el espacio del lector

Sin médico en Tornavacas

María del Pilar Lucas Hernández

Me cuentan que allá en mi pueblo natal (Tornavacas) se han quedado sin médico. En los concursos de traslados, los profesionales, lo cual es lícito, se van donde se les trate mejor. Se me abren las carnes con semejantes noticias y sé que no vale de mucho escribir porque escribir en España sigue siendo llorar y, lo peor, derramar lágrimas y que los responsables no se hagan eco del llanto. Hace tiempo que un amigo médico vaticinó lo que está sucediendo desde hace un tiempo y que no para de ir cuesta abajo y sin freno.

Auguraba que la pérdida de derechos iban a empezar a sentirla las comunidades más pobres. Y así está pasando. Extremadura ha padecido siempre el abandono más cruel por parte de los responsables políticos. Y pronto ni habrá extremeños. Es heroico resistir como habitante de la España vaciada. Población envejecida, pocos nacimientos y cada vez menos servicios.

Hay pocos sanitarios pues muchos se van al extranjero ante el maltrato y los que se quedan , con razón, se van a comunidades donde ganan más y se les machaca menos. Estaba cantado que llegaría momento en que nos pareciera estar en aquellos días sin seguridad social, en tiempos de pago de igualas, en que una enfermedad costaba la hacienda de una familia (como le pasó a mi bisabuelo por parte paterna) o , peor, la vida.

De aquello se pasó a que España gozara de un sistema sanitario pionero en el mundo, a contar con unos profesionales de excepción no remunerados como se debía y cuya inmolación salarial permitía gozar de una Sanidad bandera. Todo ello se ha ido viendo cómo se volatilizaba desde hace tiempo. La pandemia está acabando por dar el tiro de gracia a ese sistema de amparo de la salud, el bien más preciado.

¿Efectos? Profesionales sanitarios insuficientes y quemados y población desasistida. No hay derecho. Y mientras los políticos de cualquier signo parecen más preocupados por cuestiones baladíes que por las esenciales. Viven de espaldas a estas realidades acuciantes.

Hace no mucho la queja era la reducción de la plantilla de profesores en el Valle del Jerte, con el consiguiente menoscabo para maestros y alumnos. Sabido es el queme de este otro sector , el docente. Ahora, toca a la Sanidad. De no contestar a estas situaciones para que se les ponga remedio, agricultores , ganaderos y otros menestrales del rural serán especies en vía de extinción. En lugar de comer retinta, pimentón verato o queso de los Ibores, torta del Casar, cerezas o cabritos del Jerte, aceite virgen extra de nuestros olivos o jamón de pata negra ...habrá que hincar el diente a los rollos del río.

No se puede permitir que se sigan perdiendo derechos y que , con ello, el campo y sus gentes entren en vías de extinción, como otrora los dinosaurios.

Nota: la crisis de la atención sanitaria es general. España tiene un mal muy grave que se ha de atajar. Es un tema que hay que priorizar pues nada más importante que mimar el sistema público de salud.