CRÍTICA

Una enloquecida y circense historia del Siglo de Oro

Miguel Fresneda

U n muy nutrido público, mayoritariamente joven y muy entregado a las dos compañías cacereñas La escalera de tijera y Z, que suscitaron mucha risa fácil y generosos aplausos, se divirtió de lo lindo con las payasadas y bromas circenses de cuatro clowns, vestidos juvenilmente, no de época salvo algún escaso jubón, y con una ligera y deformada dramaturgia, trataron nuestro importante y glorioso Siglo de Oro a chacota, o sea con bromas infantiles y parodias con remota gracia, convirtiéndolo en un siglo de Chatarra.

Pobre iglesia pedigüeña e inquisitorial, ridiculizada hasta en sus rezos y confesiones! Pobres Austrias: ridículos y deformes guerreros llamando constantemente a su valido Juanete. Mencionaron de pasada a nuestros eximios escritores Quevedo, Lope y Cervantes, incluso a Velázquez, enmarcados con una cuerda alternativa, con la que simulaban un cuadro para presentarlos y acompañados de un rasgueo de guitarra o a veces de unos toques de tamboril.

Por todo atrezzo dos tablas de planchar, que invertidas le sacaban gran partido a sus patas, convertidas en varios e insospechados artefactos, además de una gran bola oscura y rodante, que representaba el mundo o el gran Imperio Español, en el que no se ponía el sol y jugaban o se deslizaban encima de ella.

Y pasada esta hora de circo y parodia pseudohistórica, anunciaron que comenzaba la representación: y apareció Segismundo, «con estas prisiones cargado» en una cierta mazmorra recitando, no con mal arte, las famosas décimas calderonianas, y terminaban con los famosos versos «qué es la vida una ilusión, una sombra, una ficción, que el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño y los sueños sueños son»: de nuevo muchos aplausos, pero en esta ocasión merecidos

Creo que el director y dramaturgo Javier Uriarte incurrió en una gran confusión al trivializar un recorrido histórico-artístico de nuestras más gloriosas figuras, parodiándolas burlescamente en plan circense o como personajes de la Comedia del Arte, en plan bufonesco. Pienso que es una gran osadía, muy loca, este irrespetuoso y apenas gracioso tratamiento de nuestro importante siglo de oro, despachándolo con unos cuantos brochazos burlescos. Quizá para un público infantil en el Foro de los Balbos hubiera encajado mejor que una coproducción con el Gran Teatro en la Plaza de san Jorge. Así y todo aplaudió locamente este raro espectáculo.