Desaparecida

Las incógnitas de la desaparición de Rosalía Cáceres: cuatro años sin rastro en Bohonal de Ibor

Los familiares y vecinos de esta población cacereña prosiguen con su lucha en busca de explicaciones para comprender qué pudo pasar aquel 24 de mayo para que nunca se volviera a saber de ella

«No vamos a parar hasta que se descubra la verdad». De esta forma, con rotundidad y firmeza, Salvador Serrano, yerno y portavoz de la familia de Rosalía Cáceres, la extremeña desaparecida hace cuatro años en Extremadura, manifiesta a este diario la postura en la que se encuentra actualmente su entorno más cercano, que continúa sin noticias desde aquel fatídico día.

A las 8.00 horas del lunes 24 de mayo de 2020, Rosalía Cáceres Gómez, de 74 años, viuda, con cuatro hijos y una hija y afincada en Madrid, aunque natural de Bohonal de Ibor, un pequeño municipio de la provincia de Cáceres, salió de su domicilio, situado en la calle San Bartolo, para pasear como de costumbre, en un día donde el calor apretaba con más fuerza de lo habitual para ser primavera. Vestida con ropa cómoda, gafas, móvil, sombrero y una mochila con poco más que agua y crema solar, decidió emprender la marcha.

Infografía sobre la desaparición de Rosalía Cáceres.

Infografía sobre la desaparición de Rosalía Cáceres. / El Periódico

Al inicio, se topó con algunos vecinos. Pero aquel día, según explica Salvador, que reside en Madrid y viaja frecuentemente al pueblo, introdujo un cambio en su trayecto. «Se cruzó con una vecina que le indicó como ir desde allí a comprar el panpor un nuevo camino. Era como rehacer el camino al revés para hacerlo un poco más largo, por lo que intuimos que pudo desorientarse». Asimismo, señala que Rosa, como era conocida entre sus allegados, tenía dos recorridos. «Uno era hacia el pantano de Valdecañas, en la zona del Rosal, que no tiene pérdida y llega hasta el único sitio donde te puedes meter en el agua con plenas garantías. Es una playa y es la que ella utilizaba, ya las demás zonas o son barrancos o enseguida te hundes». El segundo recorrido, apunta, «acaba saliendo a la carretera por dos partes distintas. Pero es una zona que está muy acotada. Está el río Ibor, el pantano, el entrante del pantano y la carretera. Es decir, si entras en esa zona tienes que salir a la carretera o ahogarte».

A las 13.30 horas, estaba tranquila, con los pies en el pantano. Nunca dijo que estaba perdida

Rosa explicó que terminó la penúltima llamada con su hijo al estar subiendo una cuesta con gran pendiente

En uno de los senderos, en torno a las 10.30 horas, Rosa se encontró con un ganadero en la conocida como zona del Azuche. «Fue un señor que tiene unas vacas en la zona del Pibor y que venía en todoterreno. Se cruzaron en el camino y ella le saludó y sonrió, por lo que no notó nada raro».

A su vez, aquella mañana intercambió llamadas con Enrique, uno de sus hijos, y con una prima, todas en mitad de un paraje en el que la cobertura tiende a ser débil e irregular. «Ninguno percibió nada fuera de lo normal», aclara el yerno de la desaparecida.

Hacia las 13.30 horas, «llamó a su hijo y le dijo que estaba tranquila, mojándose los pies en el pantano y que iba a volver a casa. Ella nunca dijo que se había perdido. Por tanto, a esa hora se entiende que estaba ubicada», afirma Salvador, que opina que lo lógico es que estuviera en el pantano de Valdecañas, lo que se conoce como zona del Rosal. «Es donde siempre iba». Además, comenta que, durante la llamada, su hijo escuchó ruidos que parecían provenir de cencerros, las campanas que portan algunos animales para ser localizados. «Coincide que en esa zona hay siempre varias vacas que son de un señor del pueblo». 

«Insisto a la familia que no están solos. Que si nuestro cariño puede calmar ese dolor que tienen, que sean conscientes de que ahí estamos»

Carlos Utrilla, alcalde de Bohonal de Ibor

«No me quejo de lo hecho hasta ahora, pero hace dos años que no hay ningún documento en el juzgado y que el caso está paralizado»

Salvador Serrano, yerno de Rosalía

Poco más tarde, Rosa volvió a hablar con Enrique, quien le dijo que no se moviera porque su prima iría a recogerla, a lo que ella se negó, apuntando que regresaría sola. En ese instante, la comunicación se cortó. Minutos después, a las 13.55 horas, su hijo, preocupado, volvió a contactar con su madre, que le explicó que había colgado al estar subiendo una cuesta con pendiente que no le dejaba articular palabra. Justo entonces,la llamada volvió a detenerse. «No sabemos si el teléfono se apagó o dejó de funcionar, pero nunca más volvió a dar señal», indica Salvador.

Ante tal situación, los familiares de Rosa lanzaron la voz de alarma y, rápidamente, centenares de vecinos del pueblo se sumaron voluntariamente a la búsqueda por los alrededores con la esperanza de encontrarla. A la vez,se dispuso un gran operativo formado por coches, helicópteros, drones, perros, buceadores y escaladores, así como decenas de agentes de la Guardia Civil y voluntarios de Protección Civil, DYA y Cruz Roja. Y es que, dada la dificultad del terreno, las labores de rastreo se antojaban complicadas. 

