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Algunas conclusiones electorales

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Antonio Sánchez Buenadicha

Antonio Sánchez Buenadicha

Cáceres

Probablemente hemos asistido a la campaña electoral más sucia de todas, en la que los insultos y las descalificaciones han sustituido a las propuestas, y de la que han resultado elegidos incluso algunos imputados o implicados en casos de corrupción, maltratos a mujeres y otras lindezas. La primera conclusión que se saca es el triunfo absoluto del bipartidismo, aunque, como ya sucede desde hace algún tiempo, es difícil llegar a la mayoría absoluta y cualquiera de los dos grandes partidos necesita la mayoría de las veces un pacto con alguno de sus extremos. Esto viene a poner de manifiesto lo difícil que resulta en España que cuaje un partido liberal capacitado para pactar a derecha e izquierda, en lo que influye el caladero de votos que tienen los partidos regionalistas e independentistas.

La consecuencia de alguna derrota más o menos esperada ha sido la decisión del cabeza de lista de renunciar al puesto para el que le han elegido los ciudadanos. Parece decirles a los votantes: «Yo os pedía ganar, no liderar la oposición, y por lo tanto que otro gestione la oposición. Eso no es cosa mía». Olvida que era el número uno de un grupo, su partido, sin el cual no es nadie, y que estaba ahí para defender un programa, no su programa, que no deja de ser válido por haber perdido, aunque lógicamente deberá acertar en algunas reformas.

También hemos presenciado la debacle de los proyectos personales que se presentaban en Cáceres, por mucha fanfarria y algarabía que les rodeara. No sé si hemos asistido al entierro definitivo de los restos de los partidos regionalistas que en tantas ocasiones habían supuesto una esperanza para miles de extremeños, pero sus actuales responsables son ya muy mayorcitos para hacer el ridículo porque ni siquiera aciertan en la elección de candidatos, pues cuando se emprende el camino a las urnas debe elegirse una vela que alumbre, pero no una que todo el mundo sabía que estaba apagada desde hace tiempo.

Deseo ardientemente que los ciudadanos hayamos acertado con nuestros votos.

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