CRÍTICA

Las locuras del veraneo

Un momento durante la representación.

Un momento durante la representación. / CARLOS GIL

Miguel Fresneda

El pasado jueves la compañía Noviembre, en coproducción con el Teatro Español y bien dirigida por el veterano y muy experto Eduardo Vasco modernizó el dieciochesco melodrama del popular y polivalente comediógrafo italiano Carlo Goldoni, quien trenzó las alegres e intrincadas, cuando no locas, vicisitudes de la alta sociedad veneciana ante la preparación de su consabido veraneo.

Resaltaron con gracia las ironías y nerviosismos de un par de damiselas, locas por estrenar un nuevo vestido para así poder empatar a sus amiguitas, pero frenadas por unos derrochadores galanes, que aplazaban el inicio del veraneo por falta de recursos. Pero la habilidad de una de ellas, la muy melosa Giacinta ( Elena Rayos), logró que el rico amigo Ferdinando le proporcionase una cuantiosa dote y enamorada del rebelde Leonardo, consigue doblegarle y por fin pudieran iniciar su desplazamiento hacia el soñado Monte Nero, arrastrando a la otra pareja formada por Gullielmo, el buen actor Alberto Gómez enamorado de la muy coqueta Victoria (Mar Calvo).Así tutti contento contenti a coro y bailando en claqué Montenero, Montero, se disponen muy alegres a olvidar sus locos preparativos y desplazarse en sus carros de caballos al disputado y elegante lugar de veraneo.

Por cierto brilló el elegante vestuario de los nueve actuantes, a cargo del gran diseñador Lorenzo Caprile, así como la escenografía de un mono saloncito con sus sillones, mesa movible de bebidas, un baúl y perchero para el correspondiente vestuario, con el que tanto se afanaban ellas, gracias a la hábil escenógrafa Carolina García.

También destacó la muy digna interpretación de todos, en especial la de Gullielmo, el caballero Alberto Gómez, quien hizo al principio una interesante presentación, así como la del rebelde galán Rafael Ortiz, en su buen papel de Leonardo. Todos seguimos con interés y con algunas sonrisas la intriga sentimental de las dos citadas parejas, afanadas en resolver las varias peripecias, que al final, cuando se alían el amor con el dinero todo se resuelve felizmente. Y por todo ello el complacido público premió a esta buena compañía madrileña con un merecido y prolongado aplauso.

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