CHEQUEO AL CENTRO DE CÁCERES: DE TIENDA EN TIENDA
De la Cruz a Colón... ¿Qué pasa con los locales en Cáceres?
Hay 12 espacios vacíos en Reyes Huertas, 14 en la Ronda del Carmen e incluso 12 en Antonio Hurtado, algunos decrépitos
El colegio inmobiliario lo achaca al alquiler (12 €/m2), la edad de los vecinos y la no continuidad de los negocios familiares

Locales vacíos en Cáceres / Lola Luceño Barrantes

La calle Reyes Huertas, que une dos puntos tan estratégicos de Cáceres como la plaza de Colón y la avenida de Antonio Hurtado, tiene cerrados la mitad de sus locales. En estos momentos hay 15 en funcionamiento y 12 completamente vacíos, algunos con un aspecto exterior realmente descuidado y escaparates llenos de carteles de agencias inmobiliarias. Casi paralela se encuentra la Ronda del Carmen, otra de las vías tradicionales de la capital cacereña, con más de un tercio de sus espacios comerciales fuera de servicio: registra 24 en activo y 14 a la espera de un nuevo negocio.
¿Qué le ocurre a los locales de estas calles tan céntricas y de las vías aledañas, donde la situación es similar? Las respuestas vienen desde el Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (COAPI) de Cáceres, cuyo presidente, Francisco Marroquín, tiene una trayectoria tan prolongada que conoce al detalle el mercado cacereño. «Lo que ocurre puede resumirse en cuatro claves, y la primera de ellas es común desde hace años a todos los locales de la ciudad: el coste del alquiler». Este precio, agrega, se encuentra en 12 euros/m², y aunque se estancó después de la crisis de 2008, tampoco baja, manteniéndose en unos términos altos para la capacidad de la capital cacereña.
La segunda clave es la edad media de la población, bastante elevada en esta zona en particular, y ello genera un nivel de consumo menor en los comercios. Además, «se trata de un área poco accesible porque está llena de cuestas, y esas cuestas pesan mucho más con la edad y con la compra». Y aunque existen numerosos pisos de estudiantes por su ubicación tan céntrica, cabe recordar que los jóvenes en estas circunstancias no hacen tanto gasto como si de familias con hijos se tratara.
En tercer lugar, casi todos los negocios de la zona que han cerrado «eran familiares y resulta evidente la falta de relevo generacional». Como cuarta clave, y a la vez la más importante para Francisco Marroquín, «hay que recordar que la población ha ido decreciendo en esta parte de la ciudad por la edad, en detrimento de barrios como Mejostilla, Nuevo Cáceres e incluso El Perú o el Rodeo, donde hay familias más jóvenes y un consumo más activo». De hecho, con la excepción de Cánovas, en algunos de estos barrios se produce actualmente el mayor dinamismo del comercio.
La pregunta que viene de inmediato a la cabeza es: ¿por qué los propietarios no abaratan el precio de los locales para sacarles un rendimiento, antes que dejarlos sin alquilar y no ganar nada? Las razones las explica de nuevo el COAPI: «En Cáceres resulta bastante más barato mantener los locales cerrados que en otras ciudades, donde están sujetos a una normativa de estética, seguridad, salubridad o sanidad, el IBI es más caro y hay que seguir pagando los vados permanente, el derecho de entrada de carruajes o la zona de carga y descarga». Para más inri, estos locales suelen presentar las fachadas sucias, los cristales deplorables, algunas pintadas y restos de carteles anteriores, que afean la imagen de las calles cacereñas.
Reformas por las nubes
El arrendatario tampoco lo tiene fácil. Además de afrontar la cuota de arriendo del local, en la mayoría de los casos debe adaptarlo, incluso remodelarlo, y en estos momentos ni los intereses de los préstamos para reformas ni el precio de los materiales facilitan una inversión cómoda. Luego por supuesto está el tema de las licencias, donde el Ayuntamiento de Cáceres no es precisamente flexible como vienen reconociendo los propios políticos. «Desgraciadamente, todo son problemas», lamenta Francisco Marroquín.
Un paseo por dichas calles pone en evidencia las consecuencias. En el primer tramo de Reyes Huertas que linda con Antonio Hurtado, hasta el cruce con las calles Badajoz y Bellavista, hay siete tiendas y un bar (la Tapería La Paloma), pero también cuatro locales cerrados, tres de ellos consecutivos, pese a ser una zona bastante transitada. «Yo creo que por aquí vive mucha gente mayor y muchos estudiantes que van menos a las tiendas, y cuantas menos tiendas, menos gente en la calle», argumenta Yan Yan, propietaria de dicha tapería, que regenta desde hace menos de un año.
En el siguiente tramo hasta Colón hay dos bares más muy próximos. Parece que la hostelería sí tiene tirón. «Abrí hace dos meses y de momento me va bien. Hay muchos pisos alquilados a estudiantes pero en mi caso hacen gasto porque vienen a pasar un rato a la terraza, al ‘tardeo’. De hecho, se nota que en verano no están», señala Peter, el dueño de Green Bar Libélula.
Más abajo se cuentan hasta cuatro locales seguidos sin ninguna actividad, uno de ellos acosado por los graffitis. Incluso la esquina de Reyes Huertas con la calle Toledo está sin uso, y muy cerca permanece otro local en bruto. Basta decir que en la acera derecha de subida, entre Colón y Bellavista, los únicos dos locales que hay no tienen vida.
«Esto lleva ya pasando un tiempo: negocios que se van cerrando y no se vuelven a abrir, se deterioran…», relata Sara Cabrera, titular de Frutería Sara, que lleva 35 años en la zona. «Puede depender del precio de los locales, porque la gente abre con ilusión y luego cierra al no llegarle para el alquiler. Puede ser también que estas calles tengan menos movimiento, aunque yo sí lo veo. Y no es mala zona, para nada, porque hablamos de personas con sus hipotecas ya acabadas y sus pagos hechos, lo que les permite mayor capacidad de consumo».
En realidad, Sara considera que el comercio de cercanía se está deteriorando en general «porque la gente compra todo en internet y en las grandes superficies». Además, pymes y autónomos han pasado a duras penas la crisis de 2008 y del covid, «que han sido terribles, sin saber cómo íbamos a salir adelante». Su pronóstico, de seguir así las cosas, no parece bueno para el comercio de esta zona ni de otras: «Es una forma insegura de vivir, no tenemos ninguna ayuda, ahora encima los costes se disparan…».
En la cercana Ronda del Carmen solo tienen actividad los locales próximos a Colón y los cercanos a la Cruz. En medio, hasta catorce espacios muertos, algunos realmente amplios, preparados, listos para convertirse en un nuevo negocio, pero la calle lleva tiempo adormecida. Un recuento en la acera derecha en dirección bajada así lo evidencia. Desde el cruce con Arturo Aranguren arrancan cuatro locales desiertos, que suman ocho hasta la esquina con la calle Toledo.

