La crónica de la jornada

Cáceres: poderío cofrade

El Domingo de Ramos supera todas las expectativas, con numerosos jóvenes que llenan las filas cofrades

Las cuatro hermandades desfilaron sin ninguna incidencia, ante un público masivo en las calles

Cáceres se dio el gusto de sacar ayer un domingo de Ramos excepcional, el resultado de unas hermandades reforzadas por los numerosos jóvenes que este año se han incorporado a sus filas, y a la vez sustentadas por veteranos que han sabido crear una de las Semanas Santas de mayor intensidad de España. Si Cáceres tiene más cofrades porcentualmente que Sevilla, la jornada de ayer fue la mejor prueba, con seis pasos arropados por largos cortejos en calles abarrotadas. Y la variedad, esa variedad tan cacereña, de la alegría matinal de ‘La Burrina’ a la tristeza del anochecer de la Misericordia, de los niños con palmas a los penitentes con cruces.

Los Ramos

«Que repiquen las campanas / que se abran ya las puertas / que ya crujan los varales / que se afinen las cornetas / que ya está aquí la ‘Semana’ / vamos de frente con ella». Mediante estos versos seguidos de tres fuertes aldabonazos en el llamador, Pedro Canelo, pregonero de la Semana Santa 2024 y Hermano de Honor de los Ramos, dio la señal para que los cofrades se echaran al hombro ‘La Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén’, un paso entrañable más conocido como ‘La Burrina’. La primera procesión del Domingo de Ramos se ha superado a sí misma, cosa difícil en una hermandad que cuida con exquisitez los detalles.

El largo cortejo comenzó a salir a las 12.00 desde San Juan, tan largo que el paso no cruzó las puertas hasta veinte minutos después. A partir de ahí, una extensa comitiva que puso en duda que la natalidad vaya en descenso. «¡Pero cuánto muchacho en esta procesión!», comentaba una señora acicalada con traje impecable, propio de un Domingo de Ramos. A su lado, Felisa Rodríguez se arrancaba con dos saetas. Dicen que no deben cantarse hasta la llegada de las imágenes de Pasión y Muerte, pero Cáceres tiene ganas de Semana Santa, y a Felisa nadie le marca la pauta a estas alturas.

Tantas ganas había que ‘La Burrina’ llevaba más de 200 hermanos de carga en cuatro turnos, organizados por el jefe de paso, Antonio Jiménez Grajera. Además, la cofradía no para de embellecer la procesión: cincuenta grandes palmas escoltaban la composición, portadas por los cada vez más numerosos miembros del Grupo Joven ‘La Burrina’.

La Humildad

Pasadas las tres y media de la tarde, la hermandad de Jesús de la Humildad en su Prendimiento dejó atrás el templo del Beato Marcelo Spínola (El Vivero), en el recorrido más largo de la Pasión. Treinta y cinco costaleros repartidos en 7 trabajaderas llevaban este paso de 1.500 kilos hasta San Juan, donde realizan estación de penitencia antes de su regreso. Toda una proeza.

«Habrá exactamente 13 puntos de relevo para que descansen todos por igual», explicaba su capataz, Jonathan Pulido, que participa en la Semana Santa desde que era niño. «Entre aquí como un humilde capataz, porque, por circunstancias de la vida, nunca pude ser costalero. Yo no soy nada sin ellos», comentaba emocionado mirando a su cuadrilla. «Esto es una mezcla de nervios, responsabilidad y orgullo», subrayó.

Cierto es que este año se han incorporado refuerzos hasta alcanzar los 57 costaleros. «Ha habido una revolución que nos agrada muchísimo. Calculamos que el próximo año podríamos tener completas las dos cuadrillas, momento en que abriremos lista de espera», explicaba este domingo Paco Roncero, hermano mayor.

Se trata de uno de los mayores pasos de misterio, con seis imágenes sobre un trono de cinco metros, coronado por una alfombra de claveles rojos y formidables faroles con ocho guardabrisas. «Refugiaos en la fe y en la Pasión de Cristo, y a disfrutar», espetó el capataz a los costaleros antes de la primera levantá.

La Misericodia

Y pasadas las siete y media de la tarde, David Remedios se disponía a dirigir una de las salidas más complicadas de la Pasión cacereña: la Virgen de la Misericordia, con su imponente trono, que apenas tiene cabida por las puertas de Santiago. «¡Derecha, arriba! ¡Izquierda, abajo! Ahora de frente, despacito.... ¡Ya estamos!» Los hermanos --dos turnos completos hasta sumar 120-- habían superado la maniobra sin problemas y se disponían a colocar el palio más extenso que desfila por Cáceres, imposible de introducir en el templo.

Tiene esta cofradía de Jesús Nazareno la responsabilidad de ser la decana de Cáceres (fundada en 1464), tanto que, como siempre repite a los jóvenes su vicemayordoma, Begoña Acero, «ya desfilaba cuando no se había descubierto América». Y esa impronta histórica se percibe en cada salida, siempre cuidada, siempre solemne. Anoche, durante cinco horas, recorrió las calles del casco viejo con su Procesión del Silencio.

La firme incorporación de los jóvenes a las cofradías también se dejó notar en su primer paso, ‘El Señor Camino del Calvario’, con más de 140 hermanos que superaron los dos turnos. Allí estaban muchos que hace poco o nada iban en las filas de los niños. Pero la experiencia del jefe de paso, Juan José Merchán (quien el sábado ya dirigió el Cristo de la Preciosa Sangre, con una entrada de lo más ajustada en el Espíritu Santo), les hizo tan sencilla la salida de Santiago que, en apenas dos minutos, lograron solventar toda la maniobra.

‘El Señor Camino del Calvario’ había sido preparado por su camarera, María Teresa Marzo, durante ocho horas, flor a flor, con el colorido alegre de un paso joven. La Virgen de la Misericordia reflejaba el brillo de un trono impoluto y de una ornamentación realmente difícil, entre candelería, ánforas, flores, saya, manto (este año con doble pollera) y otros ornamentos, todo ello siempre responsabilidad de María Beatriz López Perera. Es un paso para cofrades experimentados, que se lleva de forma serena.

El Amor

Para templanza, la de la cofradía del Amor, siempre sinónimo de una Pasión callada y anónima. Ayer lo volvió a demostrar con su Señor de las Penas, un valioso ecce homo que representa a Jesús ante Pilatos, obra de Pedro de la Cuadra, de finales del XVI. A las siete y cuarto ya había conseguido superar la escalinatas de la capilla del Colegio San José, con la intención de «sacar una catequesis viva a la calle», el principal objetivo de su mayordoma, Consoli Palacios. Como cada año, volvió a animar a los hermanos recordándoles que no habría procesión  sin ellos, «sin hombros que soporten el peso del paso, sin brazos que porten los enseres».

La hermandad del Amor tiene una manera muy propia de procesionar, pausada y firme, porque cuenta con una espina dorsal de cofrades curtidos en sus dos salidas, sin exaltaciones. Ayer, las antorchas que lleva incorporadas el paso volvieron a darles un pequeño susto, pero sólo se vio afectada una mínima parte de la ornamentación, y lo solventaron con la mayor de las templanzas.

El Señor de las Penas , conducido por Emilio Liberal, fue fiel a su ornamentación siempre innovadora. La cofradía se atreve porque confía en Julián Santos Galán, su responsable, que este año ha escogido tonos otoñales acordes con la imagen. Además, la hermandad fue repartiendo por primera vez en las calles pequeños pergaminos con frases de aliento: «Sea toda nuestra vida un paso de amor» o «Siempre adelante», que el público realmente agradeció.