catovi que te vi

Nada más catovi en Cáceres que Leoncia, 'la vieja del periódico'

Juan Arroyo abre en Roso de Luna la nueva cafetería con la que quiere homenajear a Leoncia, la vendedora de este diario, y poner en valor el catovismo como seña de identidad de la ciudad. A la inauguración acudió medio Cáceres

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

«Viejo es una palabra maravillosa que define muy bien un tramo etario como lo hacen otras, tales como niño o joven. El único problema que tiene el término que sustantiva la vejez es que se le ha dotado de un estigma negativo asociado a la decrepitud, el deterioro y la incapacidad». Lo escribe Xiame Fandiño (Faro de Vigo, 16-01-2022) y viene al pelo para el nombre con el que los de La Cacharrería han bautizado a su nueva cafetería de Roso de Luna: ‘Lavieja’, en honor a Leoncia, la célebre vendedora de periódicos, santo y seña de Cáceres, símbolo de El Periódico Extremadura, diario que voceó con pasión y en el que se jubiló en las postrimerías de los años 70.

 Hablar de Leoncia y llamarla ‘vieja’ es un apelativo cariñoso que nada tiene que ver con el edadismo (la corriente por la que se excluye a los mayores) y que Juanma Arroyo ha querido utilizar para reclamar el catovismo (acrónimo del ‘Cáceres de toda la vida’ que acuñó para su campaña electoral el exalcalde José María Saponi), un término que han hecho suyo muchos jóvenes de hoy y que defienden así el orgullo de sentirse cacereños y la necesidad de reclamar para esta ciudad un lugar en el mapa territorial.

Arroyo inauguró este martes su local situado junto al hostal boutique Olivae, muy cerca de la plaza de San Juan, donde se levanta la estatua de Leoncia, que este rotativo instaló a propósito del 75 aniversario de su fundación.

Arroyo lleva La Cacharrería (en la calle Orellana de la ciudad monumental) junto a Alberto Barroso Andrada. Los dos han sabido hacer sello propio y querían seguir extendiendo su buen hacer. Pensaron que el hermano de Alberto, Iván Barroso, que trabajaba con ellos, se quedara con la nueva cafetería, pero el síndrome de Guillain-Barré detuvo las expectativas del prestigioso camarero y con ello también las de Alberto y Juan, que han tenido que atravesar un largo proceso de asimilación.

Sin embargo, Alfonso Jordán, dueño del local y del Olivae, siempre pensó en que la firma de La Cacharrería gestionara este rincón que ha venido para darle aún más vida a Roso de Luna, una calle que ha quedado preciosa y que inevitablemente nos retrotrae a la nostalgia del pasado con tiendas inolvidables como Harpo (la de los discos), La Despensa Cacereña de Pepe Cantero, o la escuela de los cagones, donde daba clases doña Conchi, casada con un miembro de la familia de Mudanzas Cerro.

Ahora Juan Arroyo quiere impulsar los desayunos en el centro, que se alargarán hasta el mediodía. También darán comidas y cenas. Juan comprobó el martes lo mucho que le quiere la gente, porque allí estaba todo Cáceres. Vimos al constructor Juan ‘Cheli’ Hurtado con su mujer, Juana García; Pilar Guijarro, que fue directora general de Salud Pública; Emilia Guijarro, madraza ejemplar y secretaria de los Amigos de Helga de Alvear, o a Lorenzo Erce, hortelano de la Ribera. No faltó la concejala popular Raquel Preciados, ni los socialistas Jorge Villar, Andrés Licerán, y la portavoz del PSOE, Belén Fernández Casero, que no se pierde una. Los que empiezan a mantenerse demasiado tiempo en los despachos bien pueden tomar nota de ella, que está en todo y va a todo.

Arroyo tiró de su encanto innato, de su distinción en la cocina y de su don de gentes para demostrar que lo cacereño triunfa, que por algo Leoncia es la vieja más catovi de Cáceres.

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