Sucesión de cuatro locales cerrados en Ronda del Carmen. / Carla Graw
Solo en la pequeña calle Badajoz se registran hasta ocho inmuebles sin actividad por diez en marcha. En la calle Toledo se alinean cuatro abiertos y cuatro cerrados. Los escaparates vacíos y las persianas bajadas también son demasiado frecuentes en las vías aledañas como Médico Sorapán, Badalona o Juan Luis Cordero. De esta franja solo se salva Arturo Aranguren, con tres negocios cerrados por catorce a pleno rendimiento, la mayoría del área de alimentación.
También en Antonio Hurtado
Pero es que las grandes avenidas próximas tampoco están en su mejor momento. Antonio Hurtado, convertida prácticamente en el eje de compras junto con el área de Cánovas, tiene 47 locales en marcha (a los que hay que sumar la galería comercial), pero 12 que esperan mejor vida. En el vecino paseo de Cánovas, ‘milla de oro’ del comercio cacereño, los ‘esquinazos’ de Stradivarius y Tous se han quedado vacíos. Un vistazo a vías próximas como Doctor Marañón, Rodríguez Moñino o Maluquer también revela la existencia de escaparates dormidos a la espera de que un emprendedor valiente, o un cambio en los hábitos de consumo de la sociedad, vuelvan a llenar de vida estas calles del corazón cacereño.
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