El blog del cronista

Cáceres y La Berrocala

El callejero cacereño nos aporta una serie de datos, tanto de personas como de gremios o gentilicios, que permiten viajar por el pasado de la vieja villa y también por la existencia de sus inquilinos

La calle La Berrocala.

La calle La Berrocala. / EL PERIÓDICO

Fernando Jiménez Berrocal

Fernando Jiménez Berrocal

El callejero cacereño nos aporta una serie de datos, tanto de personas como de gremios o gentilicios, que permiten viajar por el pasado de la vieja villa y también por la existencia de sus inquilinos. Existen calles que aun conservan el nombre de sus promotores, Calaf, Busquet, Sánchez, Luna o Cotallo. Otras calles los perdieron con el discurrir de los tiempos como Carrasco o Carlés. Todos ellos son reflejo de personajes que contribuyeron al desarrollo urbanístico de la ciudad.  

La única mujer que aparece en este acontecer de promotores urbanos es Teresa Berrocal ‘la Berrocala’, señora de controvertida biografía de la que sabemos realmente poco, a no ser por el reciente trabajo realizado por mi gran amigo y excelente investigador histórico, Miguel Ángel Rodríguez Plaza, que en su inédito estudio sobre esta mujer nos aporta mucha luz, necesaria y acreditada,  sobre sus orígenes y principalmente sobre su azarosa vida durante parte del siglo XIX cacereño. Eruditos del pasado, como Publio Hurtado, la describen como una mujer emprendedora y afecta a la causa liberal, dejando entrever que una parte de su protagonismo financiero y social tenía una base de carácter erótico. Esto último sin soporte documental alguno.

Teresa Berrocal Gómez nace en la localidad cacereña de Ahigal el 14 de octubre de 1787, donde vive hasta que se casa en 1809, ya embarazada, con el vecino de Valdeobispo Victoriano Morcillo García, 17 años mayor que ella. Este primer marido debió de morir pronto y Teresa se vuelve a casar con un tal Francisco Franco que también debió fallecer de forma temprana, pues el 31 de julio de 1820 Teresa se casa, de nuevo, con el vecino de Talavan Juan de Dios Barquero, cuatro años menor que ella. 

Placa de la Berrocala.

Placa de la Berrocala. / EL PERIÓDICO

Después de un tiempo viviendo en Talavan y de haber tenido ciertos problemas con la justicia, que acabó con el matrimonio encarcelado en Cáceres, Teresa y su marido se asientan definitivamente en la capital en torno a 1828, donde inician una nueva vida, desde la nada, que les acabó por convertir en acaudalados propietarios y personajes protagonistas de un periodo complejo en la vida pública, política y económica local. 

La mayor parte de su vida en Cáceres fueron vecinos de la calle Moros. Empezaron su vida empresarial estableciendo una taberna en la Plaza de Santiago. Posteriormente se inician en el ramo de la carne y también en la adquisición de terrenos que van a destinar tanto a la creación de su propia ganadería como a la construcción de viviendas en las afueras de la ciudad.

En el mes de febrero de 1836, Teresa y su marido adquieren, a la Cofradía de Santa Gertrudis, las ruinas de la antigua ermita del mismo nombre que se situaba en un descampado cercano a la Era de los Mártires, perpendicular al camino de acceso a la Peña Redonda. Por un importe de 1.266 reales se hacen con un amplio solar donde van a construir un total de 5 casas y un tinado para sus animales. En años posteriores, otros vecinos solicitan permiso para seguir edificando en ese espacio urbano, que ya aparece con el nombre de su principal promotora La Berrocala.  

Desde sus inicios la calle de La Berrocala se convierte en lugar de vecindad de familias humildes relacionadas con la actividad rural o el servicio doméstico. En 1887, cuando la calle de la Berrocala se encuentra plenamente trazada y ocupada, encontramos que en sus 61 viviendas habitan 200 vecinos de los que casi el 100% son población jornalera, a excepción de la lavandera Vicenta Cotrina, el hojalatero Eugenio Pino, el herrero Ángel Palacios o los zapateros Manuel Lozano, Fernando Macías y Celestino Holgado. Una calle que con el paso de los años se convierte en aledaña de las Casas Baratas, que poco a poco van a ir invadiendo el espacio baldío, en torno a la Peña Redonda, que bloqueaba el desarrollo urbano cacereño, debido a sus características topográficas. 

Teresa Berrocal fallece en Cáceres el 16 de noviembre de 1862 ,a los 75 años de edad , viuda «pobre y tullida» a decir de Publio Hurtado. Su única hija había fallecido siendo niña y serán sus sobrinos los que heredaran lo poco que le quedaba. Teresa fue una persona diferente y peculiar que gracias a su actividad como empresaria y mujer de su tiempo, ha quedado presente en el callejero de la ciudad que la acogió y a la que tanto debía.

Hoy, la Berrocala es una céntrica y tranquila vía urbana de casas bajas , algunas reformadas, que sigue conservando la esencia de barrio popular y también el nombre de su extraordinaria fundadora, la singular Teresa Berrocal Gómez. 

Fernando Jiménez Berrocal es Cronista Oficial de Cáceres.

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