Los que estén a dieta no lo pasarán bien. Verlas y no probarlas será decisión complicada. Solo podrán resistirse aquellos que estén dotados de una fuerte personalidad y, aun así, probablemente acaben con la mítica excusa: «Un día es un día. Hoy hago una excepción». Nos referimos a todos esos comensales que acudan a la Pastelería Imperial (situada en la cacereña avenida Ruta de la Plata) para disfrutar de una palmera de chocolate tan sencilla como fabulosa. Aquí la pinta no engaña.

«El hojaldre de la palmera se hace con las materias primas básicas: harina, huevos y mantequilla», explica José Marcelo Giraldo, propietario de uno de los establecimientos más dulces y con más solera de Extremadura, que dio sus primeros pasos en 1972. De hecho, destaca a El Periódico Extremadura que la masa que se lamina no contiene «ni azúcar», sino que esta se añade después para evitar que se pegue y que quede bastante más deliciosa.

«Entre amasar, doblar el hojaldre y cortarlo, hornear... siendo el bañado en chocolate el último paso. Y el ingrediente más importante es el secreto que heredé de mi padre. Por lo que en total, el proceso de elaboración de las palmeras de chocolate en el obrador se extiende unas cuatro o cinco horas», comenta Giraldo.

Masa de hojaldre. CarlaGraw

Como señala el pastelero, el último paso es el bañado y posterior secado. «Tiene que ser un chocolate de calidad, porque así se nota en el brillo. Realizamos sobre todo palmeras normales, de chocolate con leche, a veces de chocolate blanco, las relleno de yemas, con mermelada de fresa o de naranja... Muchos fines de semana vienen los bomberos y se llevan 20 palmeras», apunta.

Palmeras al horno. CarlaGraw

Su buen trabajo con el hojaldre se deja ver en numerosas elaboraciones, siendo la palmera una de las favoritas de los cacereños. Irresistible al paladar y solamente por la textura, ya vale la pena probarlas. Un contraste de pureza y crujiente. Excelente opción para cualquier momento del día: desayuno, merienda, postre…

Una de sus especialidades

«Es una de nuestras especialidades y tiene mucho éxito entre la gente, eso y la bamba, el trabuco, el cacereño, pastel de trufa, tartas... Todo lo hacemos artesano, con mimo, dedicación y por esas razones se nota en el sabor. Y es ahí donde esta la clave del éxito: apostar por lo hecho a mano. Por lo trabajado», expresa desde su emblemático obrador que posee un solete de la Guía Repsol.

Unos cuentan que es lugar para inspirarse, otros que es perfecto para relajarse y algunos simplemente van allí porque les encanta saborear una suculenta carta. Partiendo de una larga experiencia familiar, tratan de aunar tradición e innovación y van adaptándose a las necesidades, cambios y evolución del mercado. Un gran mostrador de cristal da la oportunidad al cliente de poder ver las creaciones culinarias que parten de su horno. El objetivo de La Imperial es que los comensales disfruten y abandonen esta cafetería satisfechos. Palmeras de chocolate que se derriten en la boca y que son toda una fiesta del sabor