Opinión
El libro de mi vida
En «Cáceres ACB» intento contar todo (bueno, casi todo) lo que pasó aquellos años

. / Carla Graw
Pues sí, por una vez me asomo a estas páginas para hablar de mí. Yo también tuve mi inenarrable momento de gloria dentro de una tarde llena de nostalgia. Ejercí de ‘telonero’ del Cáceres CB que logró el ascenso a la Liga ACB y que recibió con todo merecimiento la Medalla de la Ciudad. Mi papel consistió, un par de horas antes, en presentar en el mismo escenario el libro que conmemora aquello y las once temporadas posteriores en la élite. Se titula Cáceres ACB. Los años dorados del baloncesto cacereño (1991-2003) y ha sido impulsado por ayuntamiento y diputación además de contar con el apoyo de la Federación Extremeña de Baloncesto, varias empresas locales (¡gracias!), Gigantes del Basket y El Periódico Extremadura, donde curro precisamente desde el año del ascenso, 1992.
Me cuesta encontrar en mi recorrido profesional un honor más grande que haber podido contar todo lo que pasó (bueno, casi todo) en un volumen que tiene 304 páginas y 120 fotografías. He publicado otros tres antes, pero mi sensación fue completamente distinta cuando los elaboré y vieron la luz. Este es el libro de mi vida, aunque no hable de mí. Eso toca hoy. Pido perdón por adelantado.
Aquella temporada del tremendo e inimaginable éxito la empecé en la grada como abonado. Me encantaba el baloncesto y era una oportunidad fantástica ver al Cáceres CB por primera vez en su historia en la entonces denominada Primera B, lo que sería la actual LEB Oro. Así es que junté unos duros (o más bien me lo pagaron mis padres) y compré el carnet en una minúscula sede ubicada en la calle Arturo Aranguren.
Pronto recibí un encargo especial: mi hermano José María, el actual jefe de Deportes en este periódico y que entonces había conseguido la corresponsalía de Gigantes, me pidió que le ayudase cogiendo las estadísticas de los partidos para enviarlas a la revista. Guay, ¿no?
Era solo el inicio de una gran aventura para un chico de 17 años que estudiaba COU en el colegio San Antonio (dios, me prometí a mí mismo que no hablaría de mí mismo en tercera persona). A los pocos meses, a finales de enero de 1992, me vieron espabilado en la redacción del Extremadura cuando iba allí a llevar encargos de la confitería familiar y me propusieron que les echase una mano los fines de semana en tareas mecánicas como coger crónicas por teléfono, cortar teletipos o llamar a los cuarteles de la Guardia Civil para preguntar los resultados de Regional Preferente. Rápidamente se fueron ampliando a escribir sobre el Cáceres CB, sobre todo haciendo entrevistas a los protagonistas tras los partidos. Aquello cambiaría mi vida para siempre. Mis amigos lo flipaban en el botellón que solíamos comprar en el Tambo de Rodríguez de Ledesma. El puto Piculo, qué suerte tiene.
Para mi asombro, y mientras lidiaba con unas notas francamente mejorables, pasé de la grada a la improvisada tribuna de prensa de la Ciudad Deportiva y mi abono lo usó mi añorado padre, que se había convertido, como tantos otros en Cáceres, en un fanático del equipo. Y desde allí viví la celebérrima canasta de Jordi Freixanet. Una parte de mí la disfrutó como nadie y la otra ya estaba pensando en cómo contribuir a que las tropecientas páginas que publicamos el día siguiente estuviesen a la altura de algo que ya sabíamos histórico. El día siguiente tenía examen de Filosofía, pero... ¿a quién le importa Ludwig Wittgenstein cuando te ocurre algo así? Llegué sin dormir y saqué un huevo.
Dejo de aburrir con mis batallitas de señor mayor ególatra, pero antes les cuento la última, un recuerdo que había sepultado y que desbloqueé haciendo el libro: estuve a punto de no asistir al partido de mi vida. En la redacción me dijeron que no podía ser, que había mucho trabajo aquella tarde, que había que ocuparse de la Tercera de fútbol y demás. Me eché a llorar delante de todos de la tristeza brutal que me entró. ¿Cómo iba yo a perderme aquello? Viendo mis lágrimas se apiadaron de mí y finalmente me dejaron ir. ¡Menos mal!
* Redactor de El Periódico Extremadura y autor de «Cáceres ACB. Los años dorados del baloncesto cacereño (1991-2003)»
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