LA MIRADA

Nos vamos de romería

El 4 de febrero Cáceres volverá a tener una cita en San Blas, la misma que hace cinco siglos

Imagen de la última edición de la Romería de San Blas, en Cáceres.

Imagen de la última edición de la Romería de San Blas, en Cáceres. / EL PERIÓDICO

Antonio Pariente

Antonio Pariente

Llevamos más de un mes dándole vueltas a las celebraciones navideñas, y ya es hora de pasar página. A pesar de que las luces todavía estén puestas, pero no encendidas, eso quiere decir que lo que pasó, pasó y punto. ¿Con qué nos encontramos ahora? ¿Con la cuesta de enero? ¿Con algún kilo de más?... Puede ser, pero nada de venirse abajo; la ciudad nos ofrece en adelante otros atractivos que un cacereño de pura cepa no puede perderse, así que... ¡Arriba los ánimos! Que hay mucho que vivir.

Me gustó bastante la campaña del Cacereño SAD para la captación de socios de la presente temporada. En ella se enumeraban una serie de cosas que un cacereño de siempre tiene que hacer todos los años, además de inscribirse como socio del decano del fútbol extremeño, y otras cuestiones que tienen más o menos su importancia. Y allí aparecía que aquel que se sienta de esta ciudad, no puede faltar a la ROMERÍA DE SAN BLAS, comprar el cordón del santo y degustar la rosca típica; es un hábito imposible de dejar de cumplir.

A esto me refería con lo que decía al principio. Un par de semanas antes ya vamos preparando el tema con la romería del Paseo Alto: los Mártires van calentando el ambiente para lo que sucederá el 4 de febrero, sábado.

Desde que en el glorioso siglo XVI cacereño, sus habitantes, cada tarde del 2 de febrero salían de las murallas, cruzaban el Río Verde y se desplazaban a los huertos y eras que rodeaban la ermita, ha pasado mucho tiempo, pero hoy seguimos haciendo lo mismo. La llamada del santo protector de las gargantas y del buen hablar, sigue resonado en la mente de los habitantes de Qazrix.

Los sones del Redoble y de otros grupos folklóricos nos esperan en la explanada para deleitar nuestros oídos y hacer que se muevan nuestros pies con la emoción de lo que estamos viendo y oyendo.

El paseo por la avenida de las familias acompañadas de sus hijos e hijas, ataviados/as con el traje típico, configura una amalgama de colores, sones y algún que otro rezo, que se hacen imprescindibles en Cáceres los primeros días de febrero.

El recuerdo de los que en estos últimos años nos dejaron y deberían estar aquí, puede que nos haga tragar saliva, y nos produzca alguna lágrima, pero enseguida retomamos el aliento, porque sabemos que están cerca de nosotros.

¡Mucho ánimo para todos!