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La bajada de la patrona de Cáceres: plegaria unánime al cielo para que llueva

El cortejo siempre numeroso que acompaña a la patrona en su peregrinación a la ciudad coincide este año en un anhelo común, que el agua acabe con meses de sequía

La patrona emprende el camino desde el santuario a la ciudad pasadas las cinco de la tarde con una numerosa comitiva a pesar del calor.

La patrona emprende el camino desde el santuario a la ciudad pasadas las cinco de la tarde con una numerosa comitiva a pesar del calor. / Carla Graw

En abril, aguas mil. Bien conoce la patrona de Cáceres el refrán porque en su bajada siempre mira al cielo. Los cacereños pueden dar cuenta de los años en los que la peregrinación desde el santuario a la capital ha estado pendiente del tiempo. No hay fenómeno meteorológico que pueda más que el fervor de la ciudad. Diluvie o truene, una comitiva siempre numerosa de fieles escolta a la Virgen de la Montaña en su camino. Cierto es que tras años en los que la inquietud se trasladó a la situación provocada por la pandemia, ahora ya, con la fortuna de haber recuperado la normalidad, las miradas regresan al cielo, este año, sin embargo, por cuestiones diferentes. 

Si en la memoria de muchos la única preocupación es que pudiera llegar a llover, en este caso, el desvelo se produce porque lleva meses sin hacerlo en condiciones. El mes ha llevado la contraria, salvo por las tibias lloviznas de hace una semana, al refranero. Es por este motivo, precisamente, por el que el cortejo que aguardaba a la patrona este miércoles implora con una plegaria unánime: que termine la sequía que amenaza más que nunca al campo y a la vida. Fue una oración más heroica de lo habitual puesto que los termómetros alcanzaban los treinta grados en la salida del santuario. A partir de ahora, a los fenómenos meteorológicos que es capaz de vencer el fervor hay que sumarle el calor excesivo, algo inaudito en la historia de la bajada de la patrona.

Carla y Lourdes, con el traje regional.

Carla y Lourdes, con el traje regional. / Carla Graw

Ya pasadas las cuatro de la tarde, una hilera incesante de cacereños y un reguero de coches , más de lo normal, se apresuraban a llegar con antelación suficiente al santuario. Tan codiciadas como escasas fueron las sombras para combatir las altas temperaturas, que alcanzaron unos insólitos treinta grados en pleno abril. Aguardaban en la ermita, como cada año, Carla y Lourdes, dos amigas de 15 y 16 años ataviadas con el traje regional. Ambas confiesan su vínculo familiar con la Virgen desde la infancia. «Venimos desde pequeñas», coinciden. Son hermanas de la cofradía y en ocasiones anteriores, han venido ataviadas con el hábito celeste. A su alrededor, los hermanos de carga, más numerosos que de costumbre, y los fieles cacereños, también en gran número.

A la hora prevista, el cortejo emprendió la marcha entre Vivas a la Virgen. Simbólica fue esta bajada para la junta directiva que preside Juan Carlos Fernández Rincón, puesto que es la última antes de que se convoquen nuevas elecciones. Ante un séquito de gorras, botellines de agua y algún que otro paraguas, esta vez para resguardarse del sol, avanzó la comitiva con ritmo enérgico. Pasada la media hora atravesó el Calvario, donde la brisa dio tregua a las altas temperaturas. «Viva la cacereña bonita, Viva la madre de Dios», se podía escuchar a su paso. Mientras, la reconocible voz de Felisa acompañó con cánticos a la patrona. Con la naturalidad que caracteriza a la procesión, con más protocolo que el que marca el pueblo, se produjo el relevo en las andas para que las cacereñas pudieran cargar a la Virgen. 

Cacereñas aguardan en la ermita del Amparo con el traje típico.

Cacereñas aguardan en la ermita del Amparo con el traje típico. / Carla Graw

En el recorrido, los vecinos de la montaña protagonizaron este año uno de los gestos de la procesión. Conscientes de las altas temperaturas y del sobreesfuerzo de los peregrinos, sacaron a las puertas de sus casas garrafas de agua y vasos para que los que necesitaran pudieran servirse y así evitar deshidratarse. No obstante, a pesar de las recomendaciones y la colaboración vecinal, el calor pasó factura y provocó al menos un episodio de golpe de calor poco antes de atravesar el Amparo.

Los efectivos de DYA prestaron rápidamente asistencia a la mujer afectada y la evacuaron. Este incidente retrasó ligeramente la llegada al Amparo, que se produjo pasadas las 18.30 horas. El año pasado la parada estuvo dedicada a los enfermos de coronavirus en una reverencia hacia el hospital San Pedro y al Universitario y este, la patrona ha dedicado su homenaje a César García, cacereño vinculado a las cofradías que falleció en 2021.

El recibimiento entre aplausos y el gesto de complicidad a la cofradía del Amparo precedieron otro de los momentos más emblemáticos. Fue el pasado año cuando atravesó por primera vez el puente que corona la ronda Este. Por segundo año consecutivo, contrastó la talla histórica con la vanguardia de la construcción. A partir de ahí siguió hacia Fuente Concejo y Caleros en un año en el quela bienvenida fue calurosa en todos los sentidos.  

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