Todo ello dentro de un contexto excepcional, con limitaciones de movimiento debido a la pandemia de Covid-19. En el municipio, de 491 habitantes, se permitía la movilidad dentro de toda la Comunidad. Así, el yerno de Rosalía afirma que en las innumerables batidas que se realizaron «había personas de todas partes de Extremadura, que se organizaban en cuadrantes y formaban una línea de unas cincuenta personas separadas por tres metros de unas a otras, e iban avanzando poco a poco. Cuando la fila se descontrolaba por las dificultades del terreno, se esperaba para no dejar nada sin rastrear».

Versiones enfrentadas

Según cuenta Salvador, uno de los principales involucrados en la búsqueda, la hipótesis de los agentes de la Guardia Civil, a raíz de la investigación que llevaron a cabo, se basa en que, tras cruzarse con el ganadero en uno de los caminos de la zona del Azuche, Rosa siguió andando hasta no saber cómo regresar. «Al despistarse y ver la rampa a la que se enfrentaba, dicen que decidió adentrarse campo a través para ubicarse o buscar agua con la que refrescarse», por la zona del Azuche. Entonces, es cuando piensan que realizó la llamada con su hijo, en torno a las 13.30 horas, «antes de volver sobre sus pasos para subir la pendiente que anteriormente no había querido subir», en dirección al Pibor. «Allí solo va el ganadero que tiene sus vacas y los cazadores. Y esa zona, al no haberse recorrido en condiciones por su peligrosidad, es donde dicen que está. Desde aquí se llega a lo que llaman la junta, que es donde desemboca el río con el pantano, y es una zona bastante complicada».

Salvador, portavoz de la familia, cree que no se desvió del camino para ir campo a través

La última localización de su móvil, captada por las antenas de la zona de Cancho el Librillo, apoya parte de esta teoría y sirvió como punto de partida para llevar a cabo las primeras batidas. Pero el yerno de Rosalía sostiene que «por la ubicación que indican las últimas señales de su teléfono, que además tiene un margen de error, dicen que se produce desde una de las pozas, una especie de ollas que se forman en el agua, y que fue allí donde Rosa se mojó los pies y habló con Enrique». Por tanto, según esta versión, Rosa se habría confundido al indicar que estaba en el pantano. «Puedo aceptar que se equivocara y estuviera donde ellos piensan mojándose los pies. Pero si a las 10:30 horas la vio el señor y la distancia con ese lugar es de un kilómetro, ¿cómo pudo tardar tres horas? Nadie tiene respuesta para eso».

De igual forma, Salvador opina que la hipótesis de que decidiera salirse del camino hacia su derecha para atravesar el campo por la zona del Azuche no termina de encajar. «A mí no me entra en la cabeza que se metiera en esa zona. Lo normal cuando alguien se pierde es buscar un alto y ubicar dónde está el pueblo».

«Yo tengo claro que por aquí no está. Se han hecho muchísimas batidas, se volaron drones y, conociéndola, tras el primer recorrido que se hizo con motos y quads, ya sabía que no estaba ahí. Entiendo que los investigadores lo han hecho con la mejor voluntad, y podría admitir que se empezara a encontrar mal y buscara la sombra en un árbol, pero esta gente de pueblo está hecha de otra pasta y mi suegra estaba todo el día cacharreando. Puedo asegurar que ella no se pierde así como así», asegura el portavoz de la familia, que piensa que al regresar al pueblo se cruzó con alguien o incluso llegó hasta él. «No me quejo de lo actuado hasta ahora, no me convence la hipótesis, pero al menos trabaja sobre ella y convénceme. Hace más de dos años que no hay ningún documento en el juzgado y el caso está paralizado».

El pueblo, unido por Rosa

Por su parte, Carlos Utrilla, vecino y alcalde de Bohonal de Ibor desde 2023, lamenta que en la búsqueda no se haya encontrado ninguna pista en referencia a Rosalía. «Fueron más de tres meses casi a diario en los que se rastreó todo. Se descubrieron objetos que se habían perdido años atrás, como gafas, mecheros, alguna llave…y todo se ha encontrado».

El regidor manifiesta que la investigación se encuentra en manos de la Policía Judicial y que «a pie de calle no sabemos nada. La Guardia Civil tendrá sus investigaciones y los agentes estarán con ello porque ahora no se ve movimiento, por lo que se entiende que siguen trabajando. De hecho, así lo indicaron recientemente», señala en referencia a las palabras de José Antonio García, subdelegado del Gobierno en Cáceres, durante la reciente visita con motivo del cuarto aniversario de la desaparición, donde acudió junto a Miguel Ángel Morales, presidente de la Diputación de Cáceres.

«Han pasado cuatro años y los familiares piden saber. Es una angustia y es difícil ponerse en esa situación. Lo que hacemos los vecinoses apoyarles durante los 365 días del año. Les insisto en que no están solos y que si el sentirse arropado les puede calmar ese dolor que tienen pues que sepan que ahí estamos. Desde el ayuntamiento, representando a todo el pueblo, pero a pie de calle también tienen ese apoyo», concluye Utrilla. 

Suscríbete para seguir leyendo