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su historia

Persona sin hogar en Cáceres: "He tenido la suerte de que no he bebido ni he tomado drogas nunca, y eso me ha ayudado a tener una recuperación más rápida"

José Galiano, de Venezuela, pasó más de un año como ‘sin techo’. Vino a España de viaje y la pandemia le impidió regresar a su país

Tiene 64 años, trabaja en un restaurante de la ciudad y es un ejemplo de reinserción

José Galiano. Imagen de su intervención, ayer por la mañana.

José Galiano. Imagen de su intervención, ayer por la mañana. / Carlos Gil

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Desde Venezuela y por un cúmulo de mala suerte. De esta forma llegó José Galiano al Centro Vida de Cáceres. En su país, trabajaba en un hospital, pero decidió hacer un viaje a Europa junto a su pareja con el dinero que habían ahorrado. La mala fortuna se alió con ellos y la llegada de la pandemia les pilló en España. De esta forma, gastaron todo el dinero que tenían y perdieron la posibilidad de volver a su país. Después de pasar por otras ciudades de España, llegó a Cáceres. Durante un año y tres meses estuvo viviendo en la calle, pero descubrió Cáritas Diocesana y comenzó a luchar por tener una nueva vida.

«En el Centro Vida encontré un tratamiento adecuado por parte de un equipo multidisciplinar que veló por mi salud física y mental desde el primer momento», explicó Galiano. Allí, le dieron la posibilidad de recibir una buena alimentación, ropa y de tener un lugar en el que dormir, porque hasta ese momento tuvo que pasar todas las noches en la calle o en albergues.

Establece una diferencia entre él y otras personas sin hogar, y es que Galiano no paró de luchar y de tratar de aprovechar todas las oportunidades que le brindaban para intentar salir de allí, mientras que el resto estaban «entregados» a que la calle era su única alternativa. Narró también episodios de peleas entre compañeros de la calle por trasnochar en un cajero automático o en bancos, algo que considera muy triste.

Su testimonio

«He tenido la suerte de que no he bebido ni he tomado drogas nunca, y eso me ha ayudado a tener una recuperación más rápida. A veces voy por la calle y me encuentro a algunos compañeros que me cuentan que ellos no son como yo, que no son capaces de salir de la calle, pero yo les digo que no hacen todo lo que está en su mano para ello. Yo he tenido la fortuna de haber coincidido con un grupo de personas que me orientaron hacia lo mejor para mí», explicó Galiano. 

«Vivir en la calle es lo peor que hay. Y no sabéis lo difícil que era darse cuenta de que estabas en esa situación. La gente nos decía que éramos indigentes o analfabetos, pero yo nunca pude considerarme ninguna de las dos. Yo era una persona sin hogar que andaba con una maleta y un bolso y me sentía uno más de ellos, pero no lo quería aceptar», comentó Galiano.

Actualmente, trabaja en un restaurante a media jornada. Aún así, no se conforma con eso, pero ha cumplido 64 años y eso le cierra muchas puertas. Eso sí, en cualquier cosa a la que se dedique, siempre querrá ser el mejor. Otra de las opciones que baraja para el futuro es un curso en el que se forme para poder trabajar como guardia de seguridad porque le han comentado que su edad no será ningún impedimento:«Esto es algo que hago porque tengo claro que quiero que mi futuro esté ligado a Cáceres. Me quiero quedar aquí siempre».

Cómo llegó a Cáceres

Por la escasez de puestos de trabajo, se vio obligado a llegar a la ciudad tras pasar por Vallecas, Málaga, Torrevieja o Salamanca. Las primeras noches que pasó en Cáceres fueron en el albergue y Centro de Emergencia Social, donde conoció a personas que le demostraron que merecía la pena seguir luchando. Allí, le costaba quedarse a dormir porque solo había espacio para ocho personas. Pero gracias a su buena disposición, consiguió un espacio en el Centro Vida.

¡Y qué importante es la salud mental! Uno de los primeros tratamientos que recibió en su llegada al lugar fue el psicológico: «Yo llegué allí muy mal, físicamente me recuperé pronto, pero gracias al trabajo de los expertos y a sus recomendaciones mejoré en todos los sentidos».

Después del Centro Vida pasó a un nuevo nivel, en el que le dieron una habitación en un piso independiente, un dinero para poder tener sus gastos y les ofrecían planes de ocio. «Recibimos una visita quincenal en la que nos revisan la vivienda para ver si estamos haciendo las cosas bien», relató. «Yo me siento Cáritas, yo quisiera participar en todo lo que necesiten de mí. Para mí, mi vida cambió muchísimo. Yo nunca pensé que fuese a pasar por esto», sentenció.

Al principio, tenía una ligera esperanza de poder volver a Venezuela con el paso del tiempo. Ahora siente que ya no es su lugar. Perdió su casa porque se la desvalijaron cuando vino a Europa y ahora está okupada. Allí tenía vehículos que se ha visto obligado a vender porque no le iban a volver a servir de nada. «Ya no puedo volver allí, si voy estaré considerado antipatriota y pueden meterme preso por haberme ido de mi ciudad», explicó. «Me sentí atrapado, pero en el mejor país del mundo. Porque un lugar en el que acogen a una persona como lo han hecho conmigo, tiene que ser el mejor país del mundo», comentó. 

José Galiano no pudo evitar emocionarse al recordar su tiempo en la calle y las personas que le acompañaban, pero no quiso pensar más en lo que había pasado y sufrido. Ahora solo quiere mirar al futuro con ilusión y poder ganarse la vida en Cáceres, la ciudad que le acogió y le dio una nueva oportunidad.

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