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preludio a la fiesta del febrero

Las lavanderas de Cáceres: de preparar coquillos a salir en un cómic

Alumnas de la Universidad Popular enseñan el ‘secreto’ de los dulces y escolares conocen la tradición con un tebeo de Fermín Solís como antesala a la quema del Pelele. La plaza ultima el montaje de la carpa

El alcalde prepara los dulces junto a las alumnas de la Universidad Popular en el Garaje 2.0.

El alcalde prepara los dulces junto a las alumnas de la Universidad Popular en el Garaje 2.0. / Carla Graw

Gema Guerra Benito

Gema Guerra Benito

Cáceres

Las lavanderas compartían todos sus secretos. Entre todas las horas que pasaban en las fuentes, de la Madrila a Hinche, custodiaban las tradiciones. De Lorenza La Gata, La Hermenegilda, Jerónima Rubio La moñica, Severiana La patilla, Catalina La tardasoma, Ángela La Polea o Catalina La Montachega queda ahora un recuerdo que a buen recaudo conservan los cronistas. En cuanto a sus secretos, que bien eran guardados, unos cuantos se habrán marchado con ellas y otros, por fortuna, se han convertido en herencia para generaciones. 

En ese legado se encuentra la fiesta del Febrero y todo lo que le rodea. Desde la elaboración del Pelele, protagonista de la fiesta que para su infortunio acabará siendo pasto de las llamas, hasta los rituales de la celebración. Uno de ellos, el más sabroso, es el que acompaña a la fiesta con sus dulces típicos.

El Febrero cacereño huele a canela y a anís. Para redondear la fiesta una vez que el muñeco de trapo ha sido pasto de las llamas se reparten coquillos y antes chupitos de aguardiente, ahora licor sin alcohol. Su receta, como gran secreto que es, la custodian unas cuantas elegidas que este martes quisieron compartir su destreza ante todos los que quisieron ejercer de público. 

Julia, Julia y María enseñan a elaborar coquillos en el Garaje 2.0.

Julia, Julia y María enseñan a elaborar coquillos en el Garaje 2.0. / Carla Graw

La cocina del Garaje 2.0 ejerció de anfitriona. Alumnas de la Universidad Popular (UP), principal impulsora de la recuperación del festejo, ofrecieron a los presentes una clase maestra sobre el plato y para fortuna de todos ellos, también una degustación. Julia, María y Julia, a los fogones. Ante la atenta mirada del aforo, enumeraban los pasos. «Primero hay que elaborar la masa --harina, aceite de oliva y huevos-- y luego dejarla reposar».

Incide Julia en el descanso de la masa. Más tarde, con la habilidad que solo otorga haber repetido la misma operación infinitas veces, corta la masa, la estira y la sumerge en el aceite de girasol hirviendo para que tome la forma. María completa la cadena y las reparte en bandejas y la otra Julia espolvorea la canela y el azúcar.

Aseguran que no hay secretos, que todas siguen la receta al pie de la letra, no obstante, sí confiesan que a pesar de contar con los mismos ingredientes y seguir los pasos, el sabor es algo único. «Nunca quedan igual», sostienen. Tardaban los mismos minutos en llenar la bandeja que los asistentes en vaciarla.

En el taller de cocina se vistió también el delantal de aprendiz el propio alcalde Luis Salaya, que hizo alarde de sus dotes culinarias con la repostería. Estuvieron presentes miembros del equipo de Gobierno como la concejala de Cultura, Fernanda Valdés, el concejal de Turismo, Jorge Villar, y la primera teniente de alcalde, María José Pulido. Los alumnos del programa Efeso también acudieron al taller. 

Escolares del colegio Las Delicias muestran unas páginas del cómic de Fermín Solís.

Escolares del colegio Las Delicias muestran unas páginas del cómic de Fermín Solís. / Carla Graw

Y si la primera parada era descubrir el secreto de los coquillos, el segundo fue recorrer su historia a través de las ilustraciones de Fermín Solís. Fue el colegio Las Delicias, por proximidad, uno de los más implicados con la fiesta de las lavanderas, el escenario en el que se hizo público el cómic que presentó el propio ilustrador cacereño y que cuenta con textos del cronista Fernando Jiménez Berrocal.

«Las lavaderas ocupaban el último escalón social, económico y cultural en sus pueblos y ciudades. Recogían la ropa los lunes pasando por las diferentes casas y las entregaban a finales de semana recibiendo el jornal acordado con las amas». Así arranca el tebeo que hace mención también a los lavaderos como «espacios de libertad», enumera remedios contra el frío el calor, recorre las principales fuentes y menciona la fiesta del Febrero. 

Un Pelele y una Pelela

El cómic ha sido editado por la Universidad Popular y entregado a todas las clases del colegio. El viernes, como cada año, celebrarán el ritual aunque lo harán con recorrido propio. En un principio iban a acompañar a la comitiva en el cambio de recorrido al paseo Alto pero con el regreso a la plaza, tomarán una ruta alternativa hasta Aguas Vivas. Allí, todos ataviados de lavanderas y aguadores, mantearán a su Pelele y a su Pelela, ya listos, y organizarán juegos durante la mañana. 

El Pelele y la Pelela del colegio Las Delicias.

El Pelele y la Pelela del colegio Las Delicias. / Carla Graw

Entre tanto preludio a la celebración del viernes, la plaza ultima ya el montaje de la carpa que acogerá las actividades previstas para que Cáceres celebre un año más su Carnaval.

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