El beso más esperado del año

La infinita cola del Besamanto de la Virgen y el Obispado de Cáceres no cierra a mediodía para vender 'roscas gigantes'

Hay 40.000 estampitas y 50.000 pulseras del centenario

La infinita cola del Besamanto de la Virgen y el Obispado de Cáceres no cierra a mediodía para vender 'roscas gigantes'

Carlos Gil

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Histórico lo que se está viviendo este viernes en Cáceres durante la jornada del Besamanto, uno de los grandes actos del Novenario de la Virgen de la Montaña, patrona de la ciudad. Acabadas las restricciones que marcó el coronavirus y que obligaron a sustituir el beso por la inclinación de cabeza, hoy los cacereños han podido volver a pasar sus labios por el manto de la Cacereña Bonita, que luce para la ocasión el número 126, una prenda magnífica de color rojo, brocado de satén y adornado de oro y plata, que fue donda en el año 2014 por María Teresa González Luengo.

Ya desde primeras horas las colas alcanzaban el Arco de la Estrella, en una estampa tradicionalmente cacereña que demuestra el fervor popular por la Reina de Cáceres. La cofradía ha dispuesto nada menos que 40.000 estampitas y 50.000 pulseras del centenario (otra novedad), que simbolizan la conmemoración del siglo de la coronación canónica de la Virgen por el cardenal primado de España, Monseñor Reig y Casanova en octubre de 1924, una efemérides para la que ya se calientan motores y que tendrá lugar el próximo 12 de octubre con una Misa de Pontifical en la plaza Mayor.

Imagen de las colas ya en el Arco de la Estrella.

Imagen de las colas ya en el Arco de la Estrella. / Cofradía de la Montaña

Otra de las grandes atracciones del Besamanto ha sido la venta de roscas. Este año son nuevas y sorprenden por el tamaño. "Con una de ellas come una familia y tienen para varios dias", bromeaba el vicemayordomo de la cofradía, Raúl Jerez, en declaraciones a este diario. Para hoy se han dispuesto 1.700 y para mañana, 1.000. Han sido adquiridas en la Panadería Los Pollos, de Casar de Cáceres y se encuentran, como es costumbre, en el Palacio Episcopal, que como novedad no cierra a mediodía, dado el volumen de venta. Las roscas, de anís, tradicionales donde las haya, se venden a 2 euros.

Roscas en el Palacio Episcopal.

Roscas en el Palacio Episcopal. / Cofradía de la Montaña

Desde el siglo XVII

Aunque se desconoce la fecha exacta, parece que la tradición de besar el manto a la Virgen se remonta al siglo XVII, cuando el anacoreta Francisco Paniagua recorría la ciudad con una imagen pequeña de la patrona implorando limosna para levantarle una capilla en la Sierra de la Mosca. Así comenzó la devoción cacereña, que no ha perdido ni un ápice de fe.

El del Besamanto es el beso más esperado del año para esos miles de cacereños que, con emoción y total devoción, acuden cada año a esta cita en Santa María. El más esperado porque el manto de la patrona sólo puede besarse, y también tocarse, en los dos días en que se celebra esta cita; no es algo que pueda hacerse en cualquier otro día del año, ni en el santuario ni durante su estancia en la concatedral.

Las ánforas y los pendones

Las grandes ánforas cuajadas de margaritas ornamentan Santa María bajo cada pilar, y en la balaustrada del coro se exhiben antiguos pendones de terciopelo con el símbolo del Ave María, el escudo de Cáceres y distintas imágenes de la Virgen bordadas en hilos de mil tonos. Es un no parar en la concatedral, que celebra el Besamanto hasta manaña desde las ocho hasta las doce de la noche.

Esta tarde, a las cinco y media, no faltará la Misa por la Pastoral Juvenil ni la que se oficia a las diez por la Asociación de San Jorge, patrón de Cáceres. Mañana habrá Misa Solemne por el ayuntamiento a la una, por el Seminario, a las 17.30 y, también es tradición por los directores espirituales, mayordomos, directivos, el fundador del culto Francisco de Paniagua, el fundador de la cofradía, Sancho de Figueroa, y demás hermanos difuntos que se celebrará a las ocho de la tarde.

Con ello el Novenario tocará a su fin y el domingo, a las ocho, tras la misa de comunión y cuando el reloj marque las nueve, la imagen partirá de nuevo a su santuario en la que se conoce como Procesión de Subida.

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