Cáceres: Batallas y Salud se desquitan

Las cofradías de Lunes Santo pudieron disfrutar de una prórroga meteorológica que, esta vez, les ha favorecido

Los costaleros llevaron el alborozo al casco viejo, mientras Batallas fue fiel a su Pasión más recogida

Curiosamente, ‘La Burrina’ del Domingo de Ramos solo ha tenido alguna suspensión muy excepcional por lluvia desde mediados del siglo XX. Y en cambio, con solo unas horas de diferencia, el Lunes Santo se ha convertido por méritos propios y por datos evidentes en la jornada de la Semana Santa cacereña más afectada por los chubascos. Que se lo digan a la cofradía de las Batallas, fundada en 1951, acostumbrada ya a lidiar con las webs del tiempo. Y a la Salud, que se incorporó a esta jornada después de su formación en 2006. Durante cuatros años, entre pandemias y lluvias, ambas han procesionado una sola vez. Pero este lunes se han desquitado. El Meteosat ha acabado por compensarlas. «¡Salimos!» Se escuchó a las ocho en Santo Domingo. «¡Al hombro!» Se oyó a las nueve en Santa María.

A modo de desagravio, esta vez han sido ellas las afortunadas en una Semana Santa que se pone cuesta arriba desde hoy, en términos meteorológicos. La Salud arrancaba en las puertas del templo conventual con ‘Pasan los campanilleros’, con motivo del centenario de esta marcha imprescindible en la Semana Santa, que cambió la música procesional. Álvaro Portillo, de 38 años, capataz de Jesús de la Salud en su Injusta Sentencia, uno de los grandes pasos de misterio de Cáceres, con cinco imágenes, había logrado sortear la difícil salida con la ayuda de sus cuarenta costaleros. La alegría había vuelto a su cara tras días de dudas: «Reconozco que las previsiones nos habían desanimado, llevamos meses ensayando», confesó.

Detrás, la Virgen de la Estrella, en su tercera salida por las calles cacereñas, llevada con gracia por los 28 costaleros que ocupaban las siete trabajaderas (ambos pasos llevaban este año hermanos de relevo). Porque la Salud es una cofradía muy joven que va creciendo de forma decisiva, hasta el punto de reunir ya más de 90 costaleros y superar el medio centenar de nazarenos con cirios, uno de los cortejos de escolta más numerosos de la Pasión cacereña, junto con penitentes, mantillas, acólitos y hermanos en distintas funciones.

Entre ellos, Luis Jiménez Pulido, un ejemplo excepcional de la versatilidad del cofrade cacereño, no de todos, pero sí de muchos. Luis fue presidente de la Unión de Cofradías Penitenciales de Cáceres entre 2001 y 2006, y este lunes, convaleciente de una intervención que le impidió meterse de costalero bajo la Injusta Sentencia, se ofreció a ir de auxiliar de procesión, velando por el bienestar de los hermanos (agua, glucosa...). «Los cofrades tenemos que estar donde somos necesarios, pero ojo, que no me he jubilado de costalero, en cuanto pueda, me reincorporo», dijo con una sonrisa.

Los pasos de la Salud lucieron, como siempre, muy trabajados por sus dos priostes, Luis Pedro Cámara y Carlos Hermoso, con rosas cool water, clavel sangre de toro, flor de cera y otras variedades, una composición de doce horas continuadas. La Virgen de la Estrella llevaba también distintos tipos de rosas, alelíes y orquídeas en sus esquineros, que caían simbólicamente en forma de cascada.

Mientras la Salud ya estaba en medio del alborozo de la Concepción, porque son muchas las personas atraídas por el arrojo de los costaleros de Santo Domingo, las Batallas se preparaba para salir de la concatedral, con una forma de expresar el sentir cofrade muy distinta. «Cuando alguien que no conoce nuestra hermandad me pregunta qué es Batallas, siempre le respondo que humildad, entrega, servicio, sobriedad, responsabilidad, compañerismo, solidaridad, y sobre todo fe». Las palabras de la mayordoma, Inmaculada Hernández, lo explican todo.

Veteranía en Batallas

Una fe que sin duda ha permitido a esta cofradía sobrellevar esa presión añadida que siempre ha supuesto la meteorología. Porque cuando hay nubes, y amenaza lluvia, no hay que engañarse: la probabilidad de que acudan menos hermanos resulta evidente… Y Batallas necesita hombros para tres pasos. Cierto es que estos cofrades se muestran fieles, y su mayordoma se ha convertido en una veterana en semejantes lides, tras 16 años decidiendo al límite: «Estamos acostumbrados a adaptarnos a todas las circunstancias, no tenemos miedo, y hoy existen buenas vibraciones, muy buenas y muchas ganas», se sinceró poco antes en el templo.

Porque en Santa María, el ajetreo era este lunes más evidente si cabe. Se notaban las incorporaciones de los jóvenes, «esa transición generacional después del parón de la pandemia, nueva savia que viene con fuerza a dar el relevo a los que levantaron la Semana Santa de Cáceres. Lo hemos notado en todos los traslados», comentó la mayordoma a los pies del Cristo de las Batallas.

Salida de la cofradía de Batallas, de Santa María.

Salida de la cofradía de Batallas, de Santa María. / CARLOS GIL

Esta talla, realizada en 1953 a semejanza de la que portaban los Reyes Católicos durante sus campañas, fue la primera en dejar atrás las puertas de la concatedral, escoltada por una escuadra de gastadores del Cefot, del mismo modo que el resto de los pasos, por tratarse de una cofradía fundada en 1951 por antiguos combatientes y mutilados de guerra.

Detrás, el Fervoroso Cristo del Refugio (siglo XVIII), un impresionante crucificado que procesiona de pie, tras ser descubierto por los fundadores de la cofradía en una antigua sala de almacenaje de San Francisco. Lucía por segundo año las andas más singulares de la Pasión cacereña, obra de Manuel y Elvira Polo, que emulan en todo su perímetro las torres, arcos y palacios de la Ciudad Monumental de Cáceres. Hasta los soportes de los cirios tiniebla que iluminan el paso tienen como base cuatro réplicas de la torre de las Cigüeñas.

«La dificultad está en la salida, tanto por la altura como por la envergadura del paso, hay que hacerlo con muchísimo cuidado y retirar a los hermanos de carga de ambos costeros, pero las andas nuevas ayudan bastante a llevar la imagen por su distribución», detalló el jefe de paso, Antonio Ramos, mientras lo montaba por la mañana en la concatedral. Ya en la noche, la salida fue limpia

Y por último, María Santísima de los Dolores, tallada en el siglo XVIII, más conocida como ‘la niña’, con una suave composición en tonos suaves de rosas, claveles, alelíes, anturiums y antirrinums, en contraste con su manto negro. El público volvió a arropar en las calles a esta hermandad y a sus formas, tan ligadas a la tradición cacereña.