Reflexiones al paso

Cinco claves, del pasado al futuro

Tras esta sucesión de cofradías e imágenes en las calles cacereñas, cabe hoy recordar, más que nunca, las principales características que han llevado a la Semana Santa al mayor reconocimiento, porque todos las hemos visto una vez más, y porque deben cuidarse sin flaquear

A la izquierda, la Virgen de las Angustias procesionando en el año 1944; en el medio, costaleros que se incorporaron a la Pasión cacereña en 2009 y a la derecha, salida del Cristo del Perdón en el año 2010 desde San Juan.

A la izquierda, la Virgen de las Angustias procesionando en el año 1944; en el medio, costaleros que se incorporaron a la Pasión cacereña en 2009 y a la derecha, salida del Cristo del Perdón en el año 2010 desde San Juan. / El Periódico

Santos Benítez Floriano

Santos Benítez Floriano

Como hemos podido ver durante los días precedentes, con una sucesión de cofradías e imágenes en las calles, la Pasión cacereña se ha adaptado a los nuevos tiempos sin perder su personalidad, de tal modo que ya no se entiende Cáceres sin su Semana Santa, ni la Semana Santa cacereña sin la complicidad y el esfuerzo de todos sus cofrades. 

Además, Pasión y turismo se han convertido, juntos, en uno de los motores principales de la economía cacereña, ayudando a crear y a salvar puestos de trabajo, y a mejorar la calidad de vida de las personas. Los hoteles han estado llenos durante prácticamente la semana, y en los restaurantes ha sido difícil encontrar un espacio.

Y Cáceres es así. Estamos en una ciudad que sabe cada año florecer en una de sus estaciones más universales, la primavera, a la par que estar latente todo el año gracias al pulso y al latido de los cacereños.

Una ciudad viva es la que nunca renuncia al pasado para buscar el porvenir, que entiende que cambiar las cosas no significa perderlas, sino construirlas con más solidez para que sigan creciendo. Y es precisamente este equilibrio entre el pasado y el presente, el que ha permitido a la Semana Santa cacereña llegar a sus cotas más altas, al reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 2011. 

Cabe hoy recordar, más que nunca, las cinco principales y singulares características que lo han permitido, porque han estado muy presentes en las calles y en los templos, porque cacereños y turistas han sido testigos de estas bondades, y porque hay que seguir trabajándolas sin flaquear:

  1. La Semana Santa cacereña presenta una identidad específica, basada sin embargo en la combinación armónica de estilos. Existe un predominio de la tendencia y ambientación castellana (carga a hombros, silencio en las salidas, sobriedad en hábitos, ornamentación y coloridos); pero desde hace pocos años ha surgido un proceso de aparición y asimilación de pequeños detalles y rasgos de carácter o influencia andaluza (carga a costal y a doble costal). El resultado es que existe un conjunto equilibrado que ha creado un estilo propio, el ‘cacereño’. Por cierto que, en el aspecto humano, destaca la plena incorporación de las mujeres en todos los estamentos de las cofradías y, sobre todo, una amplia cantera de niños y jóvenes que nos habla de que el futuro está garantizado.
  2. El aspecto más destacable es la variedad. Variedad en los hábitos (en Cáceres se puede ver a cofrades procesionando con hábito hebreo, dominico, con capuchón, verduguillo o a cara descubierta); y variedad en los estilos artísticos de la imaginería (desde góticos, barrocos, renacentistas o neobarrocos, hasta ejemplares nuevos pero de gran factura artística, como la Sagrada Cena).
  3. El valor de la imaginería resulta fundamental. En Cáceres, la mayor parte de las imágenes están expuestas al culto permanente y gozan de gran devoción. No existen obras de reconocidos imagineros, sin embargo, hay dos datos que hablan del listón artístico de este conjunto. Primero, 18 pasos que procesionan están fechados en el siglo XVII o anteriores. Segundo, que dentro de estos, Cáceres tiene el privilegio de ver en sus calles cuatro joyas, todas del siglo XIV, góticas de varias escuelas, auténticas obras de arte: el Cristo de las Indulgencias, el del Humilladero, el de la Expiración y el Santo Crucifijo de Santa María (el conocido Cristo Negro).
  4. La antigüedad de las cofradías también ha tenido mucho peso en la obtención del máximo reconocimiento para la Semana Santa cacereña. Además de señalar que en Cáceres se ha vivido un proceso de incremento de cofradías y de renovación juvenil de sus juntas de gobierno, la columna vertebral de la Semana Santa la forman hermandades muy antiguas. Existen dos cofradías del siglo XVI (Vera Cruz y Humilladero) y tres del siglo XV (Cristo Negro, Soledad y Nazareno, la decana de Cáceres).
  5. Pero el aspecto más significativo y más singular es el escenario, o mejor dicho, la integración entre el escenario y la celebración. La mayoría de los recorridos procesionales discurren por el casco histórico de Cáceres, por el conjunto de espacios histórico-artísticos que recibió la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y esta arquitectura privilegiada es la que confiere a los recorridos de las procesiones una ambientación, una escenografía singulares, únicas, que no pueden verse en ninguna otra ciudad española; con las tonalidades de oro viejo de sus adarves, de sus torres y palacios.

Particularmente, el recorrido intramuros de los caminos de ronda que colindan con los lienzos de muralla (adarves) genera vías de singular belleza y ambientación, que por su iluminación y texturas recrean un ambiente de evocación, en el que nuestras imágenes se mueven con una muy comentada semejanza respecto a los lugares donde se desarrollaron los acontecimientos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor, en la Vía Dolorosa de Jerusalén. 

*Presidente de la Unión de Cofradías Penitenciales de Cáceres