tribuna
El Febrero
No deja de ser curioso que el Carnaval cacereño solo haya conservado la fiesta de El Febrero como vestigio invariable

Fiesta del Pelele y las lavanderas en Cáceres. / SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

Desde que en 1989 un grupo de ancianos del Taller de Historia Oral de la Universidad Popular de Cáceres redimiese de la memoria colectiva la desaparecida fiesta de las lavanderas, han pasado muchas cosas, todas buenas, que han servido para asentar definitivamente una celebración pagana y popular en el repertorio festivo cacereño.
Gracias a la fiesta de El Febrero, la ciudad y sus gentes se han reencontrado con el Cáceres del arrabal, ese espacio de la ciudad donde vivían las familias humildes, el lugar de residencia de lavanderas, aguadores, caleros, hortelanos o zapateros, el Cáceres gremial y menesteroso. Son las señas de identidad arrabalera las que caracterizan a una fiesta diferente, protagonizada por mujeres trabajadoras y pobres que desarrollaban un áspero trabajo en los lavaderos de la ciudad.
Mujeres que aun siendo analfabetas en su mayoría nos han dejado una seña de identidad cultural que desde hace 34 años inicia el carnaval local. No deja de ser curioso que el carnaval cacereño, que tantos altibajos ha tenido en las últimas décadas, solo haya conservado la fiesta del Febrero como vestigio invariable en su celebración. Será que cuando la fiesta brota del pueblo no hay inclemencia que acabe con ella.
Rescatar la memoria de las sufridas lavanderas, también ha servido para poner en valor las vetustas fuentes y lavaderos que fueron testigos de su lucha diaria por la subsistencia. Se ha hecho justicia a su memoria con la denominación de una avenida de la ciudad con su nombre, coronando ese espacio urbano con una escultura relativa a mujeres que tanto trabajaron y tan poco reconocimiento disfrutó. Recuperar la memoria de las humildes era una necesidad para Cáceres y un acto de equidad para la historia local.
El próximo viernes, 17 de febrero serán miles los niños y abuelos que desfilaran por las calles de la ciudad portando sus peleles, este año pasaran cerca de Hinche y de Beltrán, recorrerán la avenida de las Lavanderas, pasaran por delante de su escultura y acabaran quemando en el cerro del Teso al maléfico mes de febrero, representado por un espantajo, como hicieron siglos atrás Lorenza la gata, Vicenta la farruca, Severiana la patillas o Gabina la chata. Todas ellas y algunas mas siguen presentes en la cultura popular cacereña gracias a su peculiar fiesta. El próximo viernes de carnaval se volverán a tomar coquillos y se danzará mientras miles de cacereños y cacereñas, de todo pelaje y condición, entonaran el himno de estas mujeres, nuestras progenitoras lavanderas, «en el lavadero te he visto lavar, te he visto las ligas y eran colorás».
*Cronista oficial de Cáceres y uno de los impulsores de la recuperación de la fiesta de Las lavanderas.
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