El paseíllo más inesperado

Jairo Miguel acude al Gran Teatro vestido de torero tras no ser incluido en el cartel de la feria de Cáceres

Así ha sido la faena del diestro la tarde que se presenta el elenco taurino de Mayo después de cinco años sin toros en la ciudad

Jairo Miguel, en el Gran Teatro

Carlos Gil

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Ha conseguido, por inesperado, un golpe de efecto en la historia de la tauromaquia en España. Jairo Miguel de Cáceres no estará esta Feria de Mayo en la Era de los Mártires, pero su reaparición en la ciudad ha sido por la puerta grande, la de un Gran Teatro que ha visto cómo hacía el paseíllo en señal de protesta tras no haber sido incluido en el cartel que la empresa Lances de Futuro y el ayuntamiento han presentado por todo lo alto en la bombonera cacereña y con las entradas agotadas.

Tanto el consistorio como el empresario trabajaban desde hacía más de una semana para generar expectación en torno a la vuelta de los toros a una ciudad que llevaba cinco años sin festejos. Sin embargo, el foco mediático ha ido irremediablemente a parar al hijo de Antonio Sánchez Cáceres, que también fue otro de los matadores que durante sus años en activo llevó el nombre de su tierra por las plazas del mundo entero.

Jairo (Cáceres, 1993) ha heredado de su padre la perseverancia y esta tarde ha hecho lo que nadie habría jamás imaginado: desfilar con garbo por San Antón para gritar que su presencia en el coso es una cuestión de justicia. El joven matador preparó su entrada en el burladero del Gran Teatro con toda la liturgia propia de un diestro de tronío cuando va a enfrentarse a un morlaco. Cuarenta minutos antes de la gala (prevista para las ocho), comenzó a afeitarse, a ducharse y a engalanarse en su finca de Rancho Torero con uno de los trajes más queridos y significativos para él: el azul y oro que lució la última tarde que se le vio en Cáceres, la del 2 de junio de 2012, y que le costó una cornada de 15 centímetros que le atravesó el muslo derecho. El percance le obligó a pasar por la enfermería pero no le impidió cortar dos orejas y salir simbólicamente por la puerta grande. Hay fotografías y vídeos que atestiguan la hazaña, con un Jairo en camilla mientras la afición aplaudía entonces su valentía.

Jairo Miguel toreando

EP

Esta tarde, el matador no se ha olvidado tampoco de su capote de paseo, grana y azabache, que lleva incrustada la imagen de la Virgen de la Montaña y que fue regalo de sus abuelas materna y paterna. Al Gran Teatro ha llegado acompañado de su padre y de uno de sus mozos de espadas, Pedro Velarde. Desde que salió del coche el asombro se hizo patente entre asistentes, viandantes y curiosos. "Llevo toda la tarde preparándome como si fuese a torear, solo que la plaza en lugar de llamarse Era de los Mártires se llama Gran Teatro", ha dicho Jairo, conocedor del golpe de efecto que estaba provocando en la afición.

Lucha

Su lucha por entrar en los carteles de mayo comenzó el pasado mes de marzo cuando fuentes cercanas al diestro agradecieron el interés que el alcalde, Rafa Mateos, y la concejala de Festejos, Soledad Carrasco, habían mostrado porque el cacereño estuviera en los carteles. Luego, entre pliegos, adjudicaciones y anuncios de la gala, era un secreto a voces que a Jairo no se le había incluido. El siguiente paso fue hacer pública una carta, que aparece hoy en este diario, y que ha generado un torrente de reacciones en la opinión pública cacereña.

"Yo avisé y guerra avisá no mata soldaos", ha apuntado el matador antes de recordar: "El empresario puede hacer lo que quiera, pero el ayuntamiento está para defender los intereses de los vecinos. Reclamo mi derecho a formar parte del cartel, no ya porque sea el único torero activo de la ciudad sino porque me lo he ganado en la plaza. ¿Qué más méritos hay que hacer?", se ha preguntado.

"No se me ocurre decirle a Garzón que me meta en Santander, Málaga o Córdoba, ¿pero en Cáceres?", ha comentado en referencia al empresario. Y ha añadido: "Hay toreros del cartel de Mayo que no bajan de los 50.000 euros. Pagándome lo que marca la ley y mi escalafón, me doy por satisfecho", ha concluido Jairo Miguel, el joven que a su llegada al patio de butacas ha saludado al respetable como si esparciera en el ruedo su alargada figura para batirse en la arena contra la brava burocracia. Mientras, el tendido de la ciudad que le ha visto nacer le regalaba una ovación y salía a hombros de la plaza del Gran Teatro en su faena más justamente vitoreada.