Reflexiones al paso

Entre devoción y legado

La ciudad tiene un patrimonio heredado de siglos por el buen hacer de cacereños de todas las épocas, que se han dedicado a cuidarlo y a conservarlo

Las tallas góticas conviven con imágenes actuales, y cada una de ellas aporta su sello de identidad a la Semana Santa

Clara Hurtado, durante uno de sus trabajos en la iglesia Santo Domingo.

Clara Hurtado, durante uno de sus trabajos en la iglesia Santo Domingo. / Clara Hurtado

Clara Hurtado

Clara Hurtado

Cáceres, ciudad de las tres culturas, cargada de historia, de encanto y de patrimonio. Patrimonio que los cacereños de todas las épocas se han dedicado a cuidar y a conservar para hacer de la Semana Santa de hoy todo un referente, con una espiritualidad que rebosa por los poros de cada piedra que conforma los recorridos de tan señalada celebración.

El patrimonio religioso se convierte en el centro de nuestra fiesta, patrimonio que despierta en cada cofrade una sensación que le traslada a su infancia, a sus familiares o a su vida, cofrade que espera con emoción poder colocarse delante, detrás o debajo de esa representación de la Pasión y Muerte de Jesús.

Durante la Semana Santa de Cáceres, una amplia variedad de formas artísticas cobra vida. Desde la escultura en los pasos procesionales, hasta la música sacra que acompaña las procesiones, cada expresión artística contribuye a la atmósfera única de esta festividad. Todo ello, unido al inigualable escenario por donde transcurren nuestras procesiones.

Tenemos el gran honor de residir en una ciudad Patrimonio de la Humanidad, donde los palacios e iglesias forman parte de los recuerdos de todos aquellos que vivimos y paseamos por sus calles. Podemos disfrutar de edificios de gran singularidad que despiertan en el cacereño y en el visitante un especial interés y cariño, como todas aquellas ermitas que se encuentran dentro y fuera de la Ciudad Monumental, y que son puntos de interés de esta celebración. En numerosas ocasiones, el cuidado y conservación de tales recintos viene de la mano de las hermandades, que las han tomado como sede para evitar su pérdida o su abandono. 

Este patrimonio arquitectónico que tanto nos define, unido a todos aquellos bienes que poseen las distintas cofradías, hacen de la ciudad un auténtico teatro, donde la luz de las velas, el olor de las flores y el sonido de las horquillas envuelven a todo aquel que espera ver los pasos en las calles.

Qué suerte poder cuidar y velar por imágenes tan especiales que a cada uno de los cacereños suscitan una emoción distinta, qué suerte poder conservarlas y llevarlas por bandera como cacereña que conoce y presume del patrimonio de su ciudad. Tenemos la gran fortuna de disfrutar de una celebración donde las tallas góticas conviven con imágenes actuales, y cada una de ellas aporta su sello de identidad a la vida Cáceres, en la que religiosidad y modernidad han sabido ligarse de manera admirable, al igual que tradición y espiritualidad.

Por ello, es esencial tomar conciencia de la importancia que tienen este tipo de obras de arte que forman parte de nuestra vida diaria, dentro y fuera de las cofradías. No podemos olvidar a tantas personas que han velado a lo largo de los años por el buen estado del patrimonio y el buen hacer dentro de las cofradías, y también dentro de las iglesias. A ellas, todo el reconocimiento, ya que con sus aciertos y errores cuidaron de aquellas imágenes que aún hoy en día podemos disfrutar.

Restauración del Cristo de la Salud y la Expiración.

Restauración del Cristo de la Salud y la Expiración. / CEDIDA

Pero el patrimonio dentro de la Semana Santa no solo es conformado por las tallas o representaciones, también por todos los ajuares, mantos, candelerías, faroles o estandartes que dan su impronta a cada una de las cofradías cacereñas, sin olvidarnos de la documentación generada, y que son historia viva de la vida espiritual de nuestra ciudad. Todos estos enseres y fondos caracterizan y dan vida a las cofradías, por lo que sigue siendo esencial cuidarlos y mantenerlos en buen estado. Su almacenaje y limpieza se realiza de manera continua y con materiales que no suponen para las cofradías grandes inversiones, pero que deben escogerse con cuidado para evitar la pérdida de alguna pieza. Sin olvidarnos de todos los hermanos que desempolvan su túnica cuando se acerca tan señalada fecha, y que con su participación contribuyen al patrimonio inmaterial intrínseco de la celebración, un conjunto donde cofrades, bandas e imágenes comparten un mismo ser.

Es esencial seguir tomando conciencia, no olvidar lo importante que es conocer todas las obras que forman parte de la vida de la Semana Santa. Inventariarlas, controlarlas y seleccionarlas resulta vital, ya que lo que no se conoce o se olvida acaba perdiéndose y quedando únicamente en el recuerdo de aquellas personas que velaron por su buen estado. También se hace esencial el uso de materiales apropiados para la conservación de las diferentes piezas, en aras a su mejor estado, siendo muy importante acudir a personas expertas que conozcan los bienes y su naturaleza.

Muchos han sido los especialistas que hemos manipulado o restaurado las grandes representaciones de nuestra ciudad. Todos hemos mejorado la vida material de las piezas, simplemente a través de sencillos pasos de manipulación, traslado o instrumental a la hora de montar o desmontar los enseres. El buen hacer en tareas de conservación y el hecho de velar por el óptimo estado de las piezas viene dado por los cofrades, que dedican su tiempo a ayudar y a arrimar el hombro para que todo se encuentre listo en tan señalada fecha.

Cáceres ha demostrado estar a la altura del sello de Fiesta de Interés Turístico Internacional. Agradecer a cada hermano que desde su cariño y desde la tradición participa del cuidado de las obras, y a las cofradías que dedican un gran esfuerzo a la conservación diaria del patrimonio de la Semana Santa de nuestra preciosa ciudad. 

*Conservadora-restauradora de bienes culturales.

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