Envenenan a una colonia completa de gatos castrados en Cáceres el Viejo
Esta mañana han aparecido siete animales muertos en la parcela del matrimonio que los cuidaba y los alimentaba. Solo uno ha sobrevivido y del resto no se sabe nada, por lo que se teme lo peor
La coordinadora de la colonia, miembro de la Asociación Cacereña para la Protección y Defensa de los Animales, afirma que ya estaban todos esterilizados, a falta de un macho
Se les realizará una necropsia en el Hospital Veterinario de la Uex para conocer la causa exacta de la muerte

La voluntaria de la protectora y el matrimonio que ha cuidado la colonia en su propia parcela, junto a los cuerpos de algunos gatos, este viernes. / LOLA LUCEÑO

No hay palabras para explicar la desazón que se vivía esta mañana al final de la calle Las Margaritas, en la urbanización de Cáceres el Viejo. Juan José Ávila y María del Prado Sánchez, un matrimonio que se ha encargado diariamente de los cuidados de una colonia felina, junto con Paqui Mateos, la voluntaria de la Asociación Cacereña para la Protección y Defensa de los Animales, responsable también de la misma, han tenido que recoger y reunir los cuerpos de los gatos muertos, todo indica que por envenenamiento. Estaban cerca unos de otros y hasta el momento han hallado siete. Solo un macho ha logrado mantenerse vivo. De los que faltan (eran una docena) no se sabe más a estas horas. “Posiblemente hayan ido a morir a alguna parcela cercana, nos irá diciendo algún vecino”, comentaban desolados. La Patrulla Verde de la Policía Local ha colaborado en la búsqueda de los animales.
¿Por qué se ha cometido semejante atrocidad? No lo saben, pero tampoco se lo explican. La colonia estaba ya castrada y esterilizada, a falta solo de intervenir al último macho. “Hubieran crecido aquí felices, sin más camadas, no tiene lógica”, se lamenta Paqui Mateos, responsable de registrar y mantener al grupo felino dentro del Plan de Gestión de Colonias puesto en marcha por el Ayuntamiento de Cáceres.
Juan José y María del Prado no solo supervisaban a los animales, les daban de comer a todos a diario, los cuidaban, incluso les permitían vivir en su propia parcela privada, adosada a su casa, que habían ampliado hace un tiempo comprando un terreno. Allí los gatos pasaban los días saludablemente con sus casetas, su pienso, su agua, cobijados de la lluvia y el sol. Por eso, esta mañana de viernes, Juan José se ha mostrado extrañado al no ver a los animales desperezándose al sol en la zona de la entrada y en el acceso a su jardín. “Cuando he bajado con la comida me he encontrado a la blanquita tumbada y hasta le he hablado para decirle ‘¡qué a gusto estás ahí’!, y al tocarla me he dado cuenta de que estaba muerta. Luego he visto a varios también muertos en la misma rampa de la cochera”, relata tan triste como indignado.
Tras llamar a Paqui, han recogido el cuerpo de otro animal en el contenedor, donde quizás ha acudido tras sentirse enfermo. Otro ha aparecido sin vida justo en el jardín delantero del vecino. Los han ido reuniendo todos frente a la puerta. “Mira, es la gatita de ojos pintados. Y ahí está también la madre. Falta tu amigo, el gato cariñoso”, contaba María del Prado abatida. Todos muestran a simple vista signos de envenenamiento. La responsable de la protectora ha trasladado los cuerpos al Hospital Veterinario de la Universidad de Extremadura, donde, según ha explicado la policía, se les realizará una necropsia para determinar el tipo de sustancia que han podido ingerir. Falta por aparecer el resto, pero si no lo han hecho durante la mañana, la familia se teme lo peor, porque además no solían moverse de la zona.
Juan José cuenta que todo comenzó cuando una gata tuvo una camada en la parcela de una casa deshabitada. “Luego trasladó a esta zona a los gatos pequeños y más tarde nació otra camada. Llamamos a la protectora de animales para buscar una solución y se optó por cuidarlos como una colonia”, detalla. Paqui Mateos se hizo cargo de las tareas y les aplicó a todos el método CER (captura – esterilización – retorno), que es el que controla las colonias felinas reguladas por el ayuntamiento. A todos menos al único macho que faltaba. Juan José y María del Prado se han encargado de su alimentación. Estaban además en terreno privado, porque el matrimonio había adquirido un trozo de la parcela anexa. “Eso nos dio tranquilidad porque mi preocupación era qué pasaría con los animales si se edificaba el solar”, reconoce Paqui.
Es cierto que al principio algunos vecinos, pocos, mostraron sus reticencias a tener una colonia felina cerca, “pero les expliqué cómo funciona el sistema y que en cuanto estuvieran castrados y con comida las 24 horas, no se iban a mover ni a dar problemas. Así ha sido. Desde octubre hasta ahora teníamos a todos ya listos salvo uno. Por eso no entendemos nada”, comenta Paqui Mateos realmente afectada. De hecho, ella es la coordinadora de colonias del Distrito Norte, donde hay una docena ya de grupos bastante controlados.
Sobre lo que ha podido pasar, hay quien ha comentado a la familia que estos días han visto algún comedero en plena calle e incluso carne extraña en tonos blancos próxima al contenedor. La portavoz municipal, María José Pulido, afirma que la policía local ya está investigando para desentrañar lo sucedido.
Un delito castigado con penas de prisión
De conocerse la autoría de estos hechos, a la persona responsable le será de aplicación el artículo 336 del Código Penal, que regula como hecho delictivo el uso por parte de personas no autorizadas de veneno y cebos envenenados y, además de otras multas, lo castiga con penas de hasta dos años de prisión. El veneno es la forma de maltrato animal más habitual en España. Solo el hecho de intentar matar a un animal por este método ya se considera delito aunque no sea finalmente ingerido.
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