceres en 1865 y falleció en Madrid en el año 37. La Alberquilla era una propiedad de 380 hectáreas donde no faltaba el ganado trashumante que traía de Castilla un señor llamado Fernando Gómez . Disponían las tierras de una casa con su cocina de leña, su zaguán y sus dormitorios, en la que residían Calixto y Francisca, que fueron padres de cuatro hijos: Antonio, Domingo, María de los Ángeles y Maribel.

Los dos hijos varones del matrimonio pasaron parte de su infancia en La Alberquilla. Acudían a una pequeña escuela que había en la Lagartera, otra finca situada a cuatro kilómetros, a la que los pequeños Antonio y Domingo llegaban andando y a veces a lomos de una burrita. Allí daba clase una prima hermana de la familia, Petra Carralero, que fue la encargada de enseñarles las primeras lecciones.

Pero el empeño de Calixto y de Francisca era garantizar a sus hijos las condiciones necesarias para asegurarles un futuro mejor, y así fue como Domingo, con 6 años, y Antonio, con un año y pico menos, llegaron a Cáceres, a casa de unos compadres llamados Marcelo y Juana que vivían en el número 8 de la calle San Felipe, donde estaba la zona de Reclutamiento y Movilización (el actual párking de Galarza).

En la casa de los compadres estuvieron los Nevado durante dos años. Transcurrido ese tiempo se marcharon al número 10 de la calle Margallo, a una vivienda propiedad de la fundación creada tras el fallecimiento de Fernando Valhondo, quien sin hijos ni herederos directos, había legado su fortuna en primera instancia y solo mientras viviera, a un trabajador de su confianza, Ramón Criado, aunque ordenó que a la muerte de éste debía crearse la Fundación Valhondo, dedicada, entre otras cosas, a ofrecer ayudas a la educación en Cáceres. Así lo estipuló en su testamento el benefactor don Fernando, que cuentan selló su última voluntad en la habitación del Hotel Inglés en Madrid, donde murió.

Domingo, uno de los hijos de Calixto y de Francisca, fue director de Caja Duero y concejal. Casado con Mari Carmen Lagarejos son padres de dos hijos: Alberto y David. Y David es el último eslabón de los Nevado en La Alberquilla. A los 18 años le compró el ganado a su abuelo. Tiene 40. Desde entonces trabaja esta explotación de algo más de 300 hectáreas, donde cría vacas y ovejas. Ha adecentado el cortijo y allí reside junto a su mujer y la hija de 8 meses. Si pierde la finca, pierde el pan. Por las noches le cuesta mucho conciliar el sueño ante la incertidumbre en la que habita estos días.

No es solo David. Son muchos los que lucharon por la tierra, dentro y fuera de la Ribera, en el Marco, en la Alberquilla, por el este, por el norte, hacia el sur. Trabajaron sin desmayo, desde hace generaciones para cultivar con su sudor el pan de sus hijos. Que no se nos desmoronen sus raíces. Suerte a Los 